Altivos puede, pero nunca desdeñosos

Publicado por el ago 13, 2014

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Estoy dispuesto a admitir que hay personas que pueden ser altivas porque reúnen suficientes merecimientos para ello. Y es que ha de reconocerse que existen sujetos que, sobre todo, por su inteligencia, sus condiciones personales, y su capacidad de trabajo, destacan de manera sobresaliente en la actividad a la que se dedican. No necesito poner ejemplos, porque cada uno de nosotros suele admirar a personas que son números uno en lo suyo a nivel nacional, europeo o mundial.

Que estos triunfadores sean altivos, no solo se comprende, sino que hasta parece natural. Deben sentirse tan orgullosos de lo que han conseguido -siempre con un gran esfuerzo- que hay que perdonarles que sean vanidosos y que, como se dice vulgarmente, estén encantados de haberse conocido.

Lo que es de todo punto inadmisible es que los triunfadores se vuelvan desdeñosos. Que traten con menosprecien a los demás, por muy inteligentes y capaces que sean. Y claro si no disculpo el desdén en los mejores mucho menos aún en los que –y suelen ser legión- son poco o nada, pero se creen mucho. Y es que suele suceder muchas veces que las personas de menos talla humana son los más engreídos, vanidosos y hasta soberbios.

Estos seres “pequeños”, que ascienden solo porque son obedientes a puestos que les quedan demasiado grandes, suelen envanecerse porque acaban consiguiendo algo de poder. Es cierto que en estos casos la reacción casi servil de los demás con los poderosos, acaba por justificar que se crean “alguien”.

Pero basta que cada uno pase unos minutos mirándose a sí mismo y contemplando su propia pequeñez para darse cuenta de que somos tan poca cosa que no deberíamos ser altivos y desde luego, de ningún modo, desdeñosos. Y no es que los demás no lo merezcan es que nadie, repito, nadie, es lo suficientemente bueno para desdeñar a otros que son seres humanos como él y, en consecuencia, gozan de la dignidad de la persona.

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