¿Quién es el “pueblo español”?

Publicado por el jun 19, 2014

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Seguramente, a algunos de ustedes les pueden sorprender tanto la pregunta del título, como porqué la hago en este momento. Dos son la razones que me han inducido a escribir sobre ello. La primera tiene que ver con el manido tema del referéndum sobre monarquía o república, y la segunda con el discurso que acaba de pronunciar esta mañana el Rey Felipe VI.

Vayamos con lo del referéndum. A poco que sigan ustedes los medios de comunicación, habrán observado que está empezando a difundirse una idea que, además de ser muy desafortunada, puede llegar a producir en algunos ciudadanos cierta insatisfacción.

Me refiere a los que están poniendo en duda la legitimidad democrática de nuestra actual monarquía representativa aduciendo el argumento de que muchos de los ciudadanos de hoy no votaron la Constitución de 1978. Al opinar de este modo, están dando a entender que existe una especie de conexión inescindible entre el texto constitucional y el pueblo concreto que lo ha votado.

Nuestra Carta Magna se refiere al pueblo español, entre otras, en las tres ocasiones siguientes. Las dos primeras figuran en el Preámbulo, cuando habla de la Nación española (referencia al conjunto de habitantes que viven en territorio español) y cuando proclama la voluntad de la Nación española de “proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de sus derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones”. La tercera, y más importante, figura en el articulado de la Constitución, concretamente en la norma que establece que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.

Pues bien ¿qué hay que entender por pueblo español? ¿Se refiere la Constitución a los ciudadanos concretos que tenían la nacionalidad española en 1978 y  votaron la Constitución? Lo cual obliga a preguntarse seguidamente ¿si fue, entonces, solamente a esos españoles y no a los que han nacido después a los únicos a los que les devolvió la soberanía nacional? O ¿se refiere, por el contrario, a todos las personas que venimos siendo españoles desde entonces hasta hoy y a todos los que irán sucesivamente habitando España en los años venideros?

Defender la primera posición implica partir de una visión completamente estática y petrificada de “pueblo”, en tanto que optar por la segunda supone inclinarse por una concepción dinámica en la cual se van integrando en ese concepto general y abierto de “pueblo español” los sujetos que han ido conformando las distintas generaciones de españoles desde la Constitución hasta nuestros días.

Creo que no hace falta mucho esfuerzo de comprensión para adivinar que el “pueblo español” al que se refiere nuestra Constitución no esta integrado solo por los que tenían derecho de voto en 1978. Antes al contrario, el “pueblo español”, lejos de ser estático y de una vez para siempre, “está siendo permanentemente” en un continuo e incesante movimiento de altas y bajas. Por eso, decir que hay que compartimentar el pueblo español en estratos por edades para determinar quienes votaron, directamente o por medio de sus representantes (los parlamentarios), tal o cual ley, y sobre todo la Ley de Leyes, es un error de muy grueso calibre.

Como tengo la convicción de que quienes difunden estas opiniones suelen ser gente inteligente y que no ignora la idea tan elemental que acabo de exponer, intuyo que esas personas tienen otras intenciones. Pienso que con esos falsos argumentos quieren confundir a las ciudadanos para promover “ruido social”, con la finalidad de que tengan eco cuestiones ya debatidas y decididas. Por eso, si quieren volver a someterlas a discusión la propia Constitución tiene hasta perfectamente delimitado el cauce para hacerlo, que es la reforma constitucional.

En cuanto al discurso del Rey Felipe VI, me ha gustado mucho por dos razones fundamentales. La primera es que se mantuvo escrupulosamente en el marco de la Constitución, como no podía ser de otro modo según anticipé en uno de mis últimos escritos de este Blog. El mismo Rey se ha auto-calificado como un “Rey constitucional”. Y la segunda, y todavía más importante, fue la referencia que hizo el nuevo Rey a una nueva misión de la Corona que va más a allá de las funciones de la monarquía parlamentaria.

Textualmente dijo Felipe VI “Pero las exigencias de la Corona no se agotan en el cumplimiento de sus funciones constitucionales. He sido consciente, desde siempre, de que la Monarquía Parlamentaria debe estar abierta y comprometida con la sociedad a la que sirve; ha de ser una fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos, y debe compartir –y sentir como propios- sus éxitos y sus fracasos”. Esta nueva función -o si se prefiere “misión”- “de compromiso de la Corona con el pueblo”, que no es mencionada en el artículo 62 de la Constitución, me parece todo un hallazgo de Felipe VI y es un augurio de buen comienzo de su reinado.

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