El minuto de gloria de un ciudadano gris

Publicado por el feb 12, 2014

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En el mundo de la publicidad se denomina publicidad “adhesiva” aquella en la que un anunciante cita una marca ajena prestigiosa junto a la suya para aprovecharse indebidamente del renombre y la fama de ésta. Algo parecido sucede en la vida: hay sujetos insignificantes con una existencia absolutamente gris que buscan unos minutos de gloria uniendo su desconocido nombre al de una persona relevante.

 

Esto es lo que ha sucedido con un profesor de la Universidad Complutense, cuyo nombre voy a proporcionar para no aumentar su reducidísima popularidad por la vía de la intriga: el señor Monedero. Este sujeto ha tenido la ocurrencia de pedir un tribunal popular para juzgar al “fascista Vargas Llosa”. El propio enunciado de su petición revela que es un ciudadano con un espíritu poco templado que hace honor al refrán castellano “cree el ladrón que todos son de su condición”. Y es que solamente un fanático de la intransigencia es capaz de ver en los demás una condición de la que él está sobrado: ser totalitarista.

 

He seguido bastante de cerca la vida, más la literaria que la política, del Nobel Vargas Llosa y, desde luego, jamás le he oído ni he visto en sus escritos una petición, ni siquiera para su principal adversario político, como la del señor Monedero. Negar que el Nobel Vargas Llosa es un demócrata convencido y practicante supone un dislate tan grande como asegurar hoy que la Tierra es cuadrada.

 

Ya va siendo hora de que los demócratas reaccionemos contra estos repartidores de calificativos que, siendo quienes sienten verdadera añoranza del totalitarismo, enmascaran sus verdaderas aspiraciones tachando a los demás de algo que no son y que pueden decir porque en nuestro país hay un libertad, la de expresión, inexistente por completo en el paraíso que tanto añoran.

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