En 2015 habrá una epidemia de sensatez

Publicado por el Jun 30, 2014

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Aunque al inicio de la democracia las fuerzas políticas estaban un poco más divididas, a partir de que la añorada UCD se hizo el harakiri, se instaló entre nosotros el bipartidismo. Desde entonces hasta hoy, se fueron alternando, aunque en períodos desiguales, el PSOE y el PP, apoyados cuando hizo falta por partidos nacionalistas. Hasta ahora, el PSOE y el PP han sido, por tanto, partidos de gobierno y entre los dos han cosechado en las elecciones generales entorno al ochenta por ciento de los votos emitidos.

En todos estos años, hemos gozado, pues, de una indiscutible estabilidad o, dicho más llanamente, el panorama político español era bastante predecible, sin que se barruntaran cambios significativos. Es verdad que los dos partidos mayoritarios gobernaban con sensibles diferencias en la política interior y exterior de España. Pero, la cada vez más creciente influencia política y económica de la Unión Europea ha ido reduciendo el margen de actuación de los gobiernos de los Estados miembros, circunstancia que se ha dejado sentir también en España. Cosa que vimos con toda claridad cuando estuvimos a punto de caer en el abismo del rescate.

Pues bien, en un momento en el que es más necesaria que nunca la estabilidad política para dar por superada definitivamente la crisis y empezar a solucionar de verdad los problemas del  desempleo, el principal partido de la oposición ha entrado en una situación de inestabilidad interna que amenaza con alterar significativamente la alternativa bipartidista.

Se avecina un cambio generacional en el PSOE que puede convulsionar la política nacional. El próximo Secretario General de este partido no ha sido protagonista directo de la transición, por lo que puede sentirse libre de todo tipo de ataduras con el pasado más reciente y tomar decisiones inadecuadas que alteren sensiblemente nuestra valiosa estabilidad.

Y es que durante los próximos años van a convivir en el PSOE, al menos, dos generaciones de políticos con pasados bien diferentes. Una, la que pilotó sabiamente en su día la transición, que ha demostrado altura política y acreditado probada experiencia en el manejo de la cosa pública. La otra, es una nueva “casta” de políticos, sin experiencia de gobierno, nacidos en plena libertad democrática -y sin que los hayamos educado a valorarla-, y que tienen la imperiosa necesidad de buscarse su propio hueco político.

Son estos últimos los que generan ciertas dudas porque se advierte una cierta indefinición en cómo conciben el socialismo del siglo XXI. Y es que los jóvenes cachorros del PSOE no lo tienen fácil. Frente a los dirigentes anteriores de su partido, tienen que proponer una amplia reforma de las líneas generales de su formación política, porque, de lo contrario, no estaría justificado su “asalto” al primer plano: la sola razón de edad es del todo insuficiente. Pero, por otra parte, se encuentran con una izquierda dividida y radicalizada a la que no saben si seguir o superar para conservar ante el electorado todo el marchamo de lo social.

Ante esta compleja situación, no es extraño advertir una especie de “esquizofrenia” en las líneas programáticas que están avanzando los candidatos a la Secretaría General de PSOE. Porque, de un lado, tienen a sus espaldas la pesada carga de la herencia de su último paso por el Gobierno de la Nación, entre cuyos principales efectos está la pérdida total de “credibilidad”. Pero, del otro, no pueden dejar de fijarse en la política “ruidosa”, demagógica, quimérica y populista de las formaciones que están a su izquierda, que ha cosechado un buen número de votos.

¿Qué hacer? ¿Hacia qué lado inclinarse? ¿Deben volver a las líneas que hicieron del PSOE un partido de gobierno o convertirse en una “copia” sin mucho valor de los movimientos invertebrados que los sobrepasan por la izquierda?

No es fácil responder a estas preguntas y, por tanto, los próximos dirigentes del PSOE no tienen fácil elegir la mejor de las opciones. Pero creo que no me equivoco demasiado si digo que en los próximas elecciones generales nuestro pueblo va a sufrir una nueva epidemia de sensatez. Razón por la cual, me atrevo a sugerirles que dejen de lado definitivamente la demagogia, que no hagan causa común con otros que ocupan posiciones claramente minoritarias, y que opten decididamente por una política de gobierno reformada, pero dentro de la socialdemocracia, con la que puedan estar de acuerdo los varios millones de españoles que han venido votando durante estos años al partido socialista. Para nuestra imprescindible estabilidad institucional, es absolutamente necesario un partido de gobierno de izquierdas.

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