Los desheredados de la fortuna

Publicado por el abr 1, 2014

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No es fácil escribir sobre la pobreza, cuando nunca me he encontrado en una situación, ni familiar ni personal, en la que mi haber fuese tan escaso como para calificarme como pobre. Y faltaría a la verdad si no dijera inmediatamente que me permito opinar sobre un tema tan vidrioso desde la cómoda posición de la clase media.

Pues bien, a poco que  mire uno a su alrededor se percata enseguida de que hay más gente pobre de la que parece. Y en los últimos tiempos, bastante más que al principio del nuevo siglo. Viene esto a cuento porque, recientemente, ha habido una seria discrepancia entre nuestro Ministro de Hacienda y Cáritas sobre las cifras actuales de la pobreza. Probablemente ambos tenían razón: hoy hay menos pobres que en los dos últimos años, pero cualquiera que sea el número todavía son muchos. Sea de esto lo que fuere, lo que me parece indiscutibles es que desde el comienzo de la crisis hasta nuestros días hay muchos más sujetos y familias que tienen el escaso haber de la gente sin recursos. Y también lo es que esta disminución de la clase media ha afectado a la propia recaudación del Estado.

En efecto, como los sistemas impositivos se nutren de la clase media, cuanto mejor es su situación económica más recauda el Estado y, consiguientemente, mayores son los fondos de que dispone para atender a los ciudadanos. Las cosas cambian cuando, como nos ha sucedido, adelgaza esta sufrida clase social. Al disminuir la gente con algunas posibilidades, el Estado apenas tiene un segmento social del que recaudar suficientemente. Es verdad que aún queda la esfera de la riqueza, pero es una práctica universal que los que están ella contribuyen a los fondos del Estado con mucho menos de lo que les corresponde.

Pues bien, en momentos como los que estamos es cuando unas instituciones privadas, las benéficas, nutridas gracias a la generosidad de los ciudadanos, llegan, por amor y solidaridad al ser humano, hasta donde no alcanza el ineficiente aparato del Estado. Por eso, aunque puedan ser ciertas las frías cifras que maneja el ministro Montoro, me merece la máxima credibilidad lo que dice una institución como Cáritas, que se posa a diario en los nidos de los más desfavorecidos para puedan llevarse algo a la boca. Y, claro no hay quien sepa mejor cuántos hay y dónde están. Por eso, es de justicia ensalzar a instituciones como Cáritas que dan lo que tienen sin pedir nada a cambio, lo que hace que el ser humano pueda subsistir sin perder su dignidad, que está por encima de cualquier ideología.

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