El Kamasutra del ajedrez

Publicado por el oct 25, 2010

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Que el ajedrez y la belleza no están reñidos lo demuestran desde hace años varias jugadoras del circuito, pero para aunar sexo y jaques hace falta una mente más imaginativa. Natalia Pogonina, gran maestro femenino de ajedrez (2.491 puntos Elo) e integrante del equipo ruso en la pasada Olimpiada, parece la persona adecuada. Entre sus proyectos destaca el libro «El Kamasutra del ajedrez», que esperamos con verdadero interés. En pleno Campeonato de Europa por Equipos, encontró unos minutos para responder algunas preguntas enviadas por correo electrónico. 

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Es cierto que Natalia Pogonina no es la ajedrecista mas fuerte del planeta. Nacida en Vladivostok el 9 de marzo de 1985, ocupa el puesto 18 en el ranking internacional femenino (ha llegado a estar entre las quince mejores del mundo), si bien su popularidad cotiza más alto gracias a sus evidentes virtudes y a un manejo inteligente de las redes sociales. Tiene casi 38.000 seguidores en Twitter, tuvo que abrir una segunda cuenta en Facebook tras superar los 5.000 seguidores y su página personal en internet es muy completa.

En ella explica algo de «El Kamasutra del ajedrez», que según ella enseñará a jugar mejor a partir de analogías con el sexo, ¡y viceversa! En cualquier caso, no era demasiado explícita en sus comentarios. A continuación, veamos qué nos adelanta sobre el libro:

«El texto intenta romper el estereotipo de que el ajedrez es un juego poco sexy. En mi opinión, es justo al revés. Ajedrez y sexo tienen más en común de lo que la gente puede imaginar».

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Cuando le pedimos algunos ejemplos, accede a desvelar parte de un borrador, en el que explica cómo jugar contra diferentes oponentes en función de su edad:

«Los jugadores jóvenes compensan su falta de conocimientos, experiencia y técnica con pasión, energía y optimismo. Ellos llevan una vida ajedrecística promiscua, viajando de un torneo a otro y practicando con diferentes parejas. Sus características más típicas son: impaciencia, un juego agresivo en el que intentan dar jaque mate lo antes posible (la «eyaculación precoz» es bastante frecuente) y les encantan las partidas rápidas. Un consejo clásico sobre cómo afrontar una partida frente a un joven prodigio es «los finales matan a los niños». Es vital no permitir que los jóvenes expresen su naturaleza tormentosa, conducirlos a posiciones tranquilas y aburridas que requieran un conocimiento más profundo que solo se consigue con la experiencia. Ahí es donde fallará con mayor probabilidad. Ejemplo: Tal y Botvinnik (el libro incluye más material)».

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«Jugadores maduros: Los jugadores de unos 35 años tienen un montón de energía, gran técnica y una experiencia considerable. Después de muchos intentos, ahora conocen sus posiciones y movimientos favoritos. Estudian las aperturas en detalle, aprenden más sobre el medio juego y nunca olvidan los finales. Muchos jugadores de ajedrez (especialmente los situados en la élite) están acostumbrados a determinados lugares para practicar y tienen un número limitado de compañeros con los que juegan año tras año. Como puede verse por la descripción realizada, es muy duro superar a un ajedrecista maduro. Para hacerlo, debes conducirlo al tipo de posiciones en los que no se sienta a gusto, hazle pensar duro y terminará en problemas, y vigila siempre su estado ajedrecístico y psicológico. Pero todo el mundo tiene días malos en el ajedrez y en el sexo, incluso los más jóvenes y sanos. Ejemplo: Kasparov y Kramnik (solo en el libro)».

«Los jugadores veteranos tienen una vasta experiencia, depurada técnica y grandes conocimientos. El problema es que carecen de energía, motivación, determinación y condiciones físicas. Tienen que abandonar algunas posiciones y dejárselas a sus compañeros más jóvenes, para refugiarse en otras más seguras y fiables. Por todo esto, el consejo general es: busca complicadas posiciones (los veteranos a menudo fallan en ellas) o conduce el juego por el camino más largo posible para mantenerlos «calientes»; al final ellos estarán totalmente exhaustos. Por supuesto, hay excepciones. Ejemplo: Korchnoi».

