La posverdad y otras palabras del año que nos dejó sin palabras

La posverdad y otras palabras del año que nos dejó sin palabras

Publicado por el Dec25, 2016

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Termina 2016, un año en el que pasaron un montón de cosas inimaginables hace doce meses. El triunfo de Trump, el Brexit, los atentados de Daesh, el auge de la extrema derecha en Europa… Ha sido el año de las noticias inusitadas. También del retorno de conceptos que creíamos superados y de la aparición de otros nuevos.

Les invito a repasar las palabras del año que nos dejó sin palabras.

Muro: En 1989, cayó el de Berlín y hubo luminarias con ansia de superventas que se lanzaron a proclamar el fin de la historia. En 2016, un extravagante constructor neoyorquino del que constan sus antecedentes de acosador sexual, se convirtió en presidente electo de los Estados Unidos con la promesa de levantar uno enorme en la frontera con México. Así fue el tránsito de la humanidad en estos tres decenios: de derribar los muros que cicatrizaron un mundo bipolar a entregarse a las estultas recetas de un histrión cuyo aval consiste en haber ido contra todo y contra todos. Es el precio a pagar porque la globalización no significara otra cosa para los obreros estadounidenses que la deslocalización de las industrias que pagaban sus salarios.

Daesh: En el tercer año de califato terrorista, la prensa ortodoxa le cambió el nombre al engendro. De Estado Islámico de Irak y Levante, a Estado Islámico, y de ahí a Daesh, que, por lo visto, es peyorativo y molesta a sus fieles. Frente a la brutal embestida que ha llenado las calles de París, Bruselas o, más recientemente, Berlín de cadáveres, la gran respuesta europea ha consistido en esta temible contraofensiva nominal. Así reacciona un continente acongojado y declinante que avanza decidido hacia la irrelevancia. Por cierto, que los medios anglosajones, de lo poco que nos queda a los que todavía anhelamos un mundo ilustrado, se resisten al cambio y siguen hablando del ISIS. Para la BBC, la ETA nunca dejó de ser una «banda separatista vasca».

Referéndum: En una era en la que la humanidad se ha convencido de que la cosa pública debe gobernarse, igual que la clasificación de restaurantes en Trip Advisor, a golpe de clic, la consulta vinculante a la masa soberana sigue en boga. En 2016 se confirmó la tendencia de que el electorado no deja pasar oportunidad para un buen corte de mangas a las élites rectoras, poco importa a cuento de qué. Este año la rabia popular acabó con líderes tan rutilantes como David Cameron o Matteo Renzi. El más avispado fue el colombiano Juan Manuel Santos, que con su paz con las FARC descubrió que la única manera de sobrevivir a un resultado indeseado era ignorándolo, y se llevó de propina un Nobel.

Posverdad: La palabra del año para los académicos del Oxford Dictionary. En España la hemos traducido mal para variar, porque en realidad es un adjetivo. El caso es que resume un tiempo en que lo verdadero ya no es lo que ocurre, sino lo que se dice. Así, la guerra por la reputación y la información se ha convertido en frente virtual prioritario y el éxito acompaña a quienes desprecian con más descaro la veracidad o la palabra dada. Como Trump o los promotores del Brexit. Antes de la posverdad, para triunfar a lomos de la falsedad hacía falta cinismo, una postura que requiere cierta brillantez. Ahora ya, ni eso. Los sofistas de hogaño ni siquiera dominan la retórica o la persuasión, les basta con el tuit oportuno sobre la víscera adecuada.

Refugiados: Y mientras la oscuridad envuelve Occidente, miles de víctimas de la guerra y el terrorismo peregrinan hacia una Europa en la que Merkel resiste como última baliza de la sensatez. Amortizado el ominoso Hollande, la canciller alemana esquiva los aspavientos incluso ahora que afronta una nueva carrera electoral. Su gran problema es que acciones aisladas aunque sangrientas como la del tunecino Anis Amri en un mercado navideño de Berlín ceban a la extrema derecha y eclipsan el dolor de las miles de familias decentes cuyo único delito es el de buscar un lugar donde vivir lejos de las bombas. Merkel no puede arreglar lo de Siria y con Trump en la Casa Blanca hay razones para temer que Oriente Próximo se desestabilice más aún. O sea, que refugiados habrá, como muertos, para rato.

 

En Twitter: @golmo

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