A Artur Mas no le gusta gobernar

Publicado por el Oct 14, 2014

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Hasta hoy por la mañana tenía mis dudas, pero después de su comparecencia tengo meridianamente claro que al presidente de la Generalitat de Cataluña no le gusta gobernar. Al menos lo que integra la actividad ordinaria de administración propia de una Comunidad Autónoma.

En lugar de dedicarse a esa tediosa ocupación de disminuir la importante deuda pública de Cataluña sin dejar de prestar de manera eficiente los servicios públicos que corresponden a los ciudadanos que habitan es esa parte de España, prefiere, por lo que se ve, seguir jugando a la “realización de la consulta anhelada”.

Parece que de lo que se trata es dejar en manos de otros -que no han sido llamados, al contrario que él, a pasar a la historia de Cataluña- la adopción y posterior ejecución de actos de gobierno tan vulgares como por ejemplo administrar la sanidad (tal vez si se ocupara él no habrían muerto hasta ahora diez personas de legionella), o tener que conseguir los recursos para pagar cada mes las nóminas de los trabajadores de la Generalitat, o rebajar los intereses de la deuda, en fin, todas esas minucias de las que depende el bienestar de los ciudadanos de su Comunidad, pero que son impropias, por vulgares, de un verdadero estadista, como es él.

Al señor Mas el destino le ha deparado la altísima misión histórica de llenar los locales de la Generalitat con urnas y papeletas para que los que pasen por allí y tengan más de 16 años puedan responder a lo que se les pregunte sobre asuntos incluidos en las competencias de la propia Comunidad Autónoma de Cataluña, como por ejemplo, la cuestión de si están de acuerdo o no con suprimir los “correbous” y otras cuestiones por el estilo.

Si no fuera por la pérdida de energía que ha supuesto y que habría sido mucho más eficiente para Cataluña y los catalanes dedicarla al gobierno ordinario de la Generalidad, diría que su empecinamiento por la consulta recuerda a la conocida fábula de Esopo de “El parto de los montes”: los montes dieron terribles signos de estar a punto de dar a luz, infundiendo pánico a quienes los escuchaban, y tras señales tan temidas y asombrosas, los montes acabaron pariendo un pequeño ratón.

Veo difícil que con tan pobre resultado después de su larga gestación como estadista va a tener muy difícil pasar a la historia de Cataluña.

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