 

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Y otra analogía de regalo, gentileza de Natalia Pogonina:

«En ajedrez se utiliza una expresión: el principio de las dos debilidades. Digamos que un hombre y una chica están envueltos en un «juego de violación». Cualquiera con experiencia sabe que si el tipo intenta quitar las prendas de una en una, fallará, porque la mujer podrá protegerse sin dificultad. Naturalmente, a menos que él quiera herirla, el hombre debe intentar una aproximación más cuidadosa e intentar atacar a su compañera al menos en dos sitios a la vez. La misma idea es aplicable al ajedrez: si las fuerzas están más o menos equilibradas, puedes ganar atacando un simple objetivo, pero debes crear al menos dos debilidades para hacer una brecha en la defensa rival».

«Estos son solo unos pocos ejemplos, pero el libro está repleto de analogías de este tipo», añade Natalia.

Una vida de éxitos

Para terminar, contaremos que aprendió a jugar a los cinco años, gracias a su abuelo. «Después gané mi primer campeonato escolar de damas», cuenta. «Mi entrenador decidió que tenía talento para el ajedrez y se ofreció a darme clases». Entre sus logros, destacan sus victorias en el campeonato femenino de Rusia sub-14, el Campeonato de Europa juvenil y la medalla de bronce en el Mundial junior. En el Mundial estudiantil de 2008 también compartió la primera plaza, pero ella cree que su victoria más importante «está por llegar».

Al contrario que otros ajedrecistas, Natalia no se queja de sus ingresos como jugadora, si bien comparte la teoría de que los ajedrecistas deberían ganar más dinero: «Depende de nosotros, de la comunidad del ajedrez. Algunos grandes maestros creen que los patrocinadores les deben millones porque ellos son buenos jugando y se han pasado la vida estudiando el juego. Es un punto de vista inmaduro. Es necesario capitalizar el potencial publicitario del ajedrez como un juego inteligente, noble y emocionante, no esperar que alguien llegue y resuelva tus problemas económicos privados».

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Como cualquier ajedrecista moderna, Pogonina está acostumbrada a enfrentarse a rivales masculinos en el tablero. ¿Lo hace mejor o peor que frente a las mujeres? «Creo que igual, aunque muchos si parecen afectados cuando juegan contra mí. O bien juegan mejor, quizá por estar más motivados, o lo hacen peor… por razones obvias, añade con una sonrisa picarona (sí, puso un emoticono).

Una barrera más difícil de superar parece la obtención del titulo de gran maestro absoluto, que muy pocas mujeres han logrado. «El problema es que me resulta difícil jugar competiciones en las que es posible obtener las normas necesarias», asegura. «Incluso en los torneos femeninos más fuertes, con raras excepciones, eso no es posible, puesto que no hay suficientes grandes maestros entre las rivales. Así, mientras un gran maestro normal puede jugar entre cinco y diez torneos al año con normas, yo lo puedo hacer una o dos veces. Sin embargo, esto no tiene demasiada importancia, porque en ajedrez lo importante es mejorar de un modo absoluto, ser mejor, avanzar puestos en la clasificación. El titulo de gran maestro no me dará privilegios especiales… excepto quizás mayor respeto por parte de algunos admiradores.

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«No quiero que el póquer me distraiga del ajedrez»

Como es natural, Natalia Pogonina tiene otros intereses, además del ajedrez, aunque el juego le gusta lo suficiente para seguir dedicándose a él el resto de su vida («No soy una adicta, pero lo disfruto un montón»). Está casada y tiene un hijo, Nicolai, que pronto cumplirá un año. También tiene un master en Derecho, lo que no significa que piense trabajar en ese campo, toca la guitarra (le gusta el flamenco) y practica numerosos deportes. Juega al fútbol, baloncesto y voleibol y sale con frecuencia a patinar y a correr. También juega al póquer, como su compatriota Alexander Grischuck. ¿Lo ve como una alternativa profesional? «No, solo juego con mis amigos, como aficionada. No quiero que el póquer me distraiga del ajedrez». Ya sabemos un poco más de Natalia Pogonina y de sus interesantes teorías.

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Además del fútbol, hay otros juegos que se practican con la cabeza. Son buenos para prevenir el alzheimer y el riesgo de lesión disminuye. Ajedrez y poker ocupan un lugar preferente en este blog. Más sobre «Jugar con Cabeza»

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