Siria, el epicentro de la tormenta

Siria, el epicentro de la tormenta

Publicado por el feb 2, 2014

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Siria es hoy el epicentro de todas las tensiones que vive el mundo árabe, que se hicieron más patentes tras el estallido de la denominada “Primavera Árabe”, un ola de protestas que cuestionaba la legitimidad de gobiernos dictatoriales, corruptos y relativamente competentes a la hora de proporcionar a sus respectivas sociedades un futuro digno, una esperanza de vida para los integrantes de un baby boom que accedía al mercado de trabajo sin suficiente educación en la mayoría de los casos y sin posibilidades de encontrar un puesto que les permitiera iniciar una vida profesional estable y constituir una familia.

En unos casos los gobiernos han podido amortiguar la presión realizando cambios, más o menos importantes, en sus sistemas políticos para dar satisfacción a ciertas demandas. Es lo ocurrido en monarquías arraigadas en sus sociedades, como la marroquí o la jordana. En otros casos los regímenes se han venido abajo, situación característica de dictaduras militares aparentemente bien asentadas pero carentes de hecho del prestigio social suficiente. Nuevos regímenes se han tratado de constituir en su lugar, con escaso éxito por ahora. Lo sucedido en Egipto, país todavía inmerso en una inacabable transición de una dictadura militar a otra dictadura militar, siempre disfrazada de pseudo-democracia, es quizás el ejemplo más ilustrativo. En el Golfo Pérsico los petrodólares continúan cumpliendo su función adormecedora, aunque sus efectos disminuyen ante las tensiones regionales a las que más adelante haré referencia. Por último en Siria las revueltas populares devinieron en una guerra civil con querencia a generalizarse, primero hacia Líbano y finalmente a un conflicto regional.

Para poder seguir los acontecimientos que se desarrollan en la zona, tan dramáticos como vertiginosos,  sería oportuno detenerse y tratar de distinguir tensiones distintas que, sumadas unas a otras, han desembocado en la crisis siria, epicentro de la tormenta que asola la región.

Modernización vs. Atraso.

El gobierno de Damasco, como cualquier otro del mundo árabe, es una dictadura. Allí, como en muchos otros rincones de la región, hay un creciente rechazo a la arbitrariedad, corrupción e incompetencia característica de estos regímenes. Si entre las elites se percibe una demanda de libertad entre las clases más humildes se exigen oportunidades para poder desarrollar una vida digna, esa de la que tienen conocimiento por los medios de comunicación de masas y que, por razones incomprensibles, se les niega.

Suníes vs. minorías.

Siria es un país de mayoría árabe suní, pero con un número importante de minorías, entre las que podemos citar distintos grupos cristianos, shiíes, kurdos… , minorías que encontraron en el socialismo nacionalista y laico del partido Baas el refugio en el que guarecerse frente al islamismo de los Hermanos Musulmanes, que han venido protagonizando el campo suní durante las últimas décadas. Los alauitas shiíes representados por la familia Assad se hicieron con el control del baasismo, imponiendo una dictadura cruel y asesina, dispuesta a utilizar la violencia con la mayor contundencia imaginable si la situación lo requería. A menor legitimidad y arraigo mayor necesidad de recurrir al terror sistemático para retener el poder.

Islamistas vs. resto

El Islam está en crisis como consecuencia de su dificultad cultural y económica para adaptarse a un mundo globalizado. El vértigo por el cambio cultural, el miedo a perder su propia identidad en un nuevo contexto internacional, el no reconocimiento de su propio fracaso para desarrollar economías competitivas y, sobre todo, el fracaso de los regímenes erigidos tras la independencia para dirigir procesos de modernización efectivos han creado las condiciones para el auge del islamismo. Las distintas escuelas islamistas coinciden en culpar a Occidente y a sus aliados nacionalistas árabes de las desgracias propias y propone la vuelta a un Islam fundamentalista como alternativa, un autoengaño que sólo agravaría aún más la situación. Tanto en el campo suní como en el shií la evolución es patente. Si entre los suníes fueron primero los Hermanos Musulmanes y ahora los jihadistas  quienes se han hecho con el control de la situación entre los segundos hemos visto como los antiguos baasistas han buscado el respaldo de los ayatolás de Qom y Teherán, facilitando tanto una vuelta a la ortodoxia shií como su radicalización.

El nuevo califato

Para un islamista hay tres elementos fundamentales que no son objeto de discusión: no hay más ley que la sharia o la que de ella proceda, no hay más comunidad que la formada por los creyentes, la umma, y no hay más gobierno legítimo que el califato, donde religión y política se confunden en un todo perfecto. Del califa emanará la autoridad para el ejercicio de los gobiernos locales. Por singular que nos pueda parecer los gobiernos islamistas actúan desde esta óptica y en estos momentos vivimos una tensión entre Arabia Saudí, Irán y Turquía por el liderazgo en el Islam que, en última instancia, trataría de constituirse como califato. El eje shií formado por Irán, Iraq, Siria y Líbano es algo más que shií, es sobre todo islamista, actuando en clave de pugna por el califato. Arabia Saudí, con una monarquía que encuentra su legitimidad en el compromiso con el wahabismo y con la protección de los santos lugares de Meca y Medina, ha venido ejerciendo como vago califato post-moderno, donde la auctoritas trata de ocupar el espacio dejado por la potestas del último califato, el ejercido por el Imperio de la Sublime Puerta. La Casa de Saud lleva años bajo el protectorado de Estados Unidos y en esta gran potencia ha tratado de apoyarse para contener el expansionismo persa en Siria, Líbano, la Franja de Gaza, Iraq, Bahrain y la propia Arabia. Una contención que viene desde la Revolución Jomeinita con la Guerra Iraq-Irán como primer episodio.

