Se acabó, por ahora, la baza política del Ébola

Publicado por el Oct 29, 2014

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Aunque sé que el asunto fue muy serio, no me resisto -ahora que ya se superó este primer mal trago- ha ironizar afirmando que, en esta actividad política teatral y televisada a la que estamos asistiendo en los últimos tiempos los sufridos ciudadanos españoles, ha finalizado la primera temporada de la serie “desgastando al Gobierno gracias al virus del Ébola”. Bastó que una auxiliar de enfermería se contagiara, por supuesto de manera involuntaria, para que saltaran todas las alarmas y se atemorizase a la población con el ataque supuestamente “masivo” y realmente mortal, en muchos casos, del virus del Ébola.

En un primer momento, el Secretario General del PSOE mantuvo una línea responsable y digna del representante de un partido de gobierno. Sus primeras declaraciones –llenas de sentido común- fueron que la primera preocupación era la salud de la contagiada y que ya habría tiempo para exigir responsabilidades políticas.

Pero tal vez las ansias de poder de la gente que lo rodea –mejor llegar al Gobierno lo antes posible, pensarán- le obligaron a cambiar rápidamente y a iniciar una especie de línea argumental consistente en “sugerir”, con calculada imprecisión y exagerando hipócritamente la gravedad de la situación, que el Gobierno de la Nación “algo” tenía que ver en que tuviéramos una persona contagiada en España.

Es lo que mejor hace el PSOE cuando está en la oposición: sugerir magnificando la situación la culpabilidad del Gobierno para tratar de obtener réditos políticos de todo lo que irrite o preocupe a los ciudadanos. Y tiene la suerte de que lo que peor hace el Gobierno es precisamente gestionar informativamente las crisis con una adecuada información desde el principio y sin incurrir en precipitaciones.

¡Bueno! pues ya hemos llegado a un punto en que el primer foco de contagio del Ébola se ha extinguido. Y ahora lo que toca es extraer las debidas conclusiones de todo lo sucedido. Por ejemplo, poner siempre al frente de las situaciones de crisis a los que saben, aunque sean ellos los que chupen cámara y no los políticos. Porque, aunque encargue a otros que informen, el Gobierno no deja por eso de dar la cara.

Otra enseñanza importante es que los ritmos de la información los debe marcar el que gestiona el problema y no la ansiedad de los medios por informar inmediatamente. Los medios nunca valorarán la rapidez en informar si lo que se comunica es parcialmente erróneo. Recalcarán el error y jamás lo imputarán al encomiable deseo de informar cuanto antes a los ciudadanos.

Y el mayor partido de la oposición debe moderar sus ansias por desgastar a toda costa al Gobierno olvidándose de que la oposición debe ser constructiva. Porque de lo contrario el pueblo verá en su actitud más un deseo de alcanzar lo antes posible el poder que el deseo de servir a los ciudadanos orientando convenientemente la acción del Gobierno en lo que pueda estar equivocada. ¿Alguien vio en EEUU a los republicanos hostigando al Presidente Obama por los desgraciados contagios de algunos de sus ciudadanos?

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