¿Somos tan ejemplares como exigimos que lo sean los demás?

Publicado por el Nov 8, 2014

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Tengo para mi que la “ejemplaridad” está a punto de convertirse en una palabra de moda y todo el mérito de que así sea habrá que apuntárselo a Javier Gomá porque ha dado con una idea de comportamiento sumamente atractiva. Pero la “ejemplaridad” me parece más una aspiración que una pauta de conducta definitivamente asentada entre nosotros.

La gran mayoría de los ciudadanos, por no decir la generalidad, deja algo o bastante que desear tanto en su comportamiento íntimo como público. Y es que el ser humano es por esencia imperfecto y por eso siempre sale perdiendo en cualquier comparación a que se le someta con la perfección en abstracto.

Viene a cuento lo que antecede porque tengo la impresión de que el sufrimiento que ha traído la crisis nos ha vuelto más justicieros e implacables. Desde una perspectiva personal, en la que olvidamos nuestro propio comportamiento (el que sea: mejor, peor o regular) y situándonos en la óptica abstracta de la perfección, juzgamos severamente lo que hacen los demás (sobre todo si son políticos) y los condenamos hasta por pequeños engaños o irregularidades que nosotros mismos cometemos. Por ejemplo, si podemos, pedimos enchufes, pero nos escandalizamos cuando imputan a un político por enchufar a alguien (seguramente respondiendo a la petición de otro ciudadano); si tenemos ocasión pedimos que nos quiten una multa, pero nos escandalizamos cuando imputan a un político por pedirle al compañero de turno que se la retire; si surge la ocasión, dejamos de pagar la parte que podamos de los impuestos, pero cuando imputan a alguien por defraudar a la Hacienda Pública, nos escandalizamos poniendo el acento, no en el hecho que es el mismo, sino en la cuantía: es que defraudan más.

Con lo que antecede no estoy defendiendo nuestras imperfecciones, ni combatiendo la deseable ejemplaridad. Solo estoy diciendo que para juzgar a los demás, sean políticos o cualquier otra cosa, convendría que pensáramos cómo somos nosotros mismos. Y una vez hecho esto que tiren la primera piedra –si quieren- los que hayan sido absolutamente ejemplares.

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