La reacción del pueblo español es explicable

Publicado por el Jan 13, 2015

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En la edición digital de “El País” de ayer, Luis Prados publicó un interesante artículo en el que escribía que le llamaba la atención que, tras nuestra amarga experiencia con los atentados terroristas de ETA y el 11 M, el pueblo español no se manifestara multitudinariamente en señal de repulsa contra el reciente atentado contra el semanario parisino “Charlie Hebdo”.

Y para reforzar la paradoja de nuestro comportamiento Luis Prados recordaba que, hace bien poco, centenares de españoles se manifestaron bajo el lema “Todos somos Excalibur” para protestar por el sacrificio del perro de la auxiliar de enfermera contagiada de Ébola.

No le falta razón, pero cuando un pueblo actúa de ese modo tiene que haber una explicación. Sobe todo, si somos un pueblo, como dice con acierto el articulista, “proclive a la importación masiva y unánime de cualquier moda extranjera”. Y desde luego la de auto proclamarse “je suis Charlie” lo ha estado y mucho.

Es verdad que Luis Prados aduce razones para explicar la ausencia de las indicadas manifestaciones en España. Lo achaca al peso de nuestro aislamiento histórico, al temor a las discusiones como preludio de la violencia, o a que la pasividad puede ser un valor social. Pero yo no creo que sean solamente esas.

Por mi parte, creo que la explicación de mayor relieve es otra, aunque pueda parecer a primera vista más discutible que las anteriores. En mi opinión, y me duele decirlo, la división generada por la Guerra Civil todavía tiene un gran peso en el comportamiento de la sociedad española actual. Los pocos años que llevamos de democracia no han sido suficientes para restañar las heridas de nuestra encarnizada contienda bélica, y la transición democrática, al contrario de lo que cabía esperar, no ha sido tomada por la clase política como un gran proyecto nacional común que superara definitivamente los fantasmas del pasado.

Todavía hoy la nueva izquierda identifica siempre que puede a la derecha democrática española con el franquismo y, tal vez por eso más que por otras razones, la profunda división que todavía existe entre el pueblo español es la que impide una manifestación unitaria a favor de las libertades y los derechos humanos.

Los dos grandes partidos españoles están indiscutiblemente a favor de ambas conquistas de la civilización, pero ni la izquierda quiere reconocérselo a la derecha manifestándose públicamente junto a ella, ni la derecha está dispuesta a darle bazas políticas, como la de la manifestación conjunta, a la izquierda a la que pertenecía la línea del semanario francés atacado.

Ojalá que la generación de mis nietos –antes lo veo difícil- viva en un clima de total superación de esta fractura política, sea por la desaparición definitiva de las reticencias mutuas de las dos mitades, sea por la convocatoria a un proyecto común español suficientemente ilusionante como para que todos se pongan a remar en la misma dirección. Nuestra clase política actual no ha sido capaz de hacerlo y bien que lo siento.

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