España, Francia y la convulsa región del Magreb/Sahel

España, Francia y la convulsa región del Magreb/Sahel

Publicado por el dic 15, 2013

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La intervención francesa en la República Centroafricana y su petición de que España se sumara ha reabierto el debate surgido en torno a la previa intervención en Malí ¿En qué medida y por qué razones España debe desplazar fuerzas militares a la zona Magreb/Sahel?

Para poder responder a estas dos preguntas elementales tenemos primero que reconocer hechos que aunque obvios no son siempre aceptados. Ni la Alianza Atlántica de hoy tiene mucho que ver con la de los años de la Guerra Fría ni la Política Europea de Seguridad y Defensa de la Unión Europea ha tenido el desarrollo que hubiera sido de desear. Estamos asistiendo a un cambio profundo en la política internacional que se manifiesta, entre otros síntomas, en un agotamiento de organizaciones internacionales establecidas en otro tiempo y circunstancias y, como reacción, en una renacionalización de las políticas de seguridad y defensa. Pero los viejos estados-nación europeos no tienen capacidad para actuar de forma eficaz en una sociedad globalizada ni disponen del tamaño crítico necesario para ejercer influencia en crisis regionales de la envergadura de la que está sufriendo la región Magreb/Sahel.  La solución es conocida desde hace siglos: alianzas, grupos de contacto, bilateralización, networking… Varios estados afectados unen sus fuerzas ante un problema común en torno a una estrategia aceptada previamente.

Para España como para Francia lo que ocurra en esa zona tendrá efectos críticos. De ahí que nuestra aproximación deba ser estratégica. No caben gestos oportunistas ni improvisaciones. Debemos analizar en profundidad qué está pasando para fijar intereses y objetivos y, a partir de ahí, negociar con nuestros aliados una acción conjunta en el medio y largo plazo. España y Francia se necesitan y ambas requieren de la colaboración diplomática, militar y de inteligencia de Estados Unidos y del Reino Unido. Poco tiene que ver esto con el multilateralismo y el discurso políticamente correcto sobre cómo debe conducirse la política internacional…, pero no hay otra forma de poder actuar.

Antes de considerar si se interviene y de qué manera, conviene poner en orden  las ideas y tener en cuenta tres aspectos clave:

  1. Una acción conjunta requiere una planificación conjunta, que a su vez es el resultado de una previa y sólida estrategia común. Ni en Malí ni en la República Centroafricana ha habido tal cosa. Francia nos ha invitado a sumarnos a operaciones suyas porque les convenía. Es perfectamente lícito y correcto, pero sería por nuestra parte un error aceptarlo. La condición de estado-vasallo no puede ser una opción, por mucho que a nuestros diplomáticos les guste ir a rebufo del francés.
  2. Francia necesita ayuda, pero no quiere perder protagonismo porque se trata de su zona de influencia histórica, donde su diplomacia y empresas realizan una actividad intensa y no siempre ejemplar. España tiene que  valorar hasta qué punto debe implicarse en crisis como las citadas donde los intereses de Francia dificultan una relación normal.
  3. Tras años de recortes en nuestras capacidades militares no tenemos medios para intervenir con la eficacia debida en escenarios que no son vitales para España, como es el caso de la República Centroafricana, aunque sí lo sea la región en su conjunto y, sobre todo, Marruecos y Argelia. Tenemos los cazas en los hangares, los buques atracados, los cuarteles se mantienen con lo mínimo mientras los gastos de personal se llevan el grueso del presupuesto. Estamos hablando de misiones de combate a las que  no cabe ir de cualquier manera. Si desplegamos contingente debe ir perfectamente dotado y hoy por hoy tenemos serias dificultades para poder hacerlo.

Nos encontramos ante una situación contradictoria. Deberíamos estar, pero ni los franceses nos lo ponen fácil ni tenemos medios para actuar como correspondería. El resultado es ya conocido: ponemos un avión para facilitar movimiento de tropas. No deberíamos sentirnos muy satisfechos, pero tampoco tenemos mucho más margen de maniobra.

El debate en torno a las intervenciones en Malí y en la República Centroafricana tiene el interés de que reconoce implícitamente:

  1. qué la Unión Europea no es un actor, aunque varios estados europeos estén afectados y/o hayan optado por comportarse como referentes;
  2. que debemos avanzar hacia una mayor coordinación con Francia para tratar de mantener la estabilidad en la región;
  3. que no estamos en condiciones de asumir mayores responsabilidades militares.

Estas tres ideas suponen un avance importante frente al discurso políticamente correcto de no hace mucho tiempo, pero no por ello dejan de ser el acta notarial de nuestra impotencia.

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"Por esos mundos" nació como observatorio de los procesos y hechos más relevantes de la política internacional de nuestros días desde una perspectiva española y europea. Por la propia especialidad del autor se dedica una mayor atención a todo lo relativo a diplomacia, seguridad y defensa.Más sobre «Por esos mundos»

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