Vamos a contar mentiras

Publicado por el Jun 22,2016

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Luciano de Samosata, escritor sirio de expresión griega, retórico y humorista dijo hace siglos“Me decidí a mentir, pero, eso sí, con más honestidad que los demás, ya que hay un extremo sobre el cual diré la verdad, y es que voy a contar mentiras”

Todos mentimos, y el que lo niegue, miente el primero. Luego hay clases y clases de mentiras, desde las blancas de los niños pequeños, las que se hacen por omisión, las que se creen de tanto repetirlas (véase algún político), las que se hacen para hacer daño y las mentiras burdas que encima creen que cuelan “no te escribí porque estaba muy liado”.

 

Uno de los temas más atractivos sobre le lenguaje corporal es cómo detectar mentiras. La verdad es que ser mentiros no es nada sencillo. Hubo alguien que dijo una vez que para sustentar una mentira había que inventar veinte más. Lo cierto es que nuestro cerebro está preparado para no mentir, así que estudiando el lenguaje no verbal de nuestro cuerpo, es fácil ver cuándo lengua y cerebro se contradicen.

 

Sudor

El nerviosismo hace que cuando una persona se siente amenazada empiece a sudar copiosamente. Nuestro cuerpo rompe a sudar cuando el sistema límbico presiente que nos encontramos ante un peligro inminente. El cuerpo suda anticipándose a la actividad física que elevaría nuestra temperatura corporal (correr para huir). Como en este caso no hay movimiento, por eso los mentirosos se sienten más fríos “un sudor helado perló su frente….”

Fuente: Wikihow

Fuente: Wikihow

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La saliva

Tragar saliva es un proceso automático que hacemos todo el tiempo, pero si estamos nerviosos se hace de manera casi deliberada y se nota. El gesto de rozarse el cuello de la camisa mientras se traga saliva parece una viñeta que grite ¡miente!. Este hecho es aún más visible en los hombres, pues la manzana de Adán es fácilmente visible.

 

Cambios en la manera de hablar

Cuando se miente, generalmente no queremos que el tema nos salpique, así que la persona no se suele involucrar.  Es lo mismo que cuando los estudiantes dicen “He aprobado- me han suspendido” o los aficionados al fútbol “Hemos ganado – España ha perdido”.  Es común el uso de pronombres imprecisos ( nosotros, ellos…) para separarse emocionalmente de la mentira.

Cuando se miente se suele dar más información de la necesaria. Las excusas se vuelven amplias y farragosas, dando mil detalles innecesarios. Cambia el tono de voz (más aguda y más alta), la velocidad (se suele hablar más rápido) y la forma en la que uno se expresa.

 

Posición del cuerpo

Una persona confiada tiene una posición recta y relajada, cuando una persona miente el cuerpo tiende a verse más pequeño, así que nos encogemos.

También se suelen poner los brazos cruzando el pecho, como si nos estuviésemos protegiendo.

Un mentiroso no puede evitar las confrontaciones frente a frente. Por ello, prefiere girar un poco el cuerpo.

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Manifestación facial

Mentir requiere que nuestro cerebro trabaje a marchas forzadas y aumente su actividad. No se puede evitar hacer microexpresiones como parpadear, mover la nariz, tocársela, morderse los labios…

Como la gente suele ponerse nerviosa, la mayoría tiende a tocarse, rascarse o frotarse las manos de manera impulsiva para intentar controlar esos nervios.

¿Qué hace un niño instintivamente cuando escucha una mentira o una grosería? Se tapa la boca con ambas manos como diciendo ¡no me lo puedo creer!. En los adultos, esta manifestación se deriva en esos pequeños toques en la nariz o en la comisura de los labios. Phillippe Turchet definió en su libro “El lenguaje de la seducción” la relación de estos micropicores con las mentiras.

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El contacto visual

Cuando una persona miente, evita el contacto visual o al contrario, fija la mirada en el contrario de manera antinatural.

 

Repetir la pregunta

Cuando se le hace una pregunta comprometida a un mentiroso, como necesita ganar tiempo,  la repite como si no nos hubiese escuchado o entendido. Esta acción la hace para ganar tiempo e hilvanar su mentira, ya que los centros de procesamiento del cerebro tienen que empezar a funcionar a toda velocidad de golpe.

Cuando una persona miente, las pausas entre cada palabra aumentan unas décimas de segundo.

 

Responder sin pensar

Cuando ante una pregunta incómoda ¿Qué hiciste anoche? alguien recita un texto sin pensar y lleno de detalles, desconfía. Puede que haya ya pensado su coartada y esté “recitando” la respuesta. Una persona que realmente no tiene que recordar se toma su tiempo en estructurar los detalles; puede contestar calmadamente pues habla con la verdad.

Micropicores (estaría mintiendo el politico escocés Carmichael?)

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