El erotismo de un lunar

Publicado por el May 2,2017

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 La moda es futil, pasajera y caduca. Nos llama la atención algunas tendencias actuales, como pueden ser los pantalones rotos, los pelos de colores o los zapatos con plataforma y no pensamos en que no se cambia del día a la noche, y la historia de la sociedad nos demuestra que hemos tenido caprichos estilísticos toda la vida.

En Europa, desde el siglo XVII, la moda demandaba utilizar todo tipo de maquillajes y cosméticos. Empezaron a ponerse de moda los lunares postizos, que llegaron a convertirse en una gran herramienta para coquetear, tanto para hombres como para mujeres. Existen teorías que explican que el gran furor que se extendió por estos lunares se explicaría por los estragos que causó la viruela a finales del siglo XVII. Esta enfermedad dejaba cicatrices por todo el cuerpo de la persona afectada, y estos pequeños parches de seda o terciopelo cubrirían así las marcas. Los lunares, de diferentes formas y tamaños, se colocaban en rostro, cuello o escotes.

Auténticos lunares siglo XVIII Fuente: Early Modern Medicine

Auténticos lunares siglo XVIII
Fuente: Early Modern Medicine

En el siglo XVIII aparecieron las vacunas y se erradicó esta enfermedad, así que los lunares pasaron a tener un uso meramente estético. Hubo tal furor que ha quedado reflejado tanto en pintura como en literatura; de hecho, las hermanastras de la Cenicienta compraban lunares postizos en las merecerías de París, según escribió Perrault.

En Francia por ejemplo, se les llamaba “moscas” (mouche). Estos lunares se guardaban en pequeños estuches y cambiaban su disposición al antojo de su dueño. Además de circulares, estas moscas tenían forma de lunas, flores, bestias, corazones o estrellas.

Estuches para guardar lunares. Fuente: www.vestuarioescenico.worldpress.com

Estuches para guardar lunares.
Fuente: www.vestuarioescenico.worldpress.com

En estos tiempos del Cardenal Richelieu estas piezas no solo ocultarían las marcas de la viruela, sino también de lesiones, cicatrices e incluso granos y problemas cutáneos varios. No se olviden que hablamos de una época donde la higiene brillaba por su ausencia, y los maquillajes permanecían semanas sin ser retirados de la piel.

Al igual que sucedió con el abanico, el uso masivo de estos lunares condujo a la creación de un lenguaje silencioso. En 1654 se publicó en Francia un ensayo llamado “Sobre la situación de los lunares sobre el rostro de las damas con observaciones exactas de su tamaño y su forma, según los lugares donde ellos son colocados”, (Loterie  d’Amour. La  Vie privée d’autrefois).

 Esto decía una mujer según dónde se colocase el lunar:

Lunar en la mejilla derecha: estoy casada

Lunar en la mejilla izquierda: estoy prometida / viuda (he encontrado las dos teorías)

Lunar junto a la boca: disponible para ligar

Lunar en el labio superior: mujer soltera dispuesta a tener citas

Lunar en forma de cupido: busco amor

Lunar medialuna: disponible para tener una cita nocturna

Lunar junto al ojo: busco sexo

 

Fuente: Hair and Makeup Artist Handbook

Fuente: Hair and Makeup Artist Handbook

 

 

Como todo en esta vida, ni siquiera este invento de los lunares postizos fue descubierto por los franceses del siglo XVIII. Ya hay vestigios de que en la antigua Roma se utliizaban los esplenia lunata (lunares postizos de tela) para adornar los pómulos de los jovencitos affeminati. Los cronistas Marcial y Ovidio describen muy gráficamente en sus textos como estos jóvenes paseaban por la Vía Apia mirando sugerentemente a los patriarcas del imperio.

De hecho, Marcial va un paso más allá y habla de unos grandes parches en forma de estrella que se colocaban algunos hombres en la frente para ocultar las marcas que les hacían a los esclavos con un hierro al rojo vivo.

En nuestro país, los lunares fueron rápidamente adoptados como un signo más de seducción. En la Lozana Andaluza, los lunares postizos aparecen como un complemento más al servicio de la sensualidad de los barrios bajos de Roma del siglo XVI.

Doña María de la Luz Padilla y (Gómez de) Cervantes. Cuadro de Miguel Cabrera, 1760.

Doña María de la Luz Padilla y (Gómez de) Cervantes. Cuadro de Miguel Cabrera, 1760.

Pasado el furor por los lunares, su uso quedó reservado para las prostitutas decimonónicas, quienes ocultaban con estos parches sus marcas venéreas. Tras décadas en desuso, fue Hollywood quien recuperó la estética del lunar postizo, aunque esta vez pintado sobre la piel. ¿Quién no recuerda los lunares naturales o pintados de Roger Moore o Marylin Monroe?.

En nuestros días, muchos jovenes prefieren marcar su rostro con piercing que emulan los lunares de grandes divas internacionales como son Cindy Crawford o Madonna.

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