El legado de Obama

El legado de Obama

Publicado por el ene 18, 2014

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Creo que todos estaremos de acuerdo en que el Presidente Obama está llevando a cabo cambios muy importantes en la política exterior de los Estados Unidos que afectan y que van a seguir afectando al papel de esta gran potencia en el mundo. Nos hemos acostumbrado a que desde Washington se desarrollen políticas en el largo plazo, resultado de estrategias acordadas en el Capitolio. Sin embargo, esta no ha sido una característica de Estados Unidos a lo largo de su historia sino sólo durante la Guerra Fría, cuando el riesgo de que se desatara un holocausto nuclear forzó a las distintas fuerzas a un acuerdo sobre la política a seguir. Una democracia tan vibrante como la norteamericana con elecciones cada dos años y una tensión permanente entre su vocación aislacionista y la necesidad de involucrarse en asuntos internacionales para dar cobertura a sus intereses comerciales y de seguridad ha tendido a lo largo de la historia a dar fuertes bandazos y todo apunta a que, en mayor o menor medida, ha vuelto por sus fueros.

Tras llegar a la Casa Blanca George W. Bush estableció una estrategia para derrotar al yihadismo, con un discurso centrado en priorizar el Área del Pacífico. Barack H. Obama ha dado la vuelta a esa “visión” para forjar una extraña combinación entre el realismo de los viejos republicanos y el discurso progre de su generación. El resultado es una suma de retraimiento, evitar verse involucrado en cualquier conflicto aunque ello suponga dejarse la dignidad en el camino y buscar un entendimiento con los enemigos o rivales, sacrificando si es necesario, y lo es, a los viejos aliados. El resultado está a la vista: crisis de la autoridad de los EE.UU. en el mundo y un conjunto de países, hasta no hace mucho serios aliados, buscando nuevas garantías de seguridad. Veamos algunos ejemplos ilustrativos.

Arabia Saudí y Qatar han superado sus diferencias y actúan conjuntamente tratando de contener la influencia chií en Siria y Líbano. Compran armamento en Francia y China y apoyan decididamente al nuevo régimen militar en Egipto. Sus diplomacias han coincidido con la israelí en denunciar los riesgos de permitir que siga adelante el programa nuclear iraní y que se acepte una zona de influencia chií. Harán lo que esté en su mano para impedirlo, aunque su margen de maniobra sea limitado. Tanto es así que dos entidades fundamentales en el Consejo de Cooperación del Golfo, Emiratos Árabes Unidos y Omán han abandonado esta estrategia para ceder a las presiones de Irán, llegando a singulares acuerdos sobre espacios en disputa y facilidades militares. Las naciones del Golfo se han acostumbrado a que su seguridad corra a cargo del contribuyente norteamericano y ahora descubren con ansiedad hasta qué punto sus arcas repletas de petrodólares son vulnerables ante el decidido expansionismo persa. La unidad de acción de las naciones árabes del Golfo se ha roto, al tiempo que la confianza en Estados Unidos se ha desvanecido. Huérfanos de apoyo occidental, con la insuficiente excepción de Francia, la Casa de Saud busca en Pakistán la ayuda necesaria para dotarse de capacidades disuasorias y formar al tiempo un eje de contención. Los saudíes necesitan armamento nuclear y “la nación de los puros” es el candidato idóneo para proporcionárselo. Los primeros pasos ya han tenido efectos: el proyecto de gaseoducto Irán-Pakistán se ha paralizado. Ryad busca la comprensión y el apoyo de Beijing, protector de Pakistán y de su programa nuclear y necesitado de ingentes cantidades de petróleo. Cuida su mercado de armamento…., pero veremos hasta dónde está dispuesta a llegar China. La evolución de la región Pacífico-Índico puede ser capital.

A veces el tiempo se acelera, cuando las circunstancias permiten madurar cambios estratégicos. Viajes al más alto nivel entre autoridades japonesas e indias y surcoreanas e indias nos permiten vislumbrar un triángulo de seguridad que tiene como objetivo estabilizar la región mediante la contención de China, cuya actividad sobre las aguas del Mar de la China Oriental y el Mar del Sur de China ha despertado todas las alarmas entre las naciones limítrofes. Están en estudio programas de colaboración industrial y militar impensables hace poco tiempo. Sólo si tenemos en cuenta la variable de la falta de fiabilidad en el protectorado norteamericano podemos comprender lo que está ocurriendo. El tema es hoy un lugar común en la prensa árabe, israelí, india, japonesa o surcoreana. Para ellos es evidente que el presidente Obama no está abandonando Oriente Medio para centrarse en el área Pacífico-Índico, sino que ha dado un giro hacia el retraimiento en sus compromisos internacionales y hacia el entendimiento, a casi cualquier precio, con sus enemigos y/o rivales.

A Obama le quedan algo más de dos años en la Casa Blanca y muchos pueden pensar que con su salida las cosas pueden volver a su ser natural. De todos eran conocidas las desavenencias profundas entre Hillary Clinton y el Presidente. Ahora además tenemos la constatación de que el jefe del Pentágono, el sibilino y poco fiable Gates, también distaba de compartir la visión presidencial sobre los principales escenarios bélicos. Los republicanos han marcado distancias estratosféricas con Obama… Sin embargo sería un grave error pensar que esta etapa se superará fácilmente. Los Zapateros de este mundo dejan una huella tan imborrable como costosa. La credibilidad y fiabilidad de Estados Unidos estaba en duda desde la caída del Sha. Lo ocurrido a Mubarak, ben Alí o el propio Gaddafi es el mensaje más claro y directo que una potencia jamás debe enviar a sus aliados ¿Quién va a ser tan idiota como para confiar en Estados Unidos hasta ese punto en el futuro? Por otro lado la economía norteamericana va a seguir experimentando problemas serios durante bastante tiempo, China continuará siendo un formidable tenedor de deuda norteamericana y no es previsible que en esta situación, sea quien sea el Presidente, la sociedad americana avale nuevas campañas militares que no sean la respuesta a un ataque directo contra su territorio o ciudadanos, más aún desde que sabe que es autosuficiente en recursos energéticos. Estados Unidos rectificará su política, pero no será tan distinta a la que estamos viviendo. Tardarán en comprender el coste material y de seguridad de este giro estratégico.

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