Nubes y claros en el ajedrez infantil

Nubes y claros en el ajedrez infantil

Publicado por el Dec 1, 2018

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Del 3 al 16 de noviembre tuvo lugar en Santiago de Compostela el Mundial de Ajedrez para cadetes (sub 8, sub 10 y sub 12). Fue una fiesta formidable, con más de 800 niños (y niñas, claro) jugando a la vez, creciendo por dentro y divirtiéndose por fuera, aprendiendo y dando lecciones a los mayores, con un comportamiento casi siempre ejemplar. Como en todo cuento, por supuesto, también hubo algunos nubarrones, que conviene conocer y, en la medida de lo posible, evitar. El lema de la FIDE es «Gens una sumus»: somos una familia. Y ya se sabe lo que pasa en las mejores familias.

Foto: Patricia Claros Aguilar

Lo que sigue es un relato subjetivo después de estar allí dos días, aunque no los más críticos ni lluviosos. En al aire queda también la duda, creo que razonable, de si es mejor acabar con la división por géneros en las competiciones o si la medida será contraproducente. Yo no tengo ni idea, la verdad.

Sala de juego, todavía con los padres. Foto: Patricia Claros Aguilar

Lo primero que repiten casi todas las partes implicadas en una competición de la magnitud de un Mundial es que el mayor enemigo del ajedrez infantil son… los padres. No hace falta conocerlo de primera mano. En una escena de la estupenda película «En busca de Bobby Fischer», se veía a los pequeños participantes de un torneo aplaudir la sabia decisión de alejar a sus progenitores de la sala. En la Ciudad de la Cultura de Santiago, ni siquiera los entrenadores podían permanecer junto a los tableros. Algunos seguían las partidas como podían, con pequeños binoculares. Por más incómodo que resulte, la decisión parece correcta. No tanto, al menos en las primeras jornadas, fue la solución (o falta de) que hubo para alojar a los acompañantes, más de un millar.

 

Imagen parcial de la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, todavía en construcción

 

En efecto, en los primeros días se desató un temporal que pilló por sorpresa hasta a los padres y jugadores gallegos. La alerta naranja obligó a suspender una jornada de juego. La Xunta prohibió ese día los deportes de exterior. Otro se pudo jugar, pero los niños tuvieron que ser desalojados en un automóvil, de cinco en cinco, a través de un aparcamiento subterráneo. Los autocares no podían acercarse al edificio donde se disputó el Mundial. El aparcamiento está demasiado lejos y el conjunto arquitectónico, diseñado por Peter Eisenman, exige andar los últimos cientos de metros, suficientes para que cualquier ajedrecista de menos de 25 salga volando.

 

La participación española fue especialmente numerosa, como es natural. En los últimos mundiales, en Brasil, no tuvimos ni un representante. Foto: Patricia Claros Aguilar

 

Una entrenadora francesa explica que esos días fueron «duros». «Pero han sido encantadores de trato, se notaba que se esforzaban. Hicieron ajustes y todo mejoró, al mismo tiempo que el clima», añade. Un colega iberoamericano matiza poco después: «No mejoró a la vez, sino a causa de…». No obstante, ambos califican la experiencia como «buena».

El futuro del ajedrez

En el terreno lúdico-deportivo, ver una competición con 826 pequeños (el más joven tenía cinco años) es una delicia. Para Galicia, supuso además la llegada de más de 2.000 personas. Como destacaba un político local en la ceremonia de clausura –que me perdone el desinterés por su nombre–, los Mundiales han supuesto para la comunidad autónoma un retorno económico de más de cuatro millones de euros. Solo los hoteles le sacaron un rendimiento de cerca de un millón y medio.

Y de los hoteles también hay que hablar. A mí me tocó uno magnífico, como suele corresponder a los invitados, pero en uno de los establecimientos las condiciones fueron deficientes. Representantes de ocho países firmaron una carta de protesta. Los organizadores se esforzaron en enmendar el desastre y devolvieron parte del dinero a los afectados, pero el daño ya estaba hecho.

Saludo entre los jugadores, justo al principio de cada ronda. Foto: Patricia Claros Aguilar

La competición, en todo caso, siguió sin mayores sobresaltos, sobre todo cuando el tiempo mejoró y se habilitó una carpa para los acompañantes, con pantallas para observar la sala, un pequeño bar, tableros para jugar un una tienda con material y ropa relacionados con el ajedrez. Incluso vi a un niño que aprovechaba para hacer los deberes después de la partida. En la Ciudad de la Cultura, un lugar modernísimo y grandilocuente, también hay una biblioteca y un pequeño museo, por otro lado, que ayudaba a algunos a matar el tiempo.

