Egipto, una historia conocida

Egipto, una historia conocida

Publicado por el dic 27, 2013

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Las Fuerzas Armadas egipcias han avanzado en su guerra contra el islamismo. Tras el golpe de estado y el encarcelamiento de los principales dirigentes del Gobierno y de la Hermandad Musulmana han prohibido la organización, la han declarado grupo terrorista y han privado a sus dirigentes de seguridad jurídica. Los puentes han sido volados y todo apunta a que la reconstrucción política del país se hará contra ellos, desde la exclusión de algunas de las fuerzas políticas más relevantes.

Un sistema de exclusión implica una renuncia a un modelo democrático. Todo lo más tratará de ser representativo de un cierto número de partidos y corrientes, que con el paso del tiempo, y siempre en el mejor de los casos, podría derivar en una auténtica democracia. Es, a juicio de muchos, la mejor de las opciones posibles, a la vista del sesgo fundamentalista y totalitario que adoptó el gobierno presidido por Morsi. Desde esta perspectiva los Hermanos Musulmanes se encontraron con una oportunidad única para gobernar respetando a las minorías y la desperdiciaron. Pudieron mirarse en el espejo turco, pero le dieron la espalda.

El camino elegido por las Fuerzas Armadas, o al que estaban abocadas, no es nuevo. Lo recorrieron en su día sus equivalentes argelinas tras pasar por una experiencia similar. Tras el golpe de estado, persecución y prohibición de las fuerzas islamistas llegó una larga y brutal guerra civil que fracturó la sociedad y empobreció al país. Argelia, una nación dotada de formidables reservas de gas, es hoy un país pobre y dividido, con un sistema político cogido con alfileres y una poderosa cúpula militar que se enfrenta a un inevitable relevo generacional. La guerra civil acabó, pero los islamistas siguen ahí mientras las Fuerzas Armadas sufren el inevitable deterioro producido por la acumulación de poder.

La “primavera árabe” triunfó cuando a las aspiraciones de los jóvenes de clase media urbana –democracia, decencia, eficacia- se sumaron las de las masas de jóvenes sin educación ni futuro –trabajo, mejores condiciones sociales, “justicia”- No fue una revuelta democrática sino un estallido social provocado por la imposibilidad de dar satisfacción a las demandas de los baby boomers, en un país donde la edad media es de 25 años y el nivel de formación es bajo. Los islamistas se quedaron con el poder ante el vacío dejado por el tinglado nasserita. Las Fuerzas Armadas lo han recuperado pero la causa real que llevó al fin de Mubarak sigue ahí, agravándose. Sin capitales internacionales, gobiernos eficaces y contención de la corrupción los problemas continuarán creciendo y la situación resultará crítica cuando la institución militar sea cuestionada.

Argelia es el modelo y los resultados están a la vista. No podemos ser optimistas. Tenemos que hacernos a la idea de que el Mundo Árabe en su conjunto va a pasar por un largo período de inestabilidad del que no sabemos ni cómo ni cuándo podrá salir.

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