Los antisistema violentos

Publicado por el Mar 29, 2014

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A pesar de que, según Winston Churchill, “la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por los hombres, con excepción de los demás”, hay personas que no son demócratas, sino que prefieren otra forma de gobierno. Pero así como a algunos de ellos, aunque no les guste, les puede resultar indiferente vivir en democracia, hay otros que se dedican a combatirla ferozmente. Los ataques más agresivos suelen proceder en estos casos de sujetos que se sienten más a gusto en sistemas totalitarios, ya sean de derechas, ya de izquierdas.

Los episodios de violencia antidemocrática deben preocupar a todos los demócratas y más aún en aquellas naciones que han vivido una buena parte de su historia reciente en un régimen político no democrático. No creo que exagere si digo que vivir en libertad hace menos daño a un totalitario que su falta a un verdadero demócrata. Verse privado de la libertad después de haber disfrutado de ella es como volver a la oscuridad después de haber conocido el resplandor y la belleza de la luz.

Del alarmante y repudiable fenómeno -cada vez más creciente- de la violencia antidemocrática, lo que a mí más me interesa, como ciudadano del montón, es averiguar qué sentimientos pueden mover a los que militan en los grupúsculos que azotan nuestras calles,  hostigando a los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado y volcando su furia y su ira incontenida contra el mobiliario urbano.

Puede haber otros, pero creo que el espíritu de esos agresivos alborotadores estará lleno de odio y resentimiento, y, si tuviera que precisar, más de lo segundo que de lo primero. El odio seguramente se lo habrá provocado la aversión a algunos de los pilares en los que se asienta el sistema democrático: muy probablemente el capitalismo como sistema económico. Y la pasión (así lo calificó el doctor Marañon) del resentimiento  explica su reacción enloquecida frente a la vida, ya que el destino y los demás -siempre son otros- le han impedido llegar hasta donde él creía que merecía.

No será fácil conseguir que dejen de odiar y de ser resentidos. Pero no me resisto a recordarles que, según un proverbio anónimo, “el odio es como tomar veneno uno y esperar que otro muera”; y que la única medicina del resentimiento es la generosidad, “y esta nobilísima pasión -como escribió el citado doctor Marañón- nace con el alma y se puede, por tanto, fomentar o disminuir, pero no crear en quien no la tiene”. Así que no les auguro mucho futuro a los que están en esa senda tan errada.

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