Pero volvamos a la sala de juego. Seguro que algún lector se habrá preguntado por la proporción entre chicos y chicas. Ellas eran algo más de 300, lejos de la paridad pero mucho mejor de lo habitual. Dejo al lector que vea la botella medio llena o medio vacía. Especialmente llamativo es el caso de una niña china, Lu Miaoyi, que competía en el grupo sub 8 masculino (el nombre oficial es abierto, pero está claro que pocas participantes lo ven así). Estuvo todo el torneo en los primeros lugares y no se llevó medalla de milagro. Con su cuarto puesto demostró, como las hermanas Polgar, que las chicas pueden equipararse a los chicos sin problema alguno, algo que no es posible en la mayoría de deportes.

Una joven estadounidense aguarda el comienzo de la partida. Foto: Patricia Claros Aguilar

En todo caso, por si alguien no lo sabe, en ajedrez las competiciones femeninas son exclusivas para ellas, mientras que en las abiertas pueden jugar todos. Hay quien ve en esto una discriminación contra los chicos y, siempre, siempre, algunos preguntan (a veces con malas intenciones) por qué hay competiciones femeninas. La respuesta a esto no es tan sencilla, aunque pueda parecerlo.

En este reportaje publicado en ABC intenté buscar algo de luz, aunque en este caso hace falta algo más que una linterna.

Suprimir el ajedrez femenino

En este sentido, la Federación Española ha decidido recientemente adoptar una medida que podría cambiar muchas cosas, aunque no parece que la FIDE vaya a secundar la idea. A partir de ahora, los campeonatos de España serán mixtos. Se suprimen las competiciones femeninas. Se seguirán entregando premios a las mejor clasificadas, pero dentro de la competición se tratará a todos por igual.

Aprovechando que el presidente de la FEDA, Javier Ochoa, estaba en Santiago, es fácil concluir que acabamos hablando del asunto. «Tenemos la idea de juntarlos a todos, chicos y chicas», dijo, aunque la FIDE «vaya en otra dirección». «Este año es así en el absoluto y en 2019 en todas las edades».

–Sabe que algunos padres de chicas ajedrecistas han protestado.

–Creemos que beneficia. Aquí hay una china que juega el masculino, el open, sub 8 y está en las primeras mesas. No juega con chicos. Los chinos también tienen un proyecto, que afectará solo a algunas jugadoras. Lo hacen porque el nivel es más alto. No deja de ser una idea. Nosotros vamos paso a paso. Ahora mismo hemos integrado a las chicas en los equipos [será obligatorio que haya al menos una] y las competiciones. Hay mucha gente y muchas opiniones, pero hay que tener una política de federación. No se puede votar en cada torneo.

–¿Creará algún conflicto con la FIDE?

–No, porque vamos a seguir mandando jugadoras a los Mundiales y Olimpiadas, que seleccionaremos por nuestros criterios. Es una de las cosas en las que hemos avanzado mucho. Los criterios son automáticos. Yo viví lo contrario como jugador. Antes había mucha tensión y no sabías quién iba a ir…

Javier Ochoa, presidente de la FEDA. Foto: P. C. A.

Ochoa habló de muchas más cosas en Santiago. Resumo lo que me parece más relevante y lo destaco en otro color por si alguien prefiere saltarse la entrevista:

–«Llevo 20 años en el cargo. Este es el 21. Suena mal, tienes razón, pero aquí hay unas elecciones muy normales. De la gente que vota cada año, muchas personas cambian. Creo que simplemente es fruto de que hacemos un trabajo que a la gente le gusta».

«Las elecciones de la FIDE son más complejas, ahí solo votan los delegados. En la FEDA votan los presidentes, pero también los jugadores, los clubes, los árbitros, entrenadores… Todos los estamentos están representados». «Siempre se habla, pero es muy difícil demostrar que se compren votos en la FIDE. Hay muchos países y todos los votos valen igual. Si alguien compra, digo yo que comprará los países más débiles económicamente. Nosotros normalmente hablamos en la junta directiva a quién apoyamos y se exponen las razones. Quizás fue más discutido cuando se presentó Kasparov, pero tampoco hubo tanta dificultad. Expuse mi punto de vista y más o menos se aceptó. Que nadie piense que votamos porque queremos. Tenemos este mundial y este hombre era nuevo. No tengo nada contra Arkady Dvorkovich y además le deseo todo lo mejor. Creo que lo va a hacer bien».

