Anna Muzychuk jugará la Liga española y un duelo contra Karpov

Anna Muzychuk jugará la Liga española y un duelo contra Karpov

Publicado por el Feb 25, 2018

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Hay personas que destacan desde muy jóvenes. Anna Muzychuk, que no ha dejado de ganar torneos desde niña, es una de ellas, por lo que el pasado jueves participó en Madrid en el evento Mujeres que brillan. La ucraniana ha ganado tres Mundiales de ajedrez, pero hace unas semanas renunció a defender sus dos últimas títulos en el último campeonato. Se negó a jugar en Arabia Saudí, donde considera que las mujeres son «ciudadanos de segunda». Su renuncia, que se limitó a comentar en Facebook, tuvo una repercusión impensable. Antes de participar en la charla celebrada en el Círculo de Bellas Artes, concedió esta entrevista a ABC. Publico ahora una versión más amplia y con más «chicha ajndrecística». Lo más destacado son sus ataques a la FIDE, que ha fichado por un club para jugar la Liga española y que prepara un duelo de rápidas contra Karpov.

En unos días voy a perder dos títulos de campeona mundial, uno tras otro, solo porque he decidido no ir a Arabia Saudí…». Estas líneas encabezaban el escueto anuncio en Facebook de la ucraniana Anna Muzychuk, triple campeona del mundo, convertida en abanderada de la igualdad tras negarse a sentirse «una criatura de segunda». Un gesto valiente que la ha convertido en una celebridad. El jueves partició en Madrid en el evento «Mujeres que brillan».

—Seguro que no esperaba esta repercusión, pero ¿se arrepiente ahora?

—En ningún momento. Sí tuve miedo de quedarme sola, sin apoyos, porque nunca fui a la televisión ni a la prensa. Lo escribí en Facebook y de repente había 170.000 me gusta, se compartió 70.000 veces, tenía 30.000 comentarios… Siguen llegando mensajes, en privado más, algunos de países musulmanes. Cuando fui campeona no tuve esta repercusión. Gracias a esto la gente ha sabido que gané varios títulos, pero lo importante es el movimiento que puede crear. Algunos se acercan a darme las gracias. Me encanta. Me hace ver que vale la pena lo que hago. Es duro y triste perder títulos mundiales, pero mucho más triste es perder tu dignidad.

—¿Escribió sola el mensaje? Las palabras estaban muy bien elegidas.

—Increíblemente lo escribió sola—, tercia su representante, amigo y traductor, Enrique Llobell. ¿Eso con quién lo has hecho?, le pregunté. Le dije a su hermana Mariya que debería tener un asesor profesional para escribir en Facebook y ella respondió: ¿Para qué?, si ella sola ya lo hace fenomenal.

—Tuve el visto bueno de mi familia y lo lancé de acuerdo con mi hermana, que me apoya en esta decisión. Mis padres nunca influyeron. Estaban al principio un poco tristes por la pérdida de los títulos, pero siempre nos dieron su apoyo. Nunca nos obligaron a ser profesionales ni a ninguna decisión después.

—Ahora parece tener más responsabilidades que cuando era campeona.

—Soy consciente de que mis palabras van a ser oídas y de que todo lo que diga tiene trascendencia. Voy a intentar ayudar, pero sigo siendo ajedrecista, no política.

—¿Se ve danto el salto en el futuro?

—Por ahora no. Si veo la posibilidad de ayudar a la gente, podría en algún momento aumentar mi forma de enfocarlo, pero a día de hoy soy jugadora.

 

Anna Muzychuk, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Fotos: José Ramón Ladra / ABC

 

—Algunos también la han criticado, porque para las ajedrecistas de estos países es importante la apertura que supone organizar campeonatos allí.

—Arabia Saudí tiene pocas jugadoras. Es verdad que se pueden ver favorecidas de alguna manera, pero creo que mi decisión las ayudará mucho más. No hay que olvidar que es un asunto económico. La Federación Internacional (FIDE) fue allí por dinero. Me encanta que haya avances en Arabia, co­mo permisos de conducción, pero no es suficiente. No hay igualdad entre hombres y mujeres.

—¿Por qué la FIDE elige sedes como Irán y Arabia Saudí?

—Por dinero. Hay mayores premios para los jugadores y mayores beneficios para la federación. Olvidan a las mujeres y los derechos humanos.

—También excluyeron a los jugadores de Israel, que ni siquiera podían elegir.

—Estoy totalmente en contra de lo que ha hecho la FIDE con esto porque han violado sus propios estatutos, que dicen que esos torneos deben poder jugarlos la gente de todos los países.

—¿Falta unión entre las ajedrecistas?