Árabes vs. Persas.

¿Cuánto de rusa y cuánto de soviética tenía la política exterior de la Unión Soviética? Durante años estuvimos dando vueltas a esta pregunta, disfrutando de excelentes trabajos académicos como los sobresalientes de Hélène Carrére d’Encausse, pero sin llegar a una respuesta definitiva ¿Cuánto de persa y cuánto de shií tiene la política exterior iraní? No tengo una respuesta, pero es seguro que ambos elementos están presentes, entrelazados de forma inescrutable, combinando elementos cargados de historia pero de distinta procedencia. Dos culturas de largo recorrido, la árabe y la persa, representan dos formas de entender el Islam, suníes frente a shiíes, con el trasfondo de la pugna por el liderazgo de una de las más grandes comunidades de creyentes, el Islam.

Rusia vs. Estados Unidos

La crisis y posterior desaparición de la Unión Soviética permitió a la diplomacia norteamericana ejercer una influencia extraordinaria sobre el Mundo Árabe, como quedó de manifiesto en la primera Guerra del Golfo en los días del presidente George H. W. Bush. La nueva Rusia ha tratado de recuperar el terreno perdido para hacer valer su papel en la política internacional. Irán fue su primer punto de apoyo, aprovechando su posición de apestado tras la crisis de los rehenes norteamericanos. Al tiempo que perseguía brutalmente a los islamistas en el Cáucaso vendía armamento, tecnología nuclear y respaldaba diplomáticamente a Irán y a sus aliados desde el Consejo de Seguridad. Por el contrario, Estados Unidos ha tratado de contener su expansionismo y detener su programa nuclear, estableciendo para ello “líneas rojas” cuya vulneración daría paso al uso de la violencia. Sin embargo, llegado el momento Estados Unidos, bajo la presidencia de Barack H. Obama, ha rehuido la lógica que le llevaba al uso de la fuerza y trata de atraer a Irán y sus aliados hacia un espacio de entendimiento. Tras dos guerras en la región que han provocado con el tiempo un fuerte rechazo social y adquirida la autosuficiencia energética Washington considera llegado el momento de superar el entramado diplomático heredado de la Guerra Fría. La nueva diplomacia norteamericana marca distancia tanto de los estados árabes como de Israel mientras tiende puentes de entendimiento con Irán. Obama ensaya una estrategia de pacificación en la idea de que reconociendo a Irán como uno más y aceptando su programa nuclear, siempre y cuando renuncie a su uso para fines militares, sería posible estabilizar la región mediante un sistema de balanza de poder. Los pasos dados han causado gran impresión, provocando una fractura en el Consejo de Cooperación del Golfo y animando a Arabia a actuar por libre con el limitado apoyo de Francia y quizás con el tiempo de China. Al otro lado del Estrecho de Ormuz surgen dudas sobre cómo aprovechar la nueva política norteamericana para consolidar el programa nuclear, la influencia en Iraq, Siria y Líbano y continuar debilitando el nexo entre Estados Unidos y sus antiguos aliados de Israel y Arabia Saudí.

Proliferación vs. control de armamentos

El giro norteamericano abre la puerta para el reconocimiento del programa nuclear iraní, lo que garantizaría al régimen de los ayatolás el conocimiento y los medios técnicos para, en el momento que lo considerara oportuno, dar el paso para dotarse de cabezas nucleares. En estas circunstancias sólo cabe un rearme de los estados vecinos así como una reorganización de las Fuerzas Armadas. Qatar y Emiratos Árabes Unidos están modificando sus servicios militares mientras que todos ellos están incrementando sensiblemente sus arsenales, para lo que recurren a las industrias china y francesa. Arabia lleva años amenazando con adquirir armamento nuclear. Parece llegado el tiempo de dar el paso, que sería en dirección a Pakistán. En este contexto cabe entender la paralización del gaseoducto Irán-Pakistán.

Todos estos elementos están presentes en el conflicto sirio. Ya no podemos hablar de unas negociaciones de paz en la crisis siria como algo aislado e independiente de las conversaciones sobre el programa nuclear de Irán, porque finalmente de lo que se trata, lo que realmente está en juego es el status de Irán en la escena internacional. Rusia es su valedor mientras Estados Unidos ensaya un doble tirabuzón diplomático sin red, donde el resultado más probable es que descubra que sólo ha alentado al enemigo a perseverar mientras que sus históricos aliados en todo el planeta han perdido la confianza en su liderazgo. La sombra de Churchill y su doctrina sobre el efecto de las estrategias de pacificación planea sobre la región. El difunto general Sharon espetó al presidente George W. Bush, con la tradicional delicadeza israelí, que Israel no era Checoslovaquia y sabía de lo que hablaba. El Capitolio está inquieto y los dirigentes árabes indignados.

El tiempo trascurrido y el que cabe imaginar Obama va a conceder a los iraníes será más que suficiente para estabilizar la posición del gobierno de Assad en Siria y garantizar el control de los pasos fronterizos con Líbano, esenciales para el aprovisionamiento de Hizboláh. Todo apunta a que Arabia Saudí fracasará en Siria y posiblemente en Líbano, mostrando de nuevo su extrema debilidad cuando no dispone del respaldo estadounidense. Irán ha logrado ya que Omán y Emiratos se plieguen a sus deseos. Veremos cuáles serán sus siguientes pasos y hasta cuándo se podrá mantener el impasse entre Israel y Hizboláh.

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"Por esos mundos" nació como observatorio de los procesos y hechos más relevantes de la política internacional de nuestros días desde una perspectiva española y europea. Por la propia especialidad del autor se dedica una mayor atención a todo lo relativo a diplomacia, seguridad y defensa.Más sobre «Por esos mundos»

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