–«No sé si perdemos fuerza [Ochoa ya no es vicepresidente de la FIDE], pero estar en las reuniones siempre viene bien. De muchas cosas te enteras allí, como de campeonatos en los que no hay ofertas…».

–«Mi balance creo que es positivo. Cuando cogimos la federación estaba todo por hacer. No había nada. Es un mérito relativo. Estamos orgullosos de cómo llevamos la tecnificación, con unos programas transparentes. Simplemente repartimos los recursos que tenemos y se beneficia mucha gente. En etapas anteriores se descuidaba mucho. Recuerdo hace años un jugador muy fuerte que no recibía ayudas de la FEDA. Ahora tenemos una estructura de competición muy buena, con patrocinadores muy sólidos. En general damos mucha estabilidad al calendario de competiciones, que tenemos casi en su totalidad en verano. Y creo que seguimos creciendo cada día. Ahora estamos intentando que este crecimiento se refleje en el ajedrez femenino. Fue un compromiso de esta legislatura».

–«Tenemos un futuro muy claro con varios chavales en la veintena y seis jugadores por encima de 2600. Por primera vez, uno de ellos se va a quedar fuera de la Olimpiada. «También nos quejábamos cuando yo era jugador de los recursos, pero los tratamos muy bien. Se les apoya muchísimo, no solo con lo que puedan cobrar de la Olimpiada, sino durante todo el año. Se dan ayudas para entrenamientos, se pagan viajes a torneos. Algunos tienen ordenadores de última generación, que valen mucho dinero, y se les ha ayudado o comprado directamente. Y otro tipo de ayudas».

–«Veo muy difícil organizar un Mundial absoluto, porque cuesta mucho dinero. Me parece increíble, echando la vista atrás, el de Sevilla. Creo que es mucho más importante hacer este torneo que traer el Mundial. El año que viene tendremos otro en Salobreña, pero es un campeonato menor, porque al ser de rápidas dura cuatro días y no tiene nada que ver».

–«Mientras el Mundial sea en Europa, vamos, pero al anterior en Brasil no fuimos. Es un tema económico. Para la FEDA igual no es tan caro, pero mucha gente no se sabe si quiere ir. Se estudia cada año. No es política oficial».

«La medalla de oro de Pedro Ginés no está primada por el CSD porque solo consideran a los deportistas de 18 años para arriba. Es así. Veo muy difícil cambiar los criterios del Consejo. En doping estamos igual, con todos los deportes, aunque el ajedrez es distinto. La burocracia es muy complicada, pasa por muchas personas y se acaba diluyendo».

«Quiero que Paco Vallejo vuelva a jugar, Es todavía muy joven y está claramente el número uno de España. Es un superfenómeno y creo que debería estar todavía más arriba. A su edad mucha gente se mantiene o incluso sube de nivel. Podría llegar a un top 10, cerca de los 2800».

Que algunos padres han protestado por los torneos mixtos no es un invento, por otro lado. Una de las más vehementes ha sido Elena Floris, madre de María Eizaguerri, que brilló en el último Mundial sub 14. En su página de Facebook reaccionó así a la noticia de que España organizará torneos mixtos: He resumido el texto, que plantea muchas de las pegas que puede tener la iniciativa integradora.

«Estoy indignada. A las chicas hay que decirles que han de ser las mejores entre las chicas. Si puedes, la mejor del mundo. Si además puedes con los chicos, mucho mejor. Pero focalizar en ajedrez que la meta es ser iguales a los chicos es frustrante. La realidad es muy tozuda y Hou Yifan (número uno entre las mujeres) es la 99 del mundo con los hombres y con 200 puntos de distancia de Elo. En Espaňa solo se está consiguiendo que las niňas en ajedrez se sientan de segunda. No tienen su propio torneo y por tanto nunca se sabe quién es la mejor. La mayoría de las veces decide un chico en la última ronda. Además, no les prepara para las competiciones individuales femeninas internacionales, porque no aprenden a gestionar la tensión de tener que ganar siendo primeras. Rectifique o dimita, señor presidente».

Volvamos al «chiquimundial»

El maestro internacional indio D. Gukesh era el más fuerte del campeonato, con 2457 puntos Elo. Ganó el oro sub 12. El estadounidense Yoo Christopher Woojin, también con más de 2400 puntos, solo pudo ser séptimo

En el terreno deportivo, tres países destacaron como los más potentes. Son niños de hasta doce años, pero el reparto de los primeros puestos en cada categoría es significativo. Representan el futuro del ajedrez.