—En Arabia Saudí a las jugadoras les dieron un documento en el que decían que habían recibido un trato excelente. Las alojaron en una suite, las llevaron a restaurantes de lujo, las trataron muy bien y luego les pedían que firmaran. Muchas aceptaron, pero hay que recordar que un 40% de la élite masculina no acudió y varias mujeres tampoco. Hubo más renuncias masculinas porque los hombres tienen más torneos y mejores premios. Este era una excepción para las mujeres. Cuando gané el último Mundial recibí ocho veces menos de lo que han dado ahora. En este caso hablamos de un millón y medio para los hombres y medio millón para las mujeres. Eran premios desorbitados y hay que ponerse en el papel de las otras chicas. Yo siempre he respetado las decisiones de todas. Nunca las he criticado. Es comprensible que con tanto dinero y con menos competencia era una gran oportunidad.

—Ahora no para de dar conferencias. 

—Tengo solicitudes de muchos sitios del mundo. Solo en España ha pasado por Cantabria y tenemos ofertas en Asturias, Bilbao, Tarragona y  Mallorca.

«Jugaré la Liga española en el
club Solvay, de Cantabria, siempre
que no coincida con el Mundial»

 

—¿Por qué tiene tanto éxito en España?

—Mi hermana juega para un equipo en Valencia. También jugué allí un evento que tuvo mucha publicidad, en el que participaron las mejores ajedrecistas del mundo que no habían ido a Arabia Saudí. Vino la campeona mundial juvenil, Laura Unuk; la francesa Cecile Haussernot; la campeona de España, Sabrina Vega; y Marta García, una de las mejores de su edad. A raíz de eso muchos periódicos empezaron a llamar y a pedir entrevistas. El torneo fue un éxito y además ahora voy a jugar con el club Solvay, de Cantabria, siempre que la Liga española no coincida con el Mundial o el Europeo.

–Tener una hermana que también ha sido campeona del mundo es un lujo. ¿Aprovechan para entrenar juntas?

–Sí, y nos ayudamos. Muchas cosas que hacía yo de pequeña sirvieron para que mis padres comprobaran lo que funcionaba. Pero no queremos rivalidad entre nosotras, Cuando nos toca jugar juntas no arriesgamos. Tampoco pactamos tablas. En Valencia hubo momentos en las que tuve que pensar muy bien la jugada porque sabía que si cometía un error, mi hermana no me iba a perdonar.

—¿Cómo recuerda su infancia y sus primeros pasos en el ajedrez?

—Mis padres son entrenadores de ajedrez, pero cuando eres pequeño no puedes entrenar seis horas, obviamente. Sabían hacerlo de manera gradual, que te sintieras atraída por el juego. Cuando era más joven tampoco podía entrenar tanto con mi hermana porque dos años a algunas edades son un abismo. Poco a poco se fue igualando conmigo.

—Nunca las sacaron del colegio, como a las hermanas Polgar.

—Siempre hemos defendido ir al colegio. Yo estudié en la universidad de Deporte. Pudimos combinar el colegio con el ajedrez, aunque a veces nos saltábamos clases. Pero las Polgar son admirables. Judit es un modelo.

—Ella solo quería jugar contra hombres, como Hou Yifan.

—Yo también quiero jugar más contra hombres para mejorar y, de hecho, nos han propuesto un duelo muy interesante contra Karpov. Ganó a Yifan (número uno entre las mujeres) en ajedrez clásico, pero nosotros jugaremos partidas rápidas y ahí tengo posibilidades, aunque él es favorito. Sería competir con un campeón mundial que sigue aguantando a muy buen nivel. Es sorprendente sobre todo el toque que mantiene y en las rápidas también.

—¿Llegaste a pasar malos momentos o era tan buena desde pequeña que todo fue fácil?

—He pasado muchos momentos de presión y de fracaso en los que he entrenado muy duro sin lograr los resultados esperados. Lo que hacía era tratar de aprender de los errores. Volvía a casa, repasaba las partidas, comprobaba los errores y esos fracasos me ayudaron luego a mejorar y ser campeona mundial

 

«Animo a los niños y a las niñas a jugar
porque el ajedrez te enseña muchas cosas,
como ser más disciplinado, mejorar
la concentración y la memoria,
te ayuda en el cálculo, a tener
mas creatividad…
»

 

—¿Te gustaría que tus hijos también jugaran?

—Lo que quiero es que mis hijos aprendan los valores del ajedrez, que aprendan a jugar para ver si les gusta, solo eso. Pero no tengo en mente que sean profesionales del ajedrez, sino que aprendan sus valores.

—¿Es realmente bueno jugar al ajedrez para los niños?

—Yo animo a los niños y las niñas a jugar al ajedrez, porque es un juego muy interesante, que te enseña muchas cosas buenas: ser más disciplinado, a mejorar la concentración y la memoria, te ayuda en el cálculo, a tener más creatividad…

—Es una pregunta tópica, pero ¿cuándo jugarán igual hombres y mujeres?

