Ay, Pedro, ay

Publicado por el jul 24, 2014

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Pedro Sánchez me tiene en un suspiro. Ansío escucharle o leerle pensamientos profundos que me hagan confiar en que tiene madera de líder y en que es algo más que una persona con una buena imagen. Y, sin embargo, compruebo que ha tomado decisiones muy desacertadas; que hace propuestas, cuando menos, poco detalladas; y que para justificar ante los ciudadanos que ha llegado su momento se fija en datos tan irrelevantes, como puede ser la edad.

Como decisión muy desacertada considero, como ya he dicho hace poco, la de no votar el nombramiento de Jean Claude Juncker para Presidente de la Comisión Europea. Propuesta poco detallada me ha parecido la iniciativa de poner en marcha algo de tanto calado como la reforma de la constitución sin detallar previamente los puntos esenciales de la modificación que pretende.

Pero lo que me tiene en suspiro lastimero son sus últimas declaraciones en las que dice que el presidente Rajoy “representa a otra generación de políticos más del pasado, de los últimos 35 años, que del presente y del futuro”, como si lo del acierto en política tuviera algo que ver con la edad.

Estoy seguro de que Pedro Sánchez lo sabe, pero me permito recordar a los lectores, a cuatro grandes políticos y la edad a la que llegaron, por primera vez, a los puestos que los hicieron pasar a la historia.

Konrad Adenauer, nacido en 1876, llegó a primer Canciller de la República Federal de Alemania en 1949, con 63 años de edad. Manuel Azaña, nacido en 1880, llegó a presidente de la República Española en 1936, es decir, con 56 años, edad muy próxima a la que tiene Mariano Rajoy. Charles De Gaulle, nacido en 1890, llegó a la presidencia de la República Francesa en 1959, es decir, con 69 años. Y Ronald Reagan, nacido en 1911, se convirtió en el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica en 1981, con 70 años.

Comprendo que la juventud puede ser un dato importante, por ejemplo, para dedicarse al algún deporte profesional o para actividades en las que se requiere un excelente estado de forma física. Pero para la política lo que se necesita, por encima de todo, es lucidez y ésta no es una cualidad ligada necesariamente a la edad. Así que piénsese por favor la próxima vez en qué fundamenta sus propuestas.

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