La misión del gobernante actual

Publicado por el feb 27, 2014

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En la primera década del siglo pasado, escribió Ortega y Gasset que la política no es el arte de hacer felices a los pueblos, a lo que añadió que el Gobierno debe hacer poco por los placeres de los hombres, bastante por sus necesidades y todo por su virtudes. En la sociedad actual, en la que han anidado confortablemente el hedonismo, el consumo incontrolado e innecesario y el relativismo, serán pocos los que estén de acuerdo con esta opinión. Incluso me atrevo a decir que entonces tampoco lo estuvieron, pues de haberle hecho caso no estaríamos hoy como estamos.

 

Es posible que en nuestra actual democracia los políticos no hayan llegado siquiera a plantearse si su misión es hacernos felices. Sin embargo, hubo algunos indicios, más en los tiempos recientes que en la época de la transición, que podrían movernos a creer que los gobernantes democráticos buscaban nuestra felicidad. Piénsese, por ejemplo, en lo mucho que gastaron nuestros ayuntamientos en festejos populares. Por no recordar las constantes incitaciones a que nos endeudáramos hasta la cejas para “consumir”: en pisos, coches, viajes de vacaciones, etc. No les estoy diciendo algo que ustedes no recuerden perfectamente.

 

Pero ¿mereció la pena? Los años que llevamos de crisis parecen demostrar que no. Al gastar en ocio buena parte de lo que teníamos y lo que pedimos prestado, nuestros gobernantes hicieron menos de lo que debían por nuestras verdaderas necesidades. Dejaron de lado las reformas estructurales que demandaban los nuevos tiempos, y durante este tiempo hemos visto como “adelgazaba” la hasta entonces amplia franja de la clase media, arrojando a una buena parte de ella hacia los umbrales de la pobreza; y como, paralelamente, la riqueza se concentraba en un número más reducido de ciudadanos.

 

Estoy seguro de que hoy no es fácil “gobernar” sin tener en cuenta lo que dicen las encuestas y, por tanto, lo que quiere el pueblo. Pero en los tiempos difíciles es cuando se necesitan gobernantes con altura de miras, que en este caso no hay que entender en el sentido de contemplar las estrellas, sino en el de elevar la vista sobre la realidad actual para tomar las medidas que nos permitan mejorar ante lo que ha de venir. Necesitamos estadistas, ya que como dijo en su día el canciller Otto von Bismark “el político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación”.

 

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