El cuarentón ganó al tahúr

Publicado por el may 26, 2011

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Ambos se habían colado por la puerta de atrás en la final del torneo de Candidatos, donde no contaban entre los favoritos, con un premio impensable a la vista: retar al campeón del mundo, Vishy Anand. Después de varias tablas, el israelí Boris Gelfand (42 años) se impuso en la partida definitiva al ruso Alexander Grischuk (27), cuya carrera ha resurgido desde que reparte su tiempo entre el ajedrez y el póquer.

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Aprentón de manos entre los dos finalistas. Foto: FIDE

Boris Gelfand siempre ha sido un gran maestro de primera línea, un jugador de la vieja escuela soviética que sin embargo no había llegado nunca a lo más alto. Disputará su primera final de un Mundial a una edad tardía, en un terreno de juego donde el césped parece cortado para los adolescentes. Tiene mucho mérito su trayectoria en este torneo de Candidatos jugado en Kazán, donde hasta en la final llegaba como presunta víctima, con menos Elo que su rival (2733 frente a 2.747).

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El próximo subcampeón mundial (como mínimo), concentrado

El caso de Grischuk tampoco tiene desperdicio. Había ganado a Aronian (gran favorito) y a Kramnik (ex campeón mundial) con una estrategia que habría firmado Mourinho… o algún  jugador de poker. Él mismo. Por el camino también quedaron Gata Kamsky, en un regreso espectacular a la cumbre, y el ex campeón Veselin Topalov, todavía afectado por el Mundial que perdió.

Grischuk ha jugado al porcentaje, con algún all in espectacular en el camino. Frente a rivales más potentes, no dudaba en ceder tablas con las piezas blancas (con Kramnik llegó a hacerlo después de solo ocho movimientos, algo muy criticado) y después se agarraba a la mesa con negras, con la esperanza de sobrevivir hasta las partidas más rápidas de desempate, en las que cualquier cosa era posible. Varias veces se salvó sobre el abismo.

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Grischuk, experto en ases, damas y reyes

No está claro si calcó la estrategia del Real Madrid en la Champions o si fue idea suya, pero a Alexander no le importó nunca renunciar al ataque en casa y arriesgar solo a última hora, cuando el rival estuviera frustrado. El 0-0 siempre fue una victoria para él.

Al final, como suele ocurrir, decidieron los detalles. Gelfand confesó que tuvo mucha suerte con la elección de la apertura. Su rival se metió sin saberlo en una variante de la Grunfeld que el israelí se sabía al dedillo y llegó a tener una ventaja estratosférica en el reloj: 9 minutos consumidos frente a 69. Grischuk sacó ahí sus mejores cualidades y se la jugó al contraataque, hasta el punto de que Gelfand tuvo que reevaluar toda su estrategia y se comió 47 minutos en una sola jugada. En un final dramático y con combinaciones por todos los rincones el tablero, Grischuk llegó a tener un peón más, pero el tiempo volvió a ser su peor enemigo y sucumbió ante el gran juego de su oponente.

El año próximo veremos la final con Anand, gran favorito (y también cuarentón, aunque un año más joven), pero que nadie entierre antes de tiempo a este luchador, sorprendentemente en la cima de su carrera.

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