Boli, chaqueta y los Picapiedra… el otro debate

Publicado por el Dec 8,2015

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A estas alturas, muchos estarán ya hartos de oír hablar del debate electoral a cuatro bandas entre los principales partidos políticos españoles: PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Y lo que nos queda. Ellos eran los primeros que sabían que no se enfrentaban a un debate “a la americana”, sino que se juegan mucho más… el voto del 20% de la población indecisa, por ejemplo.

Y para convencer, no sólo hay que hablar, sino medir cómo se transmite el mensaje; es aquí donde entra en juego el lenguaje no verbal, el de las emociones, los gestos y las posturas.

Desde luego, el escenario no era el más propicio (a mi juicio) para una contienda de estas características. Los candidatos estuvieron dos horas de pie sin atril ni ningún elemento de apoyo. Toda mi moral anoche estaba con Sáez de Santamaría, que aguantó las dos horas subida a los tacones. Los cuatro candidatos hablaron y mucho. Pero lo que se callaron dijo mucho de ellos también.

 

 Vestimenta

Soraya Sáez de Santamaría vestía una especie de casaca azul muy oscuro con pantalones entallados negros y tacones medios. Un conjunto excesivamente oscuro, quizá para no dar ninguna importancia a su vestuario y sí a sus palabras.  Quizá por ello no llevaba las uñas pintadas, aunque toda la atención la acaparaba el anillo enorme de su mano derecha. Y si os fijáis, la cadenita de oro el cuello le iba estrecha. Iba impecablemente maquillada y peinada, muy guapa.

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Pedro Sánchez fue para mí la sorpresa de la noche. No iba de traje, sino que llevaba una americana y un pantalón y corbata. Así transmite una imagen de formalidad “pero no tanto”. Lo que no entiendo es quién le hizo combinar una chaqueta azul con corbata roja, pantalones negros y zapatos marrones. Todo un despropósito cromático. Y por cierto, mirad la americana… no estaba demasiado limpia.

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Albert Rivera quiere suplir su juventud con trajes clásicos para mostrar seriedad. El problema que tiene es que no siempre encuentra chaqueta que se adapte bien a su cuerpo. El traje de ayer de Hugo Boss tenía demasiado brillo para un formato televisivo y parecía que la chaqueta le quedaba estrecha. Coincidió en el color rojo de la corbata con el secretario general del PSOE. Zapatos impolutos y en general, una imagen muy pulcra.

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Pablo Iglesias. Esta es una de las veces que más me ha gustado la imagen del líder de Podemos. Fiel a su estilo, vistió una camisa azul y unos vaqueros oscuros que le sentaban muy bien. Cada vez que le veo, lleva más pulseras de hilo y cuero en ambos brazos. Hasta siete le conté ayer.

Debería haberse puesto una chaqueta, o al menos haberse abotonado las mangas. Es cierto que no iba a perder su identidad vistiendo un traje como Rivera, pero también debemos saber vestirnos en concordancia al lugar al que vamos. Si para él una americana es un disfraz, podría haber probado otro tipo de prenda, tipo blazer. Además, no ya sólo por estética, sino por un sentido mucho más práctico: como dijeron en Twitter, se “marcó un Camacho”. Ya fuese por los nervios o por el calor de los focos, Iglesias lucía dos redondeles de sudor muy marcados que le obligaron a pegar los brazos al cuerpo durante toda la parte final del debate. Eso no le hubiese pasado con una camisa blanca.

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Actitud y gestos

Al inicio del debate se veía que los cuatro estaban bastante tensos y que no se sentían cómodos.

Pablo Iglesias tiró de su comodín anti-nervios habitual, un bolígrafo que no soltó en las dos horas que duró el careo. Además, el bolígrafo era marca bic, muy populista. Para mostrar seguridad y marcar espacio, Iglesias se mantuvo casi todo el tiempo con las piernas excesivamente separadas, parecía que acababa de bajar del caballo. Una postura muy dominante, muy de “macho alfa”.

El secretario general de Podemos parecía relajado, incluso sonreía de manera sincera, pero al final dio la impresión de estar enfadado, marcando mucho la arruga del entrecejo. Iglesias parecía interactuar con el público, ya que gesticulaba dando su opinión (sorpresa, asco, desprecio…) a todo lo que decían el resto de oponentes.

Eso sí, hablar hablaba de manera convincente, como cuando adjudicó a Churchill la cita “tortura los números y lo confesarán todo” o cuando se inventó la empresa House Water Watch Cooper ante el asombro de Sánchez. Eso se llama mentir sin que te tiemble el pulso.

 

Soraya Sáez de Santamaría mantuvo muy bien el tipo, aunque tuvo la expresión corporal más difícil, en una postura muy neutra. Casi no movió las manos de ambos lados del cuerpo y se mostró muy serena, pero como si llevase el guión aprendido. Como si sus asesores le hubiesen dicho que no se moviese demasiado. A ella que le gusta ser mordaz y rebatir (recordad su agresiva frase “en mi puta vida he visto un sobre”) ni siquiera entró con garra a responder las alusiones de sus oponentes.

Soraya a veces demostró nerviosismo pues le fallaba la respiración y hablaba de manera interrumpida y con la voz entrecortada, como cuando se debatió sobre la violencia de género; ahí sí que la vicepresidenta dejó mostrar sus emociones.

La vicepresidenta levantó muchas veces al hablar el sagital superior, es decir, el mentón. Este gesto  no tiene nada que ver con que sea bajita, sino que se utiliza en ocasiones en que nos creemos superiores… o bien en personas con prepotencia.

 

Pedro Sánchez mostró seguridad pero según iba avanzando el tiempo también acusó cansancio. Sus manos se movían con naturalidad pero su sonrisa era muchas veces fingida e impostada. Su mandíbula también se veía tensa, quizá porque no esperaba tantos ataques como recibió. El secretario general socialista era el que menos habló en los primeros bloques, pero reía demasiado. Una risa que no era espontánea, sino denigrante y con la que quería interrumpir el discurso de sus oponentes.

Rivera tirando de la chaqueta desde el minuto uno

Rivera tirando de la chaqueta desde el minuto uno

 

Albert Rivera era puro nervio, y resultó verdaderamente agotador seguir sus movimientos: se balanceaba, movía los pies, frotaba sus manos, cruzaba los brazos… y descubrió un nuevo tic: tirarse compulsivamente la chaqueta para abajo.  Volvió a mostrar su micropicor de la mano derecha: este gesto le delata su inseguridad y su miedo. Rivera es una persona muy controladora, se le ve en su media sonrisa (impostada), y es capaz de ser frío y de reprimir sus emociones pero no su nerviosismo.

 

Entre ellos también se dijeron muchas cosas:

  • Sáez de Santamaría y Sánchez se intercambiaron varias sonrisas de complicidad y miraditas cuando hablaba Rivera ¿superioridad o quizá desprecio?
  • Hubo un momento en el que parecía que oía un episodio de los Picapiedra con comentarios como:

–       ¿Pero qué dices Pablo?

–       Estate tranquilo, Pedro.

Sánchez e Iglesias se tutearon desde el principio, mientras que Rivera y Sáez de Santamaría se trataron de usted y por el apellido. Sólo al final, al hablar de violencia de género, la número dos de los populares se atrevió a tutear a sus compañeros.

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