Noche de San Nicolás en Bohemia

Publicado por el dic 3, 2012

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En el diciembre de Bohemia a las cuatro apenas queda un rastro de luz. Y a eso de las diez parece madrugada, con los adoquines alfombrados de rocío. Hay mucho tiempo para fabular. En la noche del 5 al 6, por ejemplo, las calles se llenarán de ángeles y demonios, y de personajes vestidos de San Nicolás, el hombre bueno que reparte regalos a los niños que lo merecen y deja a los traviesos en manos de los diablillos. Esta semana comienza el Adviento en Bohemia, se encienden las luces en las plazas abrazadas por edificios renacentistas de los siglos XV o XVI, en ciudades mágicas como Trebon, Cesky Krumlov y, por supuesto, Praga.

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En San Nicolás, una hilera de personas, abrigadas hasta las orejas, caminará a media tarde, ya noche cerrada, hacia la plaza de Cesky Krumlov, la pequeña Praga, una bellísima y bien conservada ciudad medieval a orillas del Moldava fundada en el siglo XIII, que perteneció a tres de las grandes familias de la región, los Rozmberk, entre 1302 y 1611, los Eggenberg y los Schwarzenberg. Caerá probablemente una lluvia finísima, y el árbol de Navidad aún estará a oscuras. El mercadillo, sin embargo, hará rato que ha levantado su telón. Olerá a castañas asadas, a dulces con almendras. En un escenario, una coral de voces blancas interpretará villancicos y canciones populares mientras dos sacerdotes esperarán a pie de escalera para bendecir el momento. Cuando lo hagan, quizá media hora más tarde, el árbol se encenderá como por arte de magia. La Navidad es una de las grandes fiestas de este corazón del sur de Bohemia, un lugar que empieza a colarse en la agenda de los turistas que quieren brujulear más allá de Praga.

Cesky Krumlov está incluida en la lista del patrimonio mundial de la Unesco, y su castillo es el segundo más importante de la República Checa, después del de la capital, con no menos de trescientas estancias, incluidas las habitaciones de los Rozmberk, decoradas con bóvedas de madera y murales renacentistas. El paseo desde el puente que cruza el Moldava, caudaloso y esta semana todavía sin un barniz de hielo, nos traslada al Medievo sin necesidad de cerrar los ojos. Abundan los objetos de madera en las tiendas, y la artesanía local en el tradicional mercadillo de la plaza, justo en frente de la iglesia de San Vito, un edificio gótico de principios del siglo XV. Un poco más allá, una vista general del río, el castillo y el centro histórico, que tiene la forma de la copa de un árbol, deja con la boca abierta a los viandantes. “Un lugar para huir con un amor imposible”, bromea una turista austriaca que dice llevar una semana entre estas callejuelas.

Los mercadillos son una de las tradiciones más arraigadas en Bohemia, como en muchos otros lugares de Centroeuropa. Los ha habido siempre, dedicados a la Navidad o a la Semana Santa, a las frutas que se acaban de recoger o a las más variopintas especialidades artesanas. Los de estas semanas de diciembre, sin embargo, están cargados de luz y de historia. Dice Zlata Mederos, una checa que viaja a España en coche (1.800 kilómetros a Barcelona) al menos una vez al año, que está prohibido vender objetos de importación, plástico “made in China”, y que todo lo que podemos hallar en una tarde de rastreo por estas casetas es de origen local. “Es nuestro sello de identidad”, afirma.

Los mercadillos de Praga, el de la Plaza Vieja o el de la de Wenceslao, son los más aparatosamente llamativos, como toda la ciudad, de una belleza romántica que atrae a millones de turistas cada año. Sin embargo, la región de Bohemia es una tentación mucho menos conocida y salpicada de atractivos. Desde la carretera, luce un paisaje verde y de suaves colinas, con tachuelas de no más de 1.600 metros. Alrededor, amplias praderas y zonas boscosas de robles y pinos, además del omnipresente arrullo del Moldava, que nace en los montes Sumava. Y, desde luego, los pueblos, muchos de ellos dotados de un evidente encanto, fotogénicos, listos para posar para cualquier postal. Durante el siglo XIII se construyeron varias ciudades fortificadas en esta zona para defender al rey. Esos centros históricos conforman hoy un itinerario por descubrir, con Cesky Krumlov en cabeza, y no muy lejos, Jindrichuv Hradec y Trebon, llenas de edificios bien conservados.

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