China, India y Estados Unidos están por delante del resto de países. Les siguen Rusia, Bielorrusia y Uzbekistán, a cierta distancia, aunque mucho mejor que el resto. España tuvo alguna actuación meritoria, pero el panorama es pobre, después de la brillante actuación de nuestros muchachos en los mundiales juveniles en Grecia.

Estos fueron los medallistas:

Sub 8 abierto
1 Chennareddy, Yuvraj USA 10.5
2 Azadaliyev, Jahandar AZE 9.0
3 Begmuratov, Khumoyun UZB 8.5

Sub 8 femenino
1 Zhao, Yunqing CHN 9.5
2 Iudina, Veronika RUS 9.0
3 Qiao, Evelyn USA 8.5

Sub 10 abierto
1 Jin Yueheng CHN 9.0
2 Zhao, Erick USA 9.0
3 Volkov, Maksim RUS 8.5

Sub 10 femenino
1 Edithso, Samantha INA 9.0
2 Shvedova, Alexandra RUS 8.5
3 Chen, Yining CHN 8.5

Sub 12 abierto
1 Gukesh D IND 10.0
2 Murzin, Volodar RUS 8.5
3 Chasin, Nico USA 8.5

Sub 12 femenino
1 Savitha Shri B IND 10.0
2 Omonova, Umida UZB 9.5
3 Zavivaeva, Emilia RUS 8.0

 

Estamos en la zona sub 8, categoría femenina

Un asunto que también despierta cierta polémica es la mera existencia de Mundiales sub 8. Para la mayoría de los expertos, es un «sacacuartos» de la FIDE. Salvo un puñado de chicos, la mayoría no están preparados para jugar partidas que en muchos casos superan las cuatro horas. Pocos países tienen estructura, además, para detectar tan pronto a los mejores, pero el negocio es redondo. Las inscripciones cuestan 240 euros, según cuenta un entrenador, más otros 100 euros por acompañante acreditado, que ni siquiera tiene derecho a ver las partidas en la sala de juego, como ya se ha contado.

Por eso, en esta y otras edades muchas federaciones no mandan a los mejores, sino a quienes se lo pueden permitir. Para los padres es un sacrificio enorme, en la inmensa mayoría de los casos.

El comportamiento de la mayoría de niños es ejemplar, pero también hay «algunos cabroncetes», que recurren a pequeñas triquiñuelas, o algunos que dominan más el reglamento y tratan de exprimirlo, aprovecharse de la inocencia de los que saben menos.

Pero los peores de todos, sin ninguna duda, son los padres. Y algunos entrenadores. Una delegación protestó porque una niña perdió, afectada porque su rival había vomitado sobre el tablero. «¡Peor estará la otra», dice uno de los jueces ante un accidente imprevisible.

Dos de los árbitros del torneo, el jefe, Panagiotis Nikolopoulos, y el políglota Vladimir Zaiats. Foto: Patricia Claros Aguilar

Otro chico elevó una queja porque los árbitros le distrajeron al llamarle la atención por comer durante la partida y por quitarle la botella de encima de la mesa. Acusó al árbitro, español, de favorecer a un compatriota. Ocultó que otro juez de un país distinto también la habían amonestado.

Algunos chavales (pocos, por fortuna) exhiben todo un catálogo de miradas penetrantes o comportamientos más o menos intimidatorios. La suerte es que el ajedrez no puede ser más democrático y el reglamento protege al débil. La falta de contacto físico es una ventaja. Aquí no hay carga legal, juego viril, ni zarandajas de ese tipo.

En la última ronda –para acabar con este pequeño repertorio de juego menos limpio, absolutamente minoritario–, un árbitro se contiene para no «comerse» a una niña que lleva 25 minutos sin mover, amagando con realizar la única jugada legal que le queda, porque a la siguiente recibirá mate. Su rival, mucho más pequeña, aguanta estoica la pérdida estéril de tiempo, sin inmutarse, antes del inevitable remate. «Very bad, very bad», le dice el árbitro a la perdedora al recoger las planillas. Ella sabe que ha actuado mal y no mueve ni un músculo. «Si llega a ser otra ronda pido que la sancionen», explica el guardián del reglamento. Se pueden castigar comportamientos antideportivos como este, aunque es una zona siempre nebulosa.

La educación de los muchachos es, en suma, una de las labores del ajedrez y de sus representantes, en un deporte que debe servir para transmitir valores, no solo para mejorar la capacidad mental de los niños o tratar de conseguir campeones. En general, el objetivo parece cumplido, aunque casi un millar de cabecitas dan para unas pocas excepciones, a menudo mal aconsejadas por unos entrenadores o padres que entienden mal lo que debe ser una competición.

