El inspirador discurso de Anand

Publicado por el jun 12, 2012

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Vishy Anand, recién coronado campeón del mundo por quinta vez, volvió el lunes a Madrid (tiene casa en Collado Mediano) en representación de la multinacional tecnológica Niit. El grandísimo maestro dio un nuevo recital de humildad, ofreció una pequeña sesión de simultáneas y nos regaló un discurso inspirador, cuando contó cómo salió de su pequeña crisis contra el israelí Boris Gelfand. Los lectores del blog sabrán que aquello le costó una noche sin dormir.

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Anand, durante las simultáneas que ofreció en Madrid, por cortesía de la multinacional india Niit. Fotos: Víctor Lerena

Lo que sigue es una versión casi íntegra de la alocución de Anand en la cena posterior a las simultáneas:

«No podía explicar por qué jugué tan fatal la séptima partida. No presté la misma atención que los días anteriores. Sentí morirme. Por primera vez en el match presentí que en unos días iba a ser un excampeón. Por primera vez desde que estaba en Moscú, no pude dormir. Después de varios intentos, sobre las cuatro de la madrugada dejé de intentarlo. A las nueve, me reuní con el equipo y me dijeron que habían estado trabajando hasta las seis, pero que al final tuvieron éxito con una idea que podría plantear problemas a Gelfand. Era la primera buena noticia.

»Normalmente trabajo hasta las doce, luego voy a descansar un poco, como y hago un último repaso antes de la partida. Ese día me fui a dormir a las once, así que cambié mi rutina por completo. Me sentí muy bien al ver que mi equipo también había pasado toda la noche en vela, trabajando por mí. Significaba que no se habían rendido todavía.

»En ese momento no veía la forma de ganar a Gelfand. Pensé: tengo unos siete días antes de ser un excampeón y al menos debo salir de Moscú con la sensación de haberlo intentado todo. Más o menos por obligación, decidí jugar con cierta confianza; me dije que las cosas me irían bien y ya está.
En la octava partida, aunque Gelfand hizo otra continuación distinta a lo previsto y no pudimos utilizar la idea preparada, de repente vi una trampa con la que podía ganar.

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»Pensé que seguramente era ridículo esperar que un rival tan fuerte cayera en ella, pero hice la jugada clave; tenía que optar entre mover el rey o tapar un jaque con el alfil. A lo mejor cae en la trampa, pensé, como cuando yo era un niño y jugaba así. Me parecía inocente, pero lo hice. Me levanté a esperar y desde lejos, aunque no podía ver bien la jugada, sí parecía haber caído. Volví al tablero con el corazón a mil. De repente podía igualar el match. 

»Este punto de inflexión vino de manera tan inesperada que aprendí una cosa: en los momentos más oscuros, uno debe seguir haciendo lo correcto y mantener la fe en que las cosas salgan bien. Tuve suerte, es verdad, pero el equipo trabajó toda la noche, yo tuve fe y, aunque luego parezca muy fácil, porque gané en solo 17 jugadas con un error de mi rival, incluso en esa partida había mucho trabajo detrás. Esa noche dormí muy bien.

»Todo esto me permite reflexionar sobre la crisis que hay en muchos países, incluida España. Cuando todo parece horrible, debemos trabajar como siempre y esperar lo mejor. Si la solución viene por sorpresa, siempre será la sorpresa más agradable. La crisis puede durar más o menos, pero tenemos que hacerlo lo mejor que podamos».

Las palabras de Anand fueron el perfecto colofón a una jornada en la que pude entrevistar al genio (espero que el texto encuentre pronto un hueco en el papel) y formar parte de los doce afortunados suicidas que se enfrentaron a él en una sesión de simultáneas, con un público en el que había asistentes tan ilustres como Arturo Pérez-Reverte. El escritor, un gran aficionado, declinó sin dudarlo la propuesta obvia: «¿Jugar yo?, ni hablar».

Y como seguramente no te interesarán lo más mínimo mis experiencias, puedes saltarte las líneas que siguen, que no pongo falta.

Las simultáneas dejaron un sabor agridulce, ya que fueron abortadas en la jugada 15 por Leontxo García, maestro de ceremonias y de alguna cosa más, para evitar que se enfriara la cena. Era inevitable no sentir cierto alivio por librarnos de la matanza, pero los doce inconscientes estábamos allí más dispuestos a morir que un kamikaze jarto de sake.

Lo poco que duró el desigual choque (un número tan escaso de rivales suponían un paseo para el campeón) sirvió para comprobar que Anand es buena persona pero dispara a matar. Y lo hace muy rápido. El tipo reaparecía cada pocos segundos delante de una posición cada vez más fea sobre el tablero. Apenas tardaba en dar la vuelta completa, con lo que la presión era doble. Y jugaba con blancas, claro.

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Posición en la que se suspendió la matanza. Con Cd5, el negro casi consigue una igualdad virtual, que no real, frente a un monstruo como Anand. El enroque es un asco y mi rey sigue en el centro, pero así es esta línea absurda de la Caro-Kann

Al final, después de adentrarme en una línea de la Caro-Kann poco recomendable contra un gran maestro, no me dejé ninguna «ficha» y alcancé una posición casi decente, en la que Rybka, magnánimo, solo concede una ligera ventaja para el blanco (0.26 con una profundidad 18 de análisis, que es más de lo que profundizo yo pensando durante un mes). A día de hoy puedo decir que no hay campeón del mundo que me gane. A Spassky, eso sí, lo pillé bastante mayor y en un renuncio. Pero eso es otra historia, que ya tengo prometida de antes.   

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