Se cumplen 40 años de la agónica victoria de Karpov sobre Korchnoi

Se cumplen 40 años de la agónica victoria de Karpov sobre Korchnoi

Publicado por el Jul 25, 2018

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Fue un Mundial extraño, en un país, Filipinas, gobernado por el polémico presidente Ferdinand Marcos. Entre los los protagonistas faltaba Bobby Fischer, a quien le habían quitado el título tres años antes por negarse a defenderlo según las reglas de la FIDE. En Baguio se enfrentaban el héroe de la URSS Anatoly Karpov, empeñado en demostrar que no le habían regalado la corona, y el disidente Viktor Korchnoi, enemigo número uno del imperio soviético. El duelo duró tres meses agotadores –del 18 de julio al 18 de octubre de 1978– y contó con ingredientes de película: parapsicólogos, hipnotizadores, yogures con supuestos mensajes en clave y toda suerte de elementos ajenos al ajedrez.

Sello conmemorativo del Mundial de Filipinas

Si el Mundial de 1972 entre Fischer y Spassky ya había rebasado la controversia de todos los campeonatos anteriores, después del vacío de 1975 la nueva final de 1978 no se quedó a la zaga. Korchnoi ya había perdido contra Karpov un duelo anterior, la final del torneo de Candidatos de 1975, que en la práctica se convertiría en un Mundial ante la fuga de Fischer. Esta vez, se trataba de un auténtico duelo por el título, aunque los defensores del estadounidense seguían pensando que estaba devaluado, ante la ausencia del campeón invicto.

Korchnoi era el enemigo odiado por la Unión Soviética, un desertor en toda regla. Según la versión del protagonista, su negativa a amañar partidas y redactar informes para el KGB durante sus viajes a los torneos le había convertido en alguien sospechoso y poco querido. Cuando el «proletario de los Urales» lo derrotó en 1975, el régimen hacía tiempo que había tomado partido. Karpov se ganó el derecho, nunca consumado, de enfrentarse a Fischer, mientras que Korchnoi cayó definitivamente en desgracia, sufrió castigos y la prohibición de viajar a torneos. En cuanto pudo huyó del país, dejando atrás a su familia. Él denunció que seguía secuestrados en la URSS (su hijo fue encarcelado, de hecho), un chantaje emocional que le impedía rendir al mejor nivel. El régimen lo acusó de abandonarlos, de ser un mal padre y marido que no dudaba en utilizarlos para hacerse la víctima.

Cuatro de los libros que se escribieron sobre el Mundial de 1978, de escritos por Torán, Keene, Hartston y Larsen

 

El Mundial de Baguio —organizado por Florencio Campomanes, también filipino y posterior presidente de la FIDE— exacerbó el enfrentamiento entre las dos K. Se jugó sin banderas, ante la negativa de los soviéticos a que Korchnoi utilizara la Suiza. Fue un festival de escándalos, en el que los parapsicólogos tenían tanta importancia como los analistas. Karpov contaba con la ayuda del enigmático Zukhar. Con o sin su ayuda, pronto logró una ventaja que se antojaba decisiva.

El genio de Zatloust (acaba de ganar el Torneo de Leyendas de Platja d’Aro, su victoria número 184) se puso 4-1 primero y 5-2 después. Las tablas no contaban y quizá por eso se firmaron hasta 21 empates. Era necesario ganar seis veces al rival para lograr el título. Al borde del abismo, Viktor el Terrible no se rindió, aunque la medida que tomó parecía desesperada. Reclutó a Didi y Dada, dos personajes de una secta acusados de intento de asesinato. Puede que anularan los influjos de Zukhar o que el efecto placebo fuera suficiente, pero el caso es que Korchnoi ganó tres partidas y empató a cinco. El siguiente en apuntarse un punto sería el campeón del mundo.

Cualquier cosa podía pasar, pero Karpov se rehízo, ganó la partida definitiva y dejó a Korchnoi sin la ocasión de cambiar el curso de la historia. Tres años después volvieron a verse las caras en Merano (Italia), pero el tiempo corría a favor del campeón, mucho más joven, que se dio un paseo y mantuvo una vez más la corona.

Se ha escrito mucho menos, como es natural, de la final de Candidatos que ganó Korchnoi a Boris Spassky en 1977, en Belgrado. Aquel duelo entre futuros disidentes también fue apasionante, sin embargo. En aquella ocasión se jugaba al mejor de 20 partidas y Viktor acabó las primeras diez con cinco victorias y cinco tablas. Pero sus duelos siempre han sido un carrusel de emociones y el bueno de Boris ganó entonces cuatro seguidas, de la 11 a la 14.

Korchnoi se las arregló entonces para no desmoronarse. Firmó dos tablas y luego ganó la 17 y la 18, cerrando definitivamente otro enfrentamiento increíble.

 

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