Posición 5817

Publicado por el Jul 6, 2014

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Había estudiado ingeniería de telecomunicaciones y desde que había acabado su segundo máster, éste en Londres, Rubén estaba buscando trabajo sin demasiada suerte. Había llegado en varios procesos de selección al último tramo, pero por unas razones o por otras no lograba que lo contrataran. Esperaba que algún día cambiara su suerte y el destino no lo defraudó.

Aquél día, a las ocho de la mañana, se presentó ante el encargado de recursos humanos para firmar el contrato. Empezaba con un contrato en prácticas durante seis meses en la multinacional HSBG cuya casa matriz estaba en Los Ángeles, en la costa oeste de los Estados Unidos de Norteamérica. El sueldo para los que trabajaban en Europa ascendía a mil doscientos euros mensuales brutos.

Las oficinas estaban en Alcobendas, un municipio situado en la parte norte de Madrid, y ocupaban todo un edificio de cuatro plantas dotado de los más avanzados sistemas telemáticos para estar permanentemente conectado con la red mundial de la empresa.

Mientras conducía su viejo Volkswagen Golf no pudo dejar de sonreír en más de una ocasión. A sus treinta y tres años volvía a tener trabajo por segunda vez desde su acceso al mercado laboral y tenía puestas muchas ilusiones en su nueva andadura. Se sentía una persona con suerte porque tener empleo era casi como que le hubiera tocado la lotería. Y es que la tecnología y el acceso de la mujer al mercado laboral habían reducido drásticamente los puestos de trabajo para los privilegiados varones que los habían disfrutado prácticamente en exclusiva hasta finales del pasado siglo.

Tras firmar el contrato, lo condujeron a su mesa de trabajo. Estaba en la planta baja en una estancia muy amplia llena de largas filas de mesas corridas, separada cada una de las demás por unas mamparas de cristal opaco. Le mostraron un escritorio de poco más de un metro de ancho en cuyo frente había un cartel que decía: Posición 5817. La encargada de su planta le dijo que desde entonces pasaría a llamarse de ese modo y que debería dirigirse a los demás operarios por “posición” y el número.

Tras probar su asiento miró a sus lados. Las posiciones 5816 y 5818 eran también treintañeros, la primera mujer y el segundo varón. Estuvo trabajando intensamente toda la jornada conectado por ordenador y auriculares con diferentes países del  mundo. Solo descansó los treinta minutos del café y la hora que les daban para el almuerzo.

Regresó a casa verdaderamente asustado. Los compañeros con los que había hablado durante las pausas le contaron que todos ellos llevaban poco tiempo en la empresa, que nadie se interesaba por sus nombres, porque lo relevante era la “posición” y el número, ya que sus ocupantes eran constantemente sustituidos por otros que cada vez contrataban con salarios más bajos. Estuvo a punto de ponerse a llorar. Pero pensó que lo mejor era disfrutar a todo trapo de la inmensa fortuna de poder beneficiarse de la dorada etapa de “posición 5817”.

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