—Siempre hubo más entrenamientos y recursos para los hombres y en ajedrez es muy importante la resistencia. Entreno una hora y media mi estado físico tres o cuatro días a la semana y mis resultados han mejorado. Los hombres tienen ventaja en las partidas largas y en los torneos largos, y no solo en ajedrez clásico. En un torneo de rápidas puedes jugar quince partidas en un día. Necesitas esa resistencia física que te hace estar en forma y concentrado en los momentos clave. Por eso Carlsen también entrena muy duro. Es importante que haya torneos femeninos y se cuide el ajedrez femenino. Aún es importante que haya torneos femeninos, pero esa tradición se está limitando. Espero que cada vez se jueguen más partidas entre mujeres y hombres.

–Jugó una década representando a Eslovenia. ¿Fue una época difícil?

–Sí. Jugué desde 2003, durante diez años. Pasó porque tuve problemas con la federación ucraniana. Entonces tenía 13 años y gané el campeonato de mi país, donde el ajedrez tiene un nivel muy alto, con varios campeones Mundiales, como Ivanchuk, Ponomariov, Ushenina, mi hermana y yo. En 2004 había Olimpiada y yo debía estar en el equipo, pero dijeron que había ganado el campeonato quizá con suerte, por una coincidencia (ganó todas las partidas, salvo unas tablas), que se habían alineado los astros. Me recomendaron que jugará el campeonato juvenil. Lo hice y también gané. Entonces dijeron que era verdad que yo era buena, pero que tenían demasiados problemas y yo, demasiado joven.

–Qué tenían contra ti?

–No sé qué tenían contra mí, quizá compromisos con otros jugadores. Me dijeron que iría a la Olimpiada pero luego se echaron atrás. No solo no me apoyaban, sino que incluso me impedían jugar al ajedrez. Yo hice todo lo posible y la Federación, al verme demasiado joven, tuvo miedo de llevar a una niña, aunque fuera la mejor de mi país. No me quedó más remedio que jugar en otro. Con el tiempo, y con los resultados, se dieron cuenta de que me necesitaban y volví a jugar con Ucrania. Siempre quise hacerlo. Incluso seguía viviendo en Ucrania cuando jugaba para Eslovenia.

 

«Jugué diez años para Eslovenia
porque mi Federación no solo
no me apoyaba, sino que me impedía jugar.
Al verme demasiado joven, 13 años,
tuvieron miedo de llevarme
 a la Olimpiada»

 

–¿Te ves jugando muchos años o haciéndote entrenadora?

–De momento solo pienso en el ajedrez, sobre todo. Tiene la ventaja de que puedes estar más tiempo que en otros deportes. Pierdes memoria o capacidad de cálculo, pero mejoras en comprensión estratégica y en los próximos cinco años seguiré jugando seguro. He tenido algunas experiencias entrenando, y también me gustan, pero es muy difícil predecir el futuro.

–Si no existiera el ajedrez, ¿a qué te dedicarías?

–Me gustan mucho los idiomas y las relaciones internacionales. Entiendo alemán, croata, ucraniano, ruso, inglés y esloveno. Y estoy pendiente de aprender el español. Los idiomas me encantan. Poco a poco estoy aprendiendo muchas palabras en este tour por España.

–¿Hacia dónde va el ajedrez como espectáculo?

–Está cambiando mucho respecto a lo que era hace años. Antes había partidas que se jugaban por correspondencia y podían durar un mes. Ha ido cambiando y los ritmos se han ido acelerando. La gente pide más partidas, más jugadas, no quieren ver a Carlsen pensando durante una hora, y la televisión tampoco. La gente quiere momentos de tensión, en los que el tiempo apremia y los jugadores deben  decidir en poco tiempo, aunque no hagan la mejora jugada. También hay que tener en cuenta que el ajedrez tiene muchos empates en partidas largas, pero en las más cortas el resultado es más impredecible. Es más espectacular, y ajedrez también se está modernizando.

–¿Teme al peligro de las trampas con ayuda tecnológica?

–No hay trampas en el ajedrez de élite, solo en torneos menores. En el de élite nos pasan detectores e incluso nos dan un bolígrafo determinado, no podemos llevar el nuestro. Está todo controlado.

–Pero en unos años a lo mejor llevamos lentillas inteligentes o nos implantan un chip.

Igual que habrá eso, esperemos que haya métodos para detectarlo.

–¿Cómo es la vida deun ajedrecista profesional? Seguro que la gente no imagina la dureza. 

–Entreno seis horas y media a diario, más el físico. Luego tengo muchos viajes, unos veinte año año.

–¿Entrena todos los días, sin descansar los fines de semana?

–Todos los días, solo para cuando viajo.

–¿Le parece normal que los ajedrecistas pasen controles antidoping?

–Ningún jugador profesional ha sido detectado haciendo trampas con esto. Se pasan controles porque la federación quería o por seguir cierto protocolo. Sí se han detectado sustancias como demasiada cafeína.

–Creo que se hizo para intentar que el ajedrez fuera deporte olímpico.

–Sería muy bueno para el ajedrez y a todos nos encantaría. Hay alguna posibilidad. Ha estado cerca algunas veces y puede llegar a volver a estarlo.

 

 

 

 

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