Déficit de confianza en la eurozona

Déficit de confianza en la eurozona

Publicado por el dic 7, 2013

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Hace ya mucho tiempo que los europeos decidimos superar la lacra del nacionalismo y de los totalitarismos, con los millones de muertos y los destrozos materiales que habían generado, mediante un proceso de integración europea. No sabíamos adónde queríamos llegar pero sí lo que queríamos dejar atrás. Los avances en el ámbito del comercio y la comunidad de intereses creados a partir del Plan Marshall y del Tratado de Roma establecieron las bases para dar un paso de gigante: una política económica y monetaria  común en torno a una moneda, el euro.

Una moneda es algo más que un instrumento de cambio y una medida de valor. Es, sobre todo, una expresión de soberanía. Nadie podía esperar que los estados renunciaran fácilmente al control de la moneda. Pero, por otra parte, para que una moneda sea un pilar del crecimiento y no un problema añadido es fundamental arroparla con:

  1. Un banco central dotado de todos los medios necesarios para garantizar su estabilidad, incluyendo la inspección de las entidades financieras y la capacidad para ordenar y garantizar su intervención, rescate o cierre. Es la denominada “unión bancaria”.
  2. Una única política fiscal, evitando que los déficits y consiguientes deudas de algunos de los estados desestabilizaran la zona. En coherencia con ello habría que establecer un mecanismo de “mutualización de deuda”, por el que se pudiera lograr financiación a un único interés.

Nadie parecía dudar de las bondades de una moneda común, más aún cuando se hablaba públicamente de que el grado de integración conseguido exigía dar también pasos decididos en los terrenos de la política y la diplomacia. La lógica apuntaba a avanzar, pero los estados no están diseñados para disolverse. Una única política monetaria y fiscal implicaba que unos intereses predominarían sobre otros y ese era un tema que aconsejaba la máxima prudencia.

El derribo del Muro de Berlín y la consiguiente unificación alemana fueron la causa última del nacimiento del euro. Previamente, franceses y británicos trataron de convencer a los soviéticos de que era fundamental para el equilibrio europeo mantener el Muro en pie y el continente dividido. Con la unificación emergía de nuevo el riesgo de una Alemania hegemónica en el centro de Europa, consolidando una zona marco que rompería la inercia integracionista y nos devolvería al siglo XIX. Para impedirlo se aprobó el Tratado de Maastricht y con él el euro. Nos dotamos de una moneda común sin establecer previamente los instrumentos básicos para garantizar su correcto funcionamiento. En aquellos días los economistas lo escribieron por activa y por pasiva, porque no es precisamente un enigma metafísico saber cuáles son los pilares de una política monetaria. Empezamos la casa por el tejado porque, una vez más, primaron los criterios políticos sobre los económicos y en esa decisión reside parte del problema que hoy nos encontramos y que mantiene la eurozona en una situación muy delicada. No hemos dotado al Banco Central de los instrumentos necesarios para poder hacer bien su trabajo, no hay una unión bancaria, no hay una única política fiscal ni la deuda está mutualizada.

Más allá de las carencias está lo que hoy tiene de verdad agarrotada a la Unión: la falta de confianza. Buena parte de los estados miembros, y los españoles sabemos mucho de ello, no han querido cumplir con los criterios fiscales  libremente aprobados para garantizar la estabilidad monetaria. En un soberano ejemplo de irresponsabilidad muchos gobiernos reaccionaron ante la crisis económica más grave desde la II Guerra Mundial gastando más de lo que ingresaban y adquiriendo deudas que en algunos casos sabemos que no podrán satisfacer.

Déficits estructurales más deudas imposibles de devolver entran en contradicción con la confianza necesaria para que los países que sí han cumplido con sus obligaciones acepten mutualizar la deuda o formar parte de una unión bancaria ¿Si nosotros no cumplimos y por lo tanto nos vemos obligados a comprar dinero a un interés superior por qué un país saneado va a mutualizar su deuda pagando un mayor interés? ¿Si bancos de estados en seria crisis sufren problemas de liquidez por qué entidades financieras viables de países cumplidores van a tener que asumir su saneamiento?

No estamos sólo ante un problema moral o una reacción de egoísmo. Nuestras economías están tan entrelazadas que los cumplidores no se podrán zafar de las consecuencias de una crisis de deuda provocada por los estados mediterráneos. Si somos capaces de evitar que el árbol de la actual crisis nos impida ver el bosque de la integración europea nos daremos cuenta de que o nos dotamos de esos instrumentos o renunciamos al euro, porque una moneda compartida por varios estados los necesita. La crisis de confianza que atenaza el desarrollo de las políticas monetaria y fiscal es comprensible, está más que justificada, pero no por ello deja de ser suicida. Los gobiernos tratan de salvar sus modelos de “estado de bienestar”,  sus pensiones, salud, educación… En unos casos levantando muros que les protejan de  sus vecinos, en otros tratando de asaltar la hucha de esos vecinos con manidos y escandalosos argumentos que giran en torno a la “solidaridad”.

Sólo cuando los estados deficitarios demuestren auténtica disposición para poner sus cuentas en orden será posible crear el ambiente de mutua confianza necesario para avanzar en el proceso de consolidación de la eurozona. Si esto no ocurre preparémonos para un largo período de estancamiento en el mejor de los casos.

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"Por esos mundos" nació como observatorio de los procesos y hechos más relevantes de la política internacional de nuestros días desde una perspectiva española y europea. Por la propia especialidad del autor se dedica una mayor atención a todo lo relativo a diplomacia, seguridad y defensa.Más sobre «Por esos mundos»

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