La siembra y el fruto

Publicado por el Jan 14, 2014

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Ayer tuvo lugar en Zurich el acto de entrega del Balón de Oro de 2013 al jugador del Real Madrid Cristiano Ronaldo. Los medios de comunicación dieron la debida difusión a la noticia y muchos de ellos insertaron opiniones de gente del fútbol y ajena al mismo sobre el acto, el galardonado y el merecimiento del premio.

 

Mi reflexión se proyecta sobre el ejemplo de esfuerzo y de excelente prestación deportiva que supone el jugador Cristiano Ronaldo. Estoy seguro de que muchos jóvenes practicantes de tan apasionante deporte habrán sentido una sana envidia al ver recoger a Cristiano el galardón individual más importante en dicho deporte a nivel mundial. Incluso puede que más de uno haya fantaseado viéndose en un tiempo no muy lejano ganador de tan preciado trofeo.

 

Pero habrán sido muy pocos los que hayan reparado en el durísimo camino que tuvo que recorrer el jugador del Real Madrid para ser elegido el mejor jugador de 2013. Todos querríamos estar en su sitio al recoger el premio, pero muy poco estarían dispuestos a hacer el esfuerzo que tuvo que realizar para conseguirlo. Y es que hay muy pocas cosas que se consiguen sin esfuerzo y, desde luego, ninguna que sea importante. Como dijo su entrenador, Cristiano es un ejemplo de profesionalidad dentro y fuera del campo. Por eso, aunque sucede a veces que quien lo merece no es debidamente premiado, hay que alegrarse en aquellos casos, como éste, en el que el galardón se ha otorgado a quien se esforzó extraordinariamente por alcanzarlo.

 

En un tiempo como el actual, en el que nos manifestamos con tibieza a favor de la cultura del esfuerzo, conviene poner de ejemplo casos como el del Balón de Oro, en el que quien sembró recogió el fruto de su trabajo. Se podrá decir que hubo otros jugadores que sembraron y no pudieron recoger la cosecha, pero no se podrá negar que el que la recolectó había sembrado, y mucho.

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