El afán de ser querido

Publicado por el jun 24, 2014

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Si nos preguntaran cuál es, para cada uno de nosotros, el principal alimento de nuestro espíritu, pienso que serían muy pocos los que no responderían que el amor. Si, acto seguido, nos volvieran a cuestionar sobre qué entendemos por amor, serían, en cambio, muy pocos los que ofrecerían una definición precisa de tan asombroso sentimiento. Y, sin  embargo, prácticamente todos podrían asegurar que han experimentado personalmente la mágica sensación del amor.

Sucede algo parecido a como si nos interrogaran sobre el aire: sabemos que existe porque lo respiramos, pero, si tuviéramos que definirlo, apenas podríamos decir algo de él, porque sería hablar de una especie de fantasma gaseoso que nos envuelve pero que no vemos, ni notamos.

Pero ¿cómo define el amor el Diccionario de la Real Academia de la Lengua? Estoy por asegurar que a quien ha tenido que fijar su significado la tarea la ha parecido ardua y difícil. E imagino que habrá empleado muchas horas en proponer las distintas acepciones para intentar captar por entero su significación.

De todas ellas, permítanme que recuerde las tres primeras: 1. m. “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. 2. m. “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”. 3. m. “Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”.

En los dos primeros significados, el amor se define desde la perspectiva del que ama más que desde la óptica del ser amado. Más aún: las dos acepciones ofrecen visiones un poco egoístas de este generoso sentimiento. Así, la primera significación parte la insuficiencia del amante y concibe el amor como la búsqueda de otro para completarse. Es como si el amor fuese una necesidad. Y la segunda, aunque no  cambia la perspectiva, es algo menos egoísta que la anterior, toda vez que pone el acento no tanto en sentirse completado con el amor de otro, cuanto en la nota de la reciprocidad: uno y otro aman y son amados a la vez.

El tercer significado prescinde del cargado perfume del egoísmo y describe el sentimiento del que ama como el de aquel siente afecto, inclinación, o deseo de dedicarse por entero al destinatario del cariño. Es decir, sentir por sentir más allá de cualquier necesidad personal.

A la vista de estos tres significados del amor, se podría afirmar que mientras el último se fija en el anhelo de querer, los otros dos se refieren al afán de ser querido. Llegados a este punto, cabe preguntarse sobre si ambos aspecto del amor, amar o ser amado, tienen igual cabida en nuestro ánimo o si uno predomina sobre el otro.

Me gustaría que no fuera así, pero pienso que, salvo honrosas excepciones, el ser humano busca más ser querido por sus semejantes que amarlos. Es más fuerte el anhelo que tenemos a ser amados por otros que el empeño en entregarnos a los demás sin esperar nada a cambio. Y es que incluso en un sentimiento tan altruista como el amor no deja de estar presente en todo momento el interés por nosotros mismos.

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