Podemos: los fundadores de la política lírica

Publicado por el Oct 19, 2014

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En su octava acepción, la palabra “lírica” significa, según el nuevo DRAE, “género literario al cual pertenecen las obras, normalmente en verso, que expresan sentimientos del autor y se proponen suscitar en el oyente o lector sentimientos análogos”. Hasta ahora, la lírica pertenecía la mundo de la literatura y era la morada habitual de los poetas.

Pero, desde hace poco, un grupo de iluminados ha tenido la ocurrencia de encauzar los sentimientos populares hacia la política. Hoy es una evidencia que los ciudadanos españoles experimentan, entre otros, los dos siguientes sentimientos: dolor porque han visto como la crisis los golpeaba salvajemente y sin piedad en sus modestas economías; y rechazo por la desbordante corrupción que practicaron algunos de los más favorecidos que saquearon sin rubor las arcas públicas.

Pues bien, lejos de canalizar estos sentimientos a través de la literatura y hacer obras líricas o dramáticas, un grupo de avispados “arreglamundos” de Facultad ha tenido la ocurrencia de trasladar la lírica a la política. Y, en lugar de convertir los sentimientos en poemas, los han transformado en programas políticos.

Así, que alguien sufre porque no puede o no quiere pagar la hipoteca a la que se comprometió libremente para adquirir su vivienda, no hay problema se incluye en el programa electoral que todo el mundo tiene derecho a una vivienda y que nadie podrá ser desalojado de aquella en la que viva aún en caso de impago. Que hay alguien que no encuentra trabajo y, por tanto, no recibe ingresos, tampoco hay que preocuparse se incluye en el programa electoral que todo el mundo tendrá derecho a un puesto de trabajo y a percibir el correspondiente sueldo. Que hay gente que ha hecho un gran esfuerzo personal y ocupa un puesto de trabajo muy relevante ganando un buen sueldo, nuevamente lo arregla el programa político, ya que limita el máximo de lo que puede percibir cada ciudadano procurando que todos ganen más o menos lo mismo.

Es decir, programas que, en lugar de realidades, están inundados de quimeras, tratando de que los ciudadanos compartan la lirica sentimental con los autores de aquellos. La única esperanza que nos queda es que la poesía siempre ha sido un movimiento minoritario.

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