Respeto y verdad

Publicado por el Mar 22, 2014

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Se atribuye a Voltaire la frase “a los vivos se les debe respeto, a los muertos nada más que la verdad”. Si referimos ambas cosas a los personajes públicos –y es a éstos a los únicos que voy a referirme-, parece que cuesta menos mostrar veneración y acatamiento a los que están vivos que decir la verdad sobre ellos una vez que fallecieron. Y es que frente al poderoso vivo la actitud de la gran mayoría suele estar condicionada por el temor a convertirse en víctima de su arbitrariedad, lo cual mueve a mostrarse sumiso, y a algunos hasta rayanos en el servilismo.

Lo de no decir toda la verdad de los muertos de lo que fueron mientras vivían obedece a sentimientos más difíciles de descifrar. Es como si los contempláramos con unos prismáticos. Los utilizamos al revés para ver empequeñecidos sus defectos y los manejamos correctamente para agrandar sus virtudes. No descarto que esta actitud obedezca a que el hecho de seguir viviendo nos vuelve generosos ante quienes han perdido la vida. Es posible también que saber que no pueden oírnos nos libere de la cicatería con la que actuamos cuando se trata de reconocer los méritos de los vivos. Y, finalmente, no hay que descartar un cierto temor reverencial ante la muerte que induce a silenciar, por si acaso, algunos aspectos de la vida de los que están en el más allá.

Sea de todo ello lo que fuere, lo cierto es que la costumbre ciudadana de hablar bien de todos los muertos no deja de ser injusta, porque si bien la muerte iguala absolutamente, es la vida la que diferencia, y es de ésta de la que se va a hablar. Y aunque es cierto que toda vida tiene sus sombras y sus luces, se puede comprender que se omita lo negativo, pero se falta a la verdad cuando se hace pasar lo oscuro por claro.

En estos días, se habla de Iñaki Azcuna y de Adolfo Suárez. Del primero, solo conozco lo que dicen los medios, porque nunca he sido vecino de Bilbao. Pero el modo en que hablan de él sus vecinos y los que lo conocieron me hace pensar que fue un buen alcalde. De Adolfo Suárez, tengo el deber de decir algo como destinatario de su actividad política: siempre le estaré profundamente agradecido porque fue uno de los que pilotó el navío que venía cargado de libertad, una de las aspiraciones centrales de mi generación.

 

 

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