Quijotismo, Sancho-Panzismo y las elecciones europeas

Publicado por el may 19, 2014

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Una de las características más sobresalientes del imperecedero personaje de Don Quijote de la Mancha es que tenía sustituida la razón por una enfermiza y desmesurada fantasía. De tal suerte que veía, como es de todos conocido, “hermosas doncellas” en quienes eran “mozas descarriadas”, un “alcaide de una fortaleza” en quien era sólo un ventero, “unos desaforados gigantes” en simples molinos de viento y, en fin, “unos encantadores” en quienes no eran más que dos frailes de la Orden de San Benito. Y cuando su escudero, Sancho Panza, un labrador lleno de sabiduría popular, le avisaba de cuál era la cruda realidad, él solía contestarle que sabía poco en materia de aventuras.

Viene a cuento lo que antecede, para subrayar que unos mismos hechos pueden ser vistos de manera muy distinta, según se miren desde la ensoñación o el ensimismamiento, o desde el realismo. Pero, así como en lo individual, es apenas trascendente la óptica elegida: ser Quijote o Sancho sólo repercute en uno mismo, no sucede lo mismo cuando se cuidan intereses colectivos. En este caso, parece más aconsejable una visión de las cosas que sea muy ajustada a la realidad, y, por tanto, lo más alejada posible del “engañoso” ensimismamiento.

Pues bien, un simple análisis de lo que está sucediendo en la presente campaña electoral lleva a la conclusión de que nuestra clase política se acerca más al “quijotismo” que al “sancho-pancismo”. Cualquier ciudadano medianamente informado sabe que la presente campaña electoral es para las Elecciones al Parlamento Europeo.

En tales circunstancias, los electores deberíamos esperar propuestas confrontadas entre nuestros políticos respecto a la mejor manera de proseguir la construcción de Europa, como por ejemplo, sobre el grado de consolidación fiscal, sobre el posible papel del Banco Central Europeo, sobre la política de inmigración, sobre la política familiar o sobre la posible reducción del sector público comunitario, por poner solo algunos ejemplos.

Pues bien, en un estado de “quijotismo” preocupante o, lo que es lo mismo, de gran alejamiento de la realidad, nuestros políticos destinan la mayor parte de sus energías a las broncas y luchas partidistas, desviando la atención hacia problemas que no se refieren a la política europea, tales como si un partido es machista o no, o si hay que oponerse ahora a una ley que no ha pasado del nivel de simple proyecto, como puede ser la del aborto.

Cervantes explicó las razones por las que Don Quijote perdió el juicio: “el poco dormir y el mucho leer”. Yo desconozco las razones del progresivo alejamiento de la realidad que viene sufriendo nuestra clase política. Pero me atrevo a decir que una de ellas es la creciente “profesionalización” de la política, que está impidiendo la necesaria renovación de nuestros dirigentes, que es la que traería la indispensable conexión con la realidad.

 

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