Cuando manda, nuestro Rey constitucional sirve al pueblo

Publicado por el Jan 7, 2015

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En el discurso que pronunció ayer con ocasión de la celebración de la Pascua Militar, el Rey Felipe VI dijo textualmente: “Pero como muchos bien me enseñaron, algunos aquí presentes, mandar es servir; y no habrá día en el que deje de recordar este principio”. Si se consulta el Diccionario de la Lengua Española de la RAE la afirmación de nuestro Monarca puede resultar sorprendente, pues no hay ninguna acepción que fije para la palabra “mandar” tal significado. Más aún, todas ellas aluden a lo contrario: mandar es ordenar, imponer, encomendar, manifestar la voluntad de que se haga algo, regir, gobernar, y otras por el estilo.

En su columna de La Voz de Galicia de hoy, titulada “¡Ay, si mandar fuera servir!”, Fernando Ónega, escribe que para la mayoría de los reyes y gobernantes el poder es la potestad de mandar y ser obedecido. Y añade que la citada afirmación de Felipe VI no fue tan extraña porque la dijo en un acto castrense y “esa es una divisa de los ejércitos”.

Comparto la idea de tan destacado columnista de que en el ámbito militar “mandar es servir”. Pero me atrevo a añadir que también lo es en el ejercicio de la Jefatura del Estado que corresponde a la Corona, tal y como la regula nuestra Constitución. Dicho más directamente: en nuestra Constitución, el Rey, en tanto que Jefe del Estado, sirve al pueblo español en el que reside la soberanía nacional y del que emanan todos los poderes del Estado.

En efecto, basta leer detenidamente nuestra Constitución para comprobar la certeza de lo que se acaba de afirmar. Así, en el Preámbulo de nuestra Carta Magna, se proclama la voluntad de la Nación española de “consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. Y en el primer precepto de nuestra Ley Fundamental hay tres apartados que configuran al pueblo español “fuente” u origen del que emana todo nuestro ordenamiento jurídico.

Así, las notas de “social” y “democrático” que caracterizan nuestro Estado de Derecho son signos inequívocos de que la voluntad del pueblo expresada en la ley es el eje en torno al que gira todo nuestro sistema jurídico. Lo confirma también que la soberanía nacional resida en el pueblo español y que de él emanen los poderes del Estado. Finalmente, que la forma política del Estado sea la Monarquía Parlamentaria y que Jefatura del Estado corresponda al Rey, acreditan que constitucionalmente hablando el Monarca sirve al pueblo del que recibe precisamente sus poderes.

Por eso, si es verdad que el Rey, y dentro de los límites de la Constitución, “manda”, también lo es que, al mandar, “sirve”. Ambas cosas, están estrechamente ligadas. Porque el poder del Rey o, lo que es lo mismo, su facultad de “mandar” nace del pueblo y el ejercicio de su “poder” está condicionado a “servir” los intereses generales del pueblo soberano.

En esto reside la grandeza de la Monarquía Parlamentaria. No se está ante un soberano, cuyo poder está por encima del pueblo. En nuestra Constitución, es el pueblo español el que ha confiado la Jefatura del Estado a un Rey con funciones esencialmente representativas, arbitrales y moderadoras. Es verdad que asume la más alta representación del Estado español, pero no está por encima de su representado, que es el pueblo soberano.

De todo lo que antecede se desprende que, aunque pudiera pensarse que el alcance del principio “mandar es servir” se limita al ámbito castrense, lo cierto es que se trata de un principio con vigencia en el ámbito total de las funciones de la Corona. Hasta tal punto es esto cierto que incluso la condición del Rey de ser “el mando supremo de la Fuerzas armadas”, es una facultad que, junto con otras, corresponde al Rey por virtud de lo que establece la Constitución en el artículo 62 f).

Dicho lo anterior, tengo para mí que lo más relevante de lo que dijo Felipe VI está en el resto de la frase, a saber: que no habrá día en el que deje de recordar el principio de que “mandar es servir”. Porque creo sinceramente que un Rey que mande sirviendo de verdad a su pueblo garantiza una larga vida a la Monarquía Parlamentaria.

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