La verdad, la mentira y los cinco sentidos humanos

Publicado por el dic 2, 2014

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La verdad y la mentira forman parte de nosotros casi como la propia sombra. Y digo casi porque la sombra se nos adhiere desde que nacemos, mientras que la verdad y la mentira son posibles a partir del momento en que concebimos pensamientos. Esto último se desprende de las significaciones gramaticales de las palabras “verdad” y “mentira”.

En efecto, por “verdad” se entiende bien la “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente” (primera acepción) o bien la “conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa” (segunda acepción). Y “mentira” significa “Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa” (primera acepción).

Ahora bien, para que haya verdad o mentira no basta esa conformidad o disconformidad en el intelecto a la que se refieren sus significaciones gramaticales. Mientras no haya una exteriorización de esos procesos mentales podrá haber un sentimiento interior de verdad o de mentira, pero que solo pertenecerá al ámbito intencional del sujeto. Dicho más claramente, el individuo en cuestión “pensará” una verdad o una mentira, pero sin trascendencia alguno en el mundo exterior.

Lo que antecede advierte de que la verdad o la mentira exigen pensamientos expresados. Y por aquí se plantea la cuestión de qué sentidos pueden intervenir. Desde luego, la verdad y la mentira se hablan; es decir, surgen a través de un ejercicio del lenguaje que se produce al elegir determinados signos, entre los que ofrece la lengua, mediante su realización oral o escrita. Cuando esto sucede se está ante una verdad o una mentira “dichas” o “escritas”, en cuyo caso las facultades intelectuales implicadas son el habla y la escritura.

Pero ¿puede intervenir además alguno de nuestros cinco sentidos? No tengo ninguna duda de que, al expresar la verdad o la mentira, la vista del sujeto puede revelar a quienes lo ven expresarse si es sincero o si está engañando. No descarto que para los que estén dotados de una gran percepción auditiva el oído les puede llegar a revelar si se dice verdad o mentira. Y pienso que incluso podía darse el caso de que hubiera quien pueda llegar a olfatear a los sinceros y más aún a los mentirosos.

Sobre los otros dos sentidos, el gusto y el tacto, no llego a vislumbrar conclusión alguna, salvo la frase de Cervantes de que “la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”.       

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