La codicia, los mediocres y la política

Publicado por el Oct 12, 2014

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El 10 de febrero de 1931, tres intelectuales de la talla de Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y José Ortega y Gasset publicaron en el diario “EL Sol” un manifiesto en el que, entre otras cosas, decían: “El Estado español tradicional … sucumbe corrompido por sus propios vicios sustantivos… ha sido una asociación de grupos particulares, que vivió parasitariamente sobre el organismo español, usando del Poder público para la defensa de los intereses particulares que representaba”.

Y más adelante añadían: “La tarea enorme e inaplazable de remozamiento técnico, económico, social e intelectual que España tiene ante sí no se puede acometer si no se logra que cada español dé su máximo rendimiento vital. Pero esto no es posible si no se instaura un Estado que, por la amplitud de su base jurídica y administrativa, permita a todos los ciudadanos solidarizarse con él y participar en su alta gestión”.

Hoy, ochenta y tres años más tarde, la situación de España no es muy diferente a la de entonces y, sin embargo, tenemos un Estado que coincide básicamente con el que reclamaban aquellos intelectuales: nuestro Estado social y democrático de Derecho tiene una amplia base jurídica y administrativa, y permite la participación de todos los ciudadanos en su alta gestión. Entre aquellos años y hoy, los españoles dieron su máximo rendimiento vital y lograron una encomiable transición política que cristalizó en la Constitución de 1978.

Pero ¿qué ha fallado últimamente para que nos encontremos ante un Estado a punto de “descoserse” con fuertes tensiones territoriales, y con una parte de la clase política corrupta que se está llevando a manos llenas el dinero de todos?

No es fácil responder a esa pregunta. La primera respuesta que viene a la cabeza es que ha fallado el pueblo. Pero inmediatamente uno cae en la cuenta de que fue el propio pueblo español el que escribió la brillante página de la transición política. Por eso, culpar a los españoles como colectivo de lo que nos está pasando, además de explicar poco, parece un error de diagnóstico.

Si tenemos un Estado moderno y no es el pueblo el que falla, lo lógico es dirigir la mirada a las circunstancias. ¿Hay alguna circunstancia en nuestros días que pueda explicar si quiera mínimamente lo que nos pasa? Habrá otras, pero yo veo una que hoy sobresale por encima de las todas demás: la desmedida y malsana codicia por alcanzar el poder y el dinero sin escrúpulo alguno y sin méritos suficientes. Y en esta sociedad de la codicia, los “virus” que más proliferan son los mediocres y la política el caldo de cultivo que suelen utilizar para alcanzar el dinero y el poder.

Los mediocres ven en la conquistar del poder la única vía para conseguir personal y económicamente aquello que nunca lograrían por sus méritos. Tratan pura y simplemente de medrar, ya sea para conseguir mayores cotas de poder personal (aunque sea a costa de la unidad de España), ya para enriquecerse, ya para ambas cosas a la vez.  Y la ausencia de una especial cualificación para dedicarse a ella y el fallo sistémico de sus controles hace de la política la vía más idónea para que los mediocres lleguen a tener un poder y un dinero que jamás habría conseguido por sus propios méritos.

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