Trata de indigentes

Publicado por el mar 8, 2015

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Hace algún tiempo se publicó en La Voz de Galicia que una organización de desalmados recolectaba en las inmediaciones de instituciones benéficas de acogida a indigentes que acudían allí a pasar la noche. Pero, al contrario de lo que pudiera parecer, no los reunían para intentar sacarlos de la pobreza, sino para “explotarlos”, manteniéndolos forzosamente recluidos en unos galpones destartalados situados en los alrededores de La Coruña.

A primera vista, parece difícil admitir que alguien pueda sacarle algún partido a un pordiosero, el cual por definición vive de pedir limosna, lo que presupone carecer de lo más indispensable. Pero siempre hay algunos “espabilados” que, como los más asquerosos e indeseables parásitos, son capaces de chupar la sangre de los más necesitados.

La mencionada organización de inhumanos despiadados atraía a los indigentes –véase su desesperación- ofreciéndoles solamente un colchón en el que dormir y tres comidas al día. Pero por si eso fuera poco procuraban seleccionar a mendigos que cobraran alguna pensión, la cual pasaban a “gestionar” desde que los captaban: abrían una cuenta bancaria conjunta con el pordiosero y solicitaban tarjetas que “custodiaban” los tratantes explotadores, supuestamente a petición de los mendigos pensionistas.

La policía desmanteló la organización y, por ahora, hay dos detenidos por orden judicial, acusados de “detención ilegal, trata de seres humanos, robo con violencia o intimidación y otros delitos contra la integridad moral”. Lo más indignante es que cuando fueron interrogados afirmaron que lo que hacían con los indigentes demostraba que “tenían buen corazón”.

En el ejemplar del periódico de hoy se señala que, según la policía, fueron más de cien los mendigos que fueron explotados de este modo. Es verdad que el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Pero cada vez nos va quedando menos capacidad de asombro ante las vilezas que pueden llevar a cabo algunos sujetos a los que solo cabe calificar como seres inhumanos.

No le deseo mal a nadie, pero me gustaría que sobre los ya detenidos y los que puedan serlo en el futuro caiga todo el peso de la ley. Mientras tanto, siento una profunda vergüenza al pensar en lo que han estado haciendo esos desalmados, así como una gran indignación por su increíble cara dura al afirmar que “tenían buen corazón”.

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