La niñofobia

Publicado por el oct 18,2015

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Foto de visitlondon.com

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He encontrado este texto en Facebook, y quisiera compartirlo con todos vosotros. Pertenece a una madre, H.T., y creo que debería hacernos reflexionar. Es cierto que es labor de los adultos educar a los niños, pero también es responsabilidad de los mayores no descargar frustraciones o abusar de los pequeños. Insultar a un niño no te hace más maduro sino más despreciable. Los niños son presas fáciles pues sabes que no pueden defenderse. Éste es un ejemplo de intolerancia hacia una niña en concreto, la hija de esta madre, pero hay muchos más. A veces olvidamos que también fuimos niños.

¿Realmente existe la niñofobia?

 

“Laura cumple doce años dentro de una semana. Ha comenzado el Instituto hace un mes. Lleva una mochila tan cargada de libros y cuadernos que parece un sherpa cuando sale de casa. Su instituto está a unos 25 minutos de casa andando. Pero va en autobús porque ese peso en su espalda nos parece excesivo.
Hasta aquí nada muy original. Queda con sus amigos en la parada. Parece feliz, yo diría que lo es.
Pero…. aquí está el pero…. este mundo nuestro no quiere niños. Estorban. No gustan. Este verano en las redes sociales hubo una campaña de Stop Niñofobia. Parece exagerado, ¿verdad?. Pues sigue leyendo.
Los niños de doce años no suelen ir solos a ningún lado. Eso es cierto. De hecho, nosotros tenìamos y tenemos plan B previsto y su padre pidió un cambio de turno para poder acompañarla por las mañanas. Los miedos aprendidos….
Pero ella y sus compañeros se han acoplado genial a esto de ser autónomos. Y hemos pensado que es bueno. Que solo una ciudad con muchos niños solos por la calle puede ser segura para los niños….
Pero queda mucho por hacer. La mayor parte de los niños van en ruta o en coche a sus lugares de estudio, así que a los adultos nos falta costumbre de compartir espacios públicos con ellos.
La primera vez fué recién empezado el Insti. No le dimos importancia. Será un caso aislado, pensamos. Pero no, se repite todas las semanas. Los niños entran en el autobús en hora punta, con sus mochilas. Si hay sitio libre, se sientan, pero si alguien va de pie, ceden el sitio. Los niños ríen y se divierten entre ellos, porque ese es su estado natural. Los niños suben al autobús con su energía de río nuevo, de corriente fresca y limpia.
Y eso, esa belleza, esa alegría, molesta. Siempre hay un gilipollas, así de claro, que les regaña, que les habla mal, que les espeta un palabro: Esa mochila, niño, qué pesados que sois. No la pongas en la espalda que nos das a los demás con ella, ¿es que no lo ves?. Quítala del suelo que nos vamos a caer por vuestra culpa. No os riáis, payasos, qué dolor de cabeza me ponéis. Tú qué miras, atontado, aparta.. Asì, casi siempre gente que supera los sesentaymuchos….
Qué valentía, insultar a un niño.
Qué valentía, estar al lado y guardar silencio o mirar para otro lado y no defenderles cuando son maltratados.
Qué mundo tan enfermo.

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Laura llega a casa triste y enfadada. Ayer, rabiosa. Una señora le dijo que si no paraban de reírse le iba a dar una ostia….y Laura, que es de respuesta rápida y de lengua suelta ante las injusticias, quiso decirle que a ella jamás le han puesto la mano encima, pero se calló por miedo. Laura tuvo miedo. Mucho, de verdad, mamá, pensé que me iba a pegar…. La amenaza surtió efecto. Laura y sus amigos dejaron de jugar y de reir.
Laura y sus doce años. Pequeña y aparentemente frágil. Como sus amigos. Por eso los tratan así. Tal vez, dentro de unos años se dejen rastas, vayan un poco sucios, con tatuajes… habrán crecido y serán más altos y corpulentos que la mayoría de los que ahora les hablan mal. Entonces podrán romper un asiento, comer pipas en el autobús o cantar a voz en grito. No les dirán nada… vaya cobardes, esos que ahora no saben dirigirse a ellos con educación.
El mundo necesita niños. No que tengas hijos necesariamente. No que te gusten los niños. No es preciso. Pero no podemos excluirlos ni faltarles al respeto. Son pasajeros de Primera de este viaje, no lo olvidemos. Ellos son nuestro espejo. Sus miedos hoy, serán nuestras obsesiones de mañana. Hay que cuidarlos, honrar ese intangible que llevan dentro, mimar su esencia. Sin prisas. Sin expectativas. Solo respeto y amor porque nos traen VIDA, futuro, nos traen esperanza solo por estar… y sí, a veces sus movimientos son bruscos, su risa es en agudo y superalta, su energía parece arrolladora y nos rompe la aparente paz….
Son niños….
Como deben ser.
Laura y yo vamos a crear unas tarjetas para ella y sus amigos. Las llevarán con el Abono Transporte y las repartirán cuando se sientan mal tratados…
” Disculpe si le molesta mi risa, mi mochila o las bromas con mis amigos. No pretendo ofender a nadie. Solo soy un niño viajando en autobús. .Esté tranquilo, la infancia no se contagia. Le deseo un gran día.”
STOP NIÑOFOBIA”

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