Una chica argentina, envuelta en su bandera

Algunos, por otro lado, sienten la presión de representar a su país. A otros ese orgullo les da alas. En una de las últimas partidas sub 8, otra chiquilla no puede reprimir el llanto en una situación sin esperanza. Dan ganas de abrazarla, pero la asunción de la derrota, de los errores propios, es otra de las enseñanzas necesarias de este juego.

El entrenador argentino Hernán Perelman cuenta que vio dos casos de niñas que tuvieron que ser atendidas por una pequeña crisis nerviosa y que los servicios sanitarios «hicieron un trabajo excelente». El preparador lo remarca, tras las críticas recibidas por la organización.

El dominio de chinos e indios no sorprende, pero sí la preparación del equipo de Estados Unidos. Un árbitro destaca lo bien que están formados en todos los ámbitos. No dan problemas disciplinarios y aspiran a medallas en todas las categorías. La huella de Susan Polgar y el trabajo en San Luis dan frutos a gran velocidad. Perelman, que tiene experiencia en 13 mundiales, destaca también que el ajedrez no solo ha vuelto a ponerse de moda en Estados Unidos, sino que se ha convertido en una puerta de entrada a las universidades, como hace años ocurría con el baloncesto y otros deportes. Fabiano Caruana, que acaba de perder el título contra Magnus Carlsen, es otro motivo para el pequeño boom.

Seguridad contra las trampas

Dos árbitros, un hombre y una mujer llevan un escáner de mano para vigilar los servicios, sobre todo. Si ven que un jugador va muchas veces, pueden acercarse para comprobar que no llevan nada sospechoso, aunque la decisión de registrar a alguien sigue siendo delicada.

Dos miembros más del cuerpo arbitral. Edda Beltrán, a la derecha, era una de las encargadas de llevar un escáner de mano para evitar trampas. Foto: Patricia Claros Aguilar

Eda cuenta un caso enternecedor, el de una chica india de siete años que siempre iba al servicio con su mochila, algo en principio sospechoso. Cuando se acercó a ella para controlarla un poco, la niña se echó a llorar, pero no porque la hubieran pillado. «Es por una razón cultural», explica. «Es frecuente que los padres indios insistan a sus hijos en que no se separen de sus pertenencias. Ella solo obedecía».

Era un ejemplo más, aunque distinto, de lo que supone la presión paterna. Lo más complejo de cada ronda es el desalojo lento de los padres antes del comienzo de cada ronda, Algunos son demasiado protectores e incluso escriben en las planillas los nombres de los jugadores o les dejan una cantidad desmesurada de líquidos y comida.

La sala de juego, ya despejada de padres y entrenadores

El árbitro ucraniano Vladimir Zaiats, residente en Cataluña y políglota, es otro de los protagonistas. Es el encargado de dar los avisos, trabajo que puede hacer en media docena de idiomas. Los saludos llega a realizarlos en veinte lenguas distintas, con ayuda de una chuleta.

Fundamental es también la labor de los voluntarios. José Luis lleva 30 años dando clases de ajedrez después de su trabajo. No ha querido perderse la fiesta. «Esto es importantísimo para Galicia», dice. «En el pasado Mundial, en Brasil, no hubo ni un español. Muchos de los que están aquí repetirán, seguro, aunque el próximo será en China. La afición arraiga». Y deja otra opinión interesante: «Para el ajedrez es más importante el que pierde y sigue jugando que el que solo se mantiene mientras gana».

También abundan los padres positivos, que animan a los chavales cuando salen de la sala, tras una derrota. Puede que la frase más repetida sea «No pasa nada». No sé si es la más adecuada, pero se escucha una y otra vez. Mientras escribo estas notas como recordatorio, una madre canadiense le dice a su hijo: «It’s normal».

Un grupo de mexicanos comentan, además de lo costoso que es el viaje, aunque les ha merecido la pena, el exceso de padres «presionantes». Ellos aseguran no serlo. Lamentan la falta de ayudas de su país (una constante, sea de donde sea el visitante). Rodrigo Ferriz, monitor y padre de un jugador, dice una de las mejores frases que escucho durante el torneo, sobre las propiedades educativas del ajedrez: «No te ayuda a ser mejor en los estudios que los otros niños, te ayuda a ser una versión mejorada de ti mismo».

P.S.: No quiero terminar sin dar las gracias a Patricia Claros Aguilar (ella es parte de los claros del título) y a Joan Gayà. Ambos parecían inagotables y estaban siempre dispuestos a ayudar y, sobre todo, de buen humor.

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