El reparto de “lo de todos”

Publicado por el Dec 28, 2014

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Para explicarme bien, y pidiendo disculpas previas por la simplicidad del planteamiento que voy a hacer, denomino “lo de todos” los impuestos que se recaudan cada año de los ciudadanos y se reparten entre todos. Ambas partidas, la de los ingresos y la de los gastos, constan en los presupuestos generales del Estado que se hacen cada ejercicio anual y se aprueban en el Parlamento.

La actitud de los ciudadanos es antitética respecto de lo que tienen que dar y lo que desean recibir. Todo lo que se les pida les parece mucho y, en cambio, lo que se les dé les sabe a poco. Dicho más llanamente, somos avaros a la hora de contribuir y pedigüeños sin límite; es decir, nos cabrea que nos suban los impuestos y nos enfada también si no recibimos incluso lo que no se nos puede dar.

Quien tiene que enfrentarse cada año con la ingrata tarea de tener que recaudar lo más posible y distribuir solamente lo ingresado (o un poco más si se prevén presupuestos con déficit) es el Gobierno de la Nación. Y quien ejerce la crítica en el Parlamento de esta labor económica de pedir y repartir es la Oposición.

Lógicamente, el Gobierno, que dispone del poder de recaudar y repartir, tiene que actuar responsablemente y la oposición, que juega el papel de criticar al Gobierno, puede afirmar (verba vollant, las palabras vuelan) que hay que recaudar menos y repartir más. Con lo cual, los ciudadanos perciben una actuación “odiosa”, que es la del Gobierno que pide mucho y da poco; y otra “agradable” que es la de la oposición que se alinea siempre con el pueblo porque le parecen altos los impuestos y escaso lo que se reparte.

Llegados a este punto, me surge la pregunta de si hay alguien que pueda creerse que un ciudadano de clase media, hijo de una familia de profesionales, que se ha ganado con su trabajo lo que tiene, puede ser tan malvado que disfrute esquilmando a los ciudadanos con altos impuestos y no dándoles por puro capricho lo que necesitan.

A mi desde luego me cuesta admitir que un Gobierno como el actual que no está formado, como de todos es sabido, por ricos hacendados, ni por rentistas, ni por explotadores desalmados, sino por ciudadanos de clase media, se entregue complacidamente a “saquear” con impuestos y a “maltratar” con recortes a los que, como ellos, viven de su trabajo y no de unas rentas fabulosas.

Más bien me parece lo contrario: que actúan responsablemente al pedirnos nuestra contribución a los presupuestos generales y al repartir lo recaudado priorizando las necesidades. Por eso, estoy seguro de que al Gobierno le encantaría aumentar el salario mínimo, en lugar de tres euros, hasta mas allá de los mil, y las pensiones, en vez de un 0,25%, en un porcentaje del 10%, como mínimo. Y creo también que si no lo hace -que  sería por otra parte, lo que más rentabilidad electoral le produciría- es porque antepone afortunadamente la responsabilidad de gobernar a la demagogia. Darnos lo poco que todavía puedan dar a día de hoy, no es que nos consideren tontos, es administrar prudentemente los escasos fondos de los que disponen. Estoy dispuesto a que me convenzan de lo contrario, pero me gustaría que fuera con argumentos no con descalificaciones.

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