El equilibrio del espíritu

Publicado por el Jan 26, 2014

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Hace algunos años José Saramago dijo que uno de los elementos determinantes para alcanzar momentos de felicidad era el equilibrio. Él sostenía –y creo que con razón- que lo único a lo que podemos aspirar los seres humanos es a disfrutar de esos momentos, porque el estado de felicidad permanente no existe. Y añadía que la clave está en intentar lograrlo en los distintos ámbito de nuestra vida, el íntimo, el familiar, el profesional, la amistad, el ocio, etc.

 

La palabra equilibrio nos transporta, en una primera aproximación, al campo de la física en la que significa “estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas que obran en él se compensan destruyéndose mutuamente”. Y aunque en todo estado de equilibrio hay algo de compensación de fuerzas encontradas, tengo para mí que el Premio Nobel portugués se refería sobre todo al equilibrio del espíritu.

 

De las distintas palabras que se pueden usar para definir el equilibrio del alma, creo que la que expresa mejor la idea de Saramago es la “armonía”, entendida como conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras. Es decir, cuanto más logremos poner en armonía la circunstancia que nos rodea, en mayor medida se serenará nuestro espíritu y estaremos más predispuestos para dar y recibir felicidad.

 

Sin embargo, lo más frecuente es que tengamos la vida descompensada, que tendamos a ser unidimensionales, volcados en una cosa por encima de las demás. Los hay que viven para solo para el trabajo y si tienen, por ejemplo, algún problema familiar, se extrañan diciendo que no lo entienden, que lo consideran injusto porque en su vida no hicieron otra cosa que trabajar. Y los hay que corren y corren detrás de la vida para ganar dinero y emplearlo en acumular cosas materiales, olvidando que los bienes materiales no pueden ser amigos del alma.

 

Pocos son, sin embargo, los que emplean su tiempo en alimentar su espíritu, en fortalecerlo para que actúe como fuerza que compense todas las demás, proporcionándonos el estado de ánimo idóneo para sentir intensamente los buenos momentos que nos vaya deparando nuestra convivencia con todo lo que nos rodea.

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