Pobre Obama

Pobre Obama

Publicado por el ene 11, 2014

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En el debate europeo la idea de que Estados Unidos ha abandonado el Viejo Continente para “pivotar” sobre el área del Pacífico se ha convertido en un lugar común, en especial en ámbitos “progresistas”. El hecho es curioso porque no hace tanto esos mismos círculos festejaban que ¡por fin! los norteamericanos hubieran entrado en razón y hubieran elegido como presidente a un político con sensibilidad europea. Tan europea que le concedieron un Premio Nobel no por lo que había hecho, pues no había tenido tiempo de desarrollar ninguna política, sino por el solo hecho de no ser George W. Bush, la quintaesencia de la América que los europeos “progres” detestan. Es evidente que ni entendieron al personaje ni fueron capaces de prever las consecuencias de su llegada al poder. Consecuencias que han venido a acelerar el proceso de decadencia que vive Europa.

Es cierto que Estados Unidos ha centrado su atención en el Pacífico, pero no conviene exagerar el hecho y ello por varias razones. Si repasamos la documentación de la campaña electoral y primeros meses de gobierno de la Administración Bush encontraremos perfectamente argumentada la nueva política hacia el Pacífico. Tras el fin de la Guerra Fría y la desintegración de la Unión Soviética Europa dejaba de ser el centro de interés. Ya no era, ¡gracias a Dios!, el campo de batalla entre dos sistemas ideológicos. El giro estratégico no se pudo completar por el efecto de los atentados del 11-S, que llevaron a una revisión en profundidad de la estrategia norteamericana dirigida a la contención de la amenaza yihadista. Esa amenaza ha sido minusvalorada por el equipo de Obama y, por consiguiente, Estados Unidos ha vuelto al punto de partida de Bush pero con una perspectiva muy distinta. La coincidencia geográfica no debe llevarnos al engaño.

Si escuchamos a los japoneses, surcoreanos, filipinos, vietnamitas o, yendo un poco más allá, a australianos, indonesios o indios, lo que nos encontramos es un discurso muy similar al que hallamos en Israel o en el Consejo de Cooperación del Golfo: Estados Unidos se encuentra en una fase de retraimiento. Trata de evitar situaciones de riesgo hasta el punto de resultar un aliado poco fiable. Quiere mantener su autoridad sin coste alguno, lo que acaba animando a sus rivales a avanzar posiciones. Iraníes o chinos, por citar a dos muy significados, están aprovechando descaradamente esta etapa de extrema debilidad para consolidar posiciones en sus respectivas áreas de influencia, ante la alarma de sus vecinos que se encuentran sin apoyo suficiente para poder contener esas iniciativas. Desde Washington se intenta  calmar esas ansiedades con argumentos característicamente “progres”: estamos cambiando paradigmas obsoletos, herencia de tiempos afortunadamente superados y de perspectivas conservadoras, pero sabemos lo que hacemos y al final estableceremos un entorno internacional más seguro. Pero lo que unos y otros ven es algo muy distinto: una huida de los compromisos adquiridos y una disposición a ceder con tal de no tener que asumir riesgos.

Pocas veces un libro no publicado ha sido tan comentado y ha tenido tanto impacto como las memorias de Robert Gates sobre su paso por la Secretaria de Defensa. La clave no es otra que el reconocimiento de lo que siempre hemos sabido pero que pocos reconocíamos: que la Administración Obama no ha tenido una estrategia frente a los grandes temas de la seguridad internacional sino sólo una actitud, un estilo, un discurso… sólo fachada. Hew Strachan, alguien muy distinto de Gates, un académico solvente e influyente en el Reino Unido, insiste en la misma tesis en otro libro aún no publicado pero que ya ha levantado polvareda por su crítica al uso frívolo de la fuerza sin el necesario y adecuado marco de una estrategia en el medio y largo plazo.

El mito Obama se ha venido abajo. Su gran reforma del sistema de salud se ha quedado en un penoso espectáculo de mala gestión y sobreactuación ideológica. Sus renovadoras ideas sobre política exterior son hoy criticadas desde casi todas direcciones,  a la vista de su falta de sustancia y de las hoy visibles consecuencias. Estados Unidos ha perdido peso en el mundo. La prensa conservadora británica no tiene reparo en reconocer el daño sufrido por ir de la mano de una potencia que actúa de forma tan frívola como inmadura. Francia por su parte ha dejado de preocuparse por la exagerada influencia de Estados Unidos en Europa y en áreas de su interés estratégico para asumir con normalidad un protagonismo internacional hasta hace poco impensable y con muy destacados réditos comerciales. Hay un vacío a cubrir y Paris, con sus siempre desmedidas expectativas, se ha puesto a ello.

La veda se ha abierto. Obama es un cadáver político y hasta buena parte de la artillería mediática de la corrección política –siempre tan comprensiva con la izquierda progre, siempre tan despectiva hacia el campo liberal-conservador- apunta contra él sin misericordia. No le perdonarán que, como ya ocurrió con Jimmy Carter, arruine la hegemonía del discurso izquierdista demostrando, una vez más, que a la hora de la verdad todo se queda en un ejercicio de debilidad y palabrería. Las ratas son siempre las primeras en abandonar el barco.

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"Por esos mundos" nació como observatorio de los procesos y hechos más relevantes de la política internacional de nuestros días desde una perspectiva española y europea. Por la propia especialidad del autor se dedica una mayor atención a todo lo relativo a diplomacia, seguridad y defensa.Más sobre «Por esos mundos»

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