Arquero, arcos y flechas

Publicado por el sep 19, 2014

Compartir

Gibran Khalil Gibran, en “El Profeta”, refiriéndose a los padres, escribe: “Sois los arcos con los que vuestros niños, cual flechas vivas, son lanzados”. Seguidamente, sugiere que es el Arquero (el Ser Superior), y no los padres, quien fija el blanco y concluye con que el gozo de los padres-arcos debe ser la tensión que nos causa el Arquero con su mano.

Hace años estaba más extendida la creencia en la decisiva intervención del Arquero en el destino de nuestras vidas y las de nuestros hijos. Hoy se tiende a indagar sobre nuestra propia responsabilidad en lo que nos sucede más que a traspasársela sin más a un Arquero “todopoderoso”.

Por eso, cabe matizar la idea de Khalil y decir que los padres somos los arqueros más que el arco, y que, como padres, nos corresponde tensarlo, fijar el blanco, apuntar y lanzar las flechas; o, dicho de otro modo, educar a nuestros hijos para que tengan el mejor vuelo posible.

A lo dicho hay que añadir que a los arqueros de mi generación nos enseñaron a educar,  porque eso es algo en lo que nunca se ha podido instruir a nadie. Por ello, educamos según nuestra manera de ser; y somos fruto de nosotros mismos y de nuestra circunstancia; configurada básicamente por el ejemplo, tanto positivo como negativo, que hemos recibido de todos los que nos rodeaban y por la época en la que nos ha tocado vivir.

Cada generación suele situar en el centro de sus anhelos aquello que más echa en falta. Creo que la mía –al menos en lo que yo viví-buscaba ansiosamente la libertad. Y mientras tratábamos de alcanzarla, se fue consolidando, en lo material, el creciente bienestar originado por las generaciones anteriores. En mi generación confluyeron, pues, la sociedad de consumo -que se iniciaba- y la entronización de la libertad intelectual. En la combinación de ambas, está, tal vez, una explicación de la educación que hemos dado a nuestros hijos.

En el aspecto material, nos dedicamos a incrementar, pero también a consumir, los medios económicos que teníamos a nuestro alcance. Pero no lo hicimos de un modo excluyente. Probablemente porque nuestra conciencia no nos permitía otra cosa, hicimos participar intensamente a nuestros hijos de ese bienestar. “Consumimos”, pues, conjuntamente, sin darnos cuenta de que también había que enseñarles que las cosas se consiguen con esfuerzo. En el plano de las ideas, tratamos de educarlos en los valores de la libertad y la igualdad. Desechamos el modelo anterior de la educación autoritaria y situamos a nuestros hijos en un entorno de auto responsabilidad. Y claro, en este ambiente es mucho más difícil saber lo que ha de hacerse en cada momento. Por lo cual, en cierto modo, somos también los causantes de las inseguridades que puedan padecer.

Ahora bien, como los valores que transmitimos eran acertados, pienso que nuestros hijos se sienten mayoritariamente satisfechos de la educación que recibieron, aunque habrán de corregir algunas cosas cuando les toque hacer de arqueros. En cualquier caso, nosotros, como ellos en su día con sus hijos, podremos ampararnos en que los educamos de buena fe.

Compartir

ABC.es

Puentes de Palabras © DIARIO ABC, S.L. 2014

Todos, incluso los menos interesados por la política, tenemos una ideología, es decir, un conjunto de ideas sobre el modo en que deben gestionarse los asuntos públicos. El ideario de cada uno es como los aluviones de un río: Más sobre «Puentes de Palabras»

Categorías
Etiquetas