Europa pierde otra oportunidad

Europa pierde otra oportunidad

Publicado por el feb7, 2017

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Dicen quienes han seguido sus intentos por alcanzar la paz con Israel que los negociadores palestinos no pierden nunca una oportunidad de dejar pasar una oportunidad. Sea o no así en el caso de los palestinos, no hay duda de que lo es en el de los líderes europeos, como ha acreditado, por enésima vez, la reciente cumbre de la UE en Malta.

En un mundo convulsionado por la irrupción del nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, convencido de la necesidad de un repliegue nacionalista de su país, los estados miembros han sido incapaces de dar un paso al frente para reafirmar el papel global de Europa y plantear una respuesta firme a las decisiones incendiarias con que Trump ha comenzado su mandato. Mientras chinos y rusos se afanan en ocupar el vacío que dejará un Tío Sam decidido a recluirse en su rancho de Arizona, los europeos han reaccionado como casi siempre, desde la tibieza y el cortoplacismo propio de mercaderes que los caracteriza. Salvo por las declaraciones de Hollande, que clama desde el desierto de su descrédito por un mínimo concierto y altura política, el cálculo y la cicatería han presidido las reacciones de un club cuyos miembros no son capaces de ver su tremenda importancia.

Y así, una vez más, mientras Occidente mira a Europa en busca de alternativas al provincianismo xenófobo de la nueva administración estadounidense, se encuentra con que el gigante económico que es la UE se niega a comportarse como el gigante político que podría ser.

El empecinamiento europeo en no aceptar su potencial relevancia resulta asombroso, a la par que contraproducente. Solo ahora que Trump ha amenazado con dejar de sostener a la OTAN, empiezan los dirigentes comunitarios a balbucear que es necesaria una defensa europea. Han tenido que pasar años de yihadismo, ha tenido que arder el Magreb, partirse en dos Ucrania y quedar Siria reducida a escombros para que potencias como Alemania lleguen a la conclusión de que las amenazas son tantas, dentro y fuera de nuestras fronteras, que quizá sería conveniente pertrecharse para el día en el que al primo de Zumosol americano se le acabe la paciencia y deje de financiar el paraguas militar de una civilización a la que sus gobernantes no entienden más que como un bazar.

La defensa, como saben quienes trabajan en este estratégico sector, se construye con mucho más que armamento y tecnología. Hace falta inversión en inteligencia, acción diplomática, presencia cultural, etc. En resumen, medios humanos y materiales orientados por una dirección política clara. Nada concebible en el panorama europeo actual, por lo que es previsible que al final todo quede en un nuevo reparto de cargas en la Alianza Atlántica, y unos pocos y dispersos proyectos europeos al estilo Eurofighter o Eunavfor.

Mientras, en Moscú, Putin aguarda a ver en qué se traduce en las relaciones bilaterales el cambio de inquilino en la Casa Blanca. El tono cordial de los mensajes que se han cruzado entre Washington y el Kremlin insinúa una nueva era de entendimiento. El presidente ruso, perro viejo, tiene aquello de lo que carecen sus homólogos europeos: estrategia y determinación. Lo que no tiene son escrúpulos, pero ¿de qué sirven los de los europeos, si no están decididos a defender sus principios en el tablero mundial?

Europa se resiste obstinadamente a aceptar que es una potencia. Tristemente, va así camino de dejar de serlo.

 

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