Mejor con la música que con las palabras

Publicado por el sep 2, 2014

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El ser humano necesita expresarse y comunicarse con sus congéneres. Por eso, ha ideado distintos sistemas a tal efecto, siendo los sonidos el más importante de todos. Pero, lejos de encerrarlos en un único sistema de comunicación, el hombre los articuló en dos: la música y las palabras. Con la música, produjo una sucesión de sonidos modulados para recrear el oído. Y, a través de las palabras, ideó un sistema de comunicación y expresión verbal propio de un pueblo o nación, o común a varios.

Pero entre la música y la lengua hay una importante diferencia. Mientras la música alude a un modo de comunicación general que no se circunscribe a ningún grupo humano, la lengua tiene una vinculación de origen geográfico que la limita: es la concreta y particular expresión verbal de uno o más pueblos. Por eso, se contrapone la universalidad de la música frente a la particularidad de las lenguas: hay música, en singular, y lenguas, en plural.

Seguro que hay una razón –o, tal vez, más de una- por la que la música es universal y las lenguas están parceladas en función de los distintos pueblos que las hablan. Pero si nos fijamos en cómo se simbolizan los sonidos ambos sistema de expresión, advertimos una importante diferencia entre ellos. En la música, los sonidos se representan mediante signos, denominados notas musicales, que se escriben de una única y misma manera. Por lo cual, sea del país que sea el autor de una partitura, cualquiera que sepa de música es capaz de reconocer y reproducir la pieza que está escrita en la misma.

Con las lenguas, las cosas son diferentes: los caracteres que representan los sonidos no solo no son los mismos, sino que los hay que difieren entre sí extraordinariamente. Además, en cada idioma las ideas se expresan por palabras que nada o muy poco tienen que ver de uno a otro. E incluso hay lenguas en las que las palabras se leen de manera diferente a como se escriben. Las cosas llegan hasta tal punto que el nativo de un pueblo puede no entender una sola palabra escrita o pronunciada en una lengua distinta de la suya.

Se podría pensar, por todo ello, que mientras con la música el hombre parece haber procedido con un sentido común y con una practicidad dignos de elogio, con las lenguas su actuación no ha sido muy brillante. Quizás, por eso, en la música ya se produjo hace mucho tiempo la globalización que hoy se predica en otros ámbitos como fenómeno de nuestros días; y por esa misma razón, la música es una de las pocas actividades –sino la única- que todavía es capaz de movilizar de verdad a la juventud de todos los países.

Se entiende, después de todo, que Beethoven haya dicho que “la música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía”, y que nuestro Cervantes haya escrito que “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”.

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