La clase política: solución y problema

Publicado por el ago 8, 2014

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Los que hayan visto una regata de traineras seguramente habrán observado que estas embarcaciones cuentan con dos filas de seis remeros, con otro miembro más que va en proa, y con el patrón, que desde la popa, maneja el timón, marca el ritmo de las paladas, y anima a su tripulación. En el triunfo de la ganadora, además de las propias características del barco, influyen también la fuerza y el acompasamiento en la acción de bogar, así como la destreza del patrón a la hora de acompasar la cadencia de los remos. Se trata, en suma, de una verdadera labor de equipo, que tendrá mayores posibilidades de éxito cuanto más conjuntado esté.

En nuestra vida política interna, cada partido es una especie de trainera, y las elecciones, las regatas en las que compiten. Por eso, en las contiendas electorales, es totalmente lógico que cada trianera o partido político emplee todo su potencial en su propio beneficio y que busque el mayor rendimiento de la tripulación con el fin de alzarse con el triunfo electoral o, al menos, de obtener el mejor resultado.

Sin embargo, cuando lo que está en juego es el interés general, la óptica tiene que ser diferente: no hay que pensar en términos de trainera-partido político, sino en que hay una sola embarcación que es España. En esta hipótesis, todos estamos embarcados en una nave común, de tal manera que la suerte final de la misma es la de todos nosotros: si naufraga, nos hundimos, si sigue a flote, nos salvamos.

No sé si ha llegado el momento –pero si no, está muy cercano-, en el que los dos grandes partidos tienen que dejar de remar cada uno hacia un lado, neutralizando uno el esfuerzo del otro, y viendo como la nave, sin dirección, es arrastrada por la corriente. La indiscutible mejora de nuestra situación económica general está siendo oscurecida por la inestabilidad política provocada por el separatismo catalán y, sobre todo, por la galopante corrupción que nos asola.

El simple enunciado de estos problemas demuestra que la clase política es, a la vez, solución y problema. Solución cuando ha logrado reconducir la economía. Y problema cuando intenta modificar oblicuamente la estructura territorial del Estado y no reacciona enérgicamente contra la corrupción. Es cierto que no todos los políticos son corruptos, pero los que no actúan con toda firmeza contra los que sí lo son hacen que pueblo se pregunte: ¿qué es lo que temen? ¿por qué no separan las manzanas podridas del cesto?

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