¿Periodista resentido?

Publicado por el nov 1, 2014

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Casi todos solemos tener un magnífico concepto de nosotros mismos. Pero somos como somos y, más que como creemos, como nos ve la mayoría, ya que la vida depara suficientes ocasiones para que acabemos por mostrarnos tal como realmente somos. Hay casos, sin embargo, en que la forma de ser encubre graves enfermedades del alma, como el resentimiento.

El número de los resentidos es mucho mayor de lo que creemos. Pero no es fácil descubrirlos, porque, como dice el doctor Marañón, son hipócritas y suelen revestirse de una especie de falsa virtud, que engaña a los distraídos. El doctor Marañón, en su libro sobre el emperador Tiberio, ha descrito con gran maestría los rasgos más llamativos de tan compleja forma de ser.

Al contrario que Unamuno, que califica el resentimiento como «pecado capital» -de mayor gravedad incluso que la ira y la soberbia- Marañón lo considera como una pasión, es decir, una perturbación o afecto desordenado del ánimo. Añade este ilustre escritor que, aunque el resentimiento es fruto de una agresión, sólo anida en las almas propicias. Porque la agresión que en la mayoría causa un simple sufrimiento pasajero que se olvida, en los resentidos se enquista, permanece para siempre en el alma y acaba siendo la que rige toda su conducta.

El resentido es una persona sin generosidad, que reacciona generalmente contra el destino. No sólo son incapaces de agradecer lo que se hace por ellos, sino que acaban por transformar los favores que reciben en combustible de su resentimiento. Suelen rondar en torno a los poderosos, los cuales engendran en el resentido un sentimiento contradictorio: se siente, al mismo tiempo, atraído e irritado por el poderoso. Por eso, el doctor Marañón advierte a los poderosos que «crece a su sombra, y mil veces más peligroso que la envidia, el resentimiento de los que viven de su favor». Otra característica del resentido es la desarmonía que existe entre su capacidad real para triunfar y la que él se atribuye. Por eso, el fracaso es fruto del destino o culpa de los demás, nunca de ellos mismos; y el triunfo, lejos de curarlo, lo empeora, ya que lo reafirma en la justificación de su resentimiento.

Viene a cuento lo que antecede porque acabo de leer la columna de ayer de Juan José Millás en la última página de El Pais, en la que bajo el título “Sin proyecto” escribe sobre Mariano Rajoy, entre otras las siguientes frases: “¿Distingue Rajoy la mentira de la verdad, el día de la noche, el arriba del abajo, el dentro del afuera, la corrupción aislada de la infección total? ¿Dispone, como la mayoría de los ciudadanos, de una alarma moral o de otro tipo que le indica cuándo traspasa la frontera entre la compostura y la mentecatez?

Y yo me pregunto ¿conoce usted señor Millás a Mariano Rajoy? ¿Ha hablado con él a solas alguna vez por tiempo suficiente para saber cómo es? ¿Cómo puede usted descalificar de ese modo a una persona que si se cae del nivel al que está lo plasta a usted, que no le llega ni a un centímetro de su altura moral e intelectual?

Para que el lector pueda comprobar cómo trata Millás a otros políticos, que sin duda le han hecho más caso que Rajoy, los invito a que busquen en Google el artículo que publicó en El País, el 23 de julio de 2006, titulado “El viaje de Zapatero” en el que habla de nuestro ex presidente, pero después de viajar con él tiempo suficiente para informarse de su forma de ser.

Lo que denuncio no es que Millás insulte a Rajoy, ya que es libre -faltaría mas- de opinar como le venga en gana. Lo que critico es que lo haga sin conocerlo, sin informarse de cómo es, al contrario de lo que hizo con otros, revelando un sectarismo manifiesto. Por eso no acierto a descubrir otra razón para escribir ese artículo tan bilioso como no sea un intenso resentimiento contra todo lo que “huela distinto a su perfume ideológico”.

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