Terrorista político y terrorista religioso

Publicado por el ene 9, 2015

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Como es bien sabido, el terrorista es un sujeto que lleva a cabo acciones violentas con el fin aterrorizar los ciudadanos mediante la puesta en peligro de su seguridad y su vida. Se trata de individuos que actúan movidos por creencias muy firmes que pretenden imponer al resto de la ciudadanía, no mediante la razón, sino simplemente por la fuerza.

Son, además, iluminados incardinados en movimientos minoritarios y marginales que obedecen ciegamente las instrucciones de sus líderes, y que se autosugestionan recordando en común los principios del credo que profesan.

Según la naturaleza de sus creencias, cabría distinguir entre terroristas políticos y religiosos. Aunque todos los terroristas son seres inhumanos y absolutamente repugnantes, son menos peligrosos los primeros que los segundos. Y ello, aún a pesar de que ambos tipos de terroristas coincidan en dos puntos sumamente relevantes: matan a seres inocentes, y lo hacen para imponer a la generalidad por el terror sus disparatadas y minoritarias ideas.

Pero los terroristas políticos presentan dos características que los diferencian claramente de los religiosos. La primera es que actúan procurando no arriesgar su propia vida, por eso matan por la espalda o ponen bombas a distancia. Lo cual, en ocasiones, puede conceder alguna posibilidad de reacción a la víctima. Por eso, de los terroristas políticos se dice que “matan cuando pueden”. El segundo rasgo es que su delirante actuación se circunscribe al territorio en el que plantean su reivindicación política. Un terrorista por motivos políticos siembra el terror únicamente en el país en el que pretende imponer sus concepciones políticas.

Por el contrario, al terrorista religioso no solo no le importa perder su vida, sino que incluso su religión le promete un premio en el Más Allá cuando inmola su vida en una acción contra el infiel. Eso los hace sumamente temibles, porque no matan teniendo que preservar su vida, sino que muchas veces se convierten ellos mismo en armas mortíferas. En estas circunstancias, la defensa de la ciudadanía es sumamente complicada.

La otra gran diferencia es que el terrorista religioso es “transnacional”. Su motivación es puramente religiosa y actúa en cualquier lugar del mundo en el que no rija íntegramente la ley religiosa que trata de imponer por el terror. Por eso, al contrario de los que se ha dicho estos días, el objetivo del terrorista “yihadista” no es ni un país concreto, ni un continente, ni una libertad, como la de expresión, sino cualquier país, incluidos los musulmanes, en el que no sigan rígidamente sus creencias integristas.

En conclusión: no hay terrorista bueno, pero unos son más peligrosos que otros. En cualquier caso, aprovecho este espacio para agradecer a los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado su denodada  entrega –desde luego mal retribuida- en defensa de nuestra seguridad y nuestra vida.

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