Promesas electorales y Estado de Bienestar

Publicado por el mar 10, 2015

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Es indiscutible que, políticamente hablando, la situación más compleja para un gobernante es tener que pasar obligatoriamente de una época de bonanza y despilfarro a otra de austeridad y recortes. Ya lo dice el refrán popular “Quien quita lo que da, al infierno va”. Por eso, suele suceder que el pueblo recuerda mejor al político que lo llevó alegremente por la senda del consumo excesivo y del despilfarro hasta situarlo la borde de la quiebra que al político que se vio obligado a cuadrar las cuentas mediante recortes y aumento de los impuestos.

Y claro la ciudadanía suele manifestar su malestar cuando llegan las elecciones. En ellas, el pueblo “subasta” al mejor postor su voto, que es con lo único que puede jugar en las democracias consolidadas y cuya conquista es determinante para gobernar. Por eso, cuando se entra en períodos electorales, todos los partidos políticos contendientes buscan el favor de los votantes.

En efecto, los que gobiernan suelen tomar las medidas más favorables posibles para los ciudadanos con el fin de que se “olviden” de los malos momentos pasados. Y los que aspiran a gobernar prometen hasta lo imposible: dar todo gratis (un mega Estado del Bienestar) sin aclarar de qué fondos van a disponer para sufragarlo.

¿Qué pueden hacer los votantes? No es fácil, pero el que gobierna que ha venido haciendo lo más impopular, que es “recortar”, parece que goza de la credibilidad de que las medidas que propone son económicamente asumibles para el Estado. Porque sabe que de lo contrario volvería a llevar al país al borde del abismo.

El problema está con los que quieren gobernar a toda costa, los cuales actúan, como mínimo, con reticencia política: se callan algo que deberían decirle al pueblo. Y es que si el saco tiene fondo –y de esto no cabe duda alguna- no es posible dar todo gratis salvo que al  mismo tiempo el Estado recaude más. Dicho de otro modo: no se puede prometer al mismo tiempo un Estado del Bienestar “gratis total” y esperar que no se vayan a incrementar paralelamente los ingresos públicos por la vía de los impuestos.

Pues bien, suponiendo que sea esto lo que tengan que hacer los que prometen “lo imposible”, la resignada y adelgazada clase media tiene que ir preparándose para sufrir otra vez. Porque, por muy injusto que sea, el dinero de los ricos –y más aún si lo son mucho- es tan asustadizo como la caza: a la primera señal de desconfianza levanta el vuelo; y, muy a su pesar, nada hay que esperar de la contribución de los que poco o nada tienen.

En otras palabras, como siempre nos toca pagar a los mismos, los votantes tienen que valorar bien las promesas electorales y pensar qué Estado de Bienestar quieren. Porque luego no sirve de nada quejarse y habrá que esperar a las próximas elecciones. Lo que está pasando en Grecia es un claro ejemplo de lo que digo.

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