Los desheredados y el estado del bienestar

Publicado por el ene 20, 2014

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En los últimos días se repiten con cierta frecuencia noticias de oleadas de subsaharianos que tratan de entrar en España a través de Ceuta y Melilla o de las costas andaluzas. Tanto en un caso como en el otro, los implicados llevan a cabo acciones de riesgo, ya sea herirse con las cuchillas de las vallas, ya perder la vida en sus viajes en las pateras. Y lo que es peor, muchas veces inútilmente, porque si son detenidos los devuelven a sus países de origen hasta que puedan volver a intentarlo.

 

Al ver a esos seres humanos, uno no puede menos que pensar que tiene que ser muy deplorable y dramática la situación que intentan dejar detrás para mantener fija la idea de arrostrar los peligros que les pueda deparar su aventura. Sobre esto creo que no hay duda.  Lo que no sabemos es que piensan encontrarse aquí. Parece obvio que parten de que el mundo al que desean acceder es infinitamente mejor que el que abandonan. Seguramente, muchos tendrán sueños legítimos de insertarse plenamente en una vida más confortable, más saludable, y más próspera. Y en esa fábrica de sus anhelos que es la fantasía, habrá quienes se vean disfrutando por entero como cualquier ciudadano español de nuestro estado de bienestar. Pero incluso en sus ataques de realidad pensarán que si el infortunio les hace soportar  la vida más depauperada que se pueda llevar en España, siempre será muchísimo mejor que la que les hizo huir de sus países.

 

Y por aquí llego a dos reflexiones. La primera es lo mucho que se ha elevado nuestro nivel de vida desde la posguerra. A más de uno de los que la vivieron le he oído decir cuando le hablaban de la presente crisis que la situación actual con ser dura es mucho más llevadera que la de aquellos años. Y la segunda es que si el reparto de los recortes hubiera sido más justo y equilibrado (incluyendo a los políticos y a sus asesores), más que pensar en lo que perdimos, deberíamos valorar lo que mantenemos. Y no lo digo como un simple consuelo, sino para que no dejemos de pensar ni por un segundo que somos de los privilegiados que hemos nacido en el primer